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El Carolino y su valor histórico

· diciembre 8, 2017

Ismael Ledesma Mateos

En 1578 se fundó el Colegio del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús y cuando Carlos III expulsó a la orden jesuita de todo el imperio español el magnífico edificio, junto a la iglesia de la Compañía de Jesús se llamó Real Colegio Carolino por el nombre del rey. Esa denominación perduró por siglos, hasta la fecha. Si uno toma un taxi llegando a Puebla y dice: “Lléveme al Carolino”, no existe ninguna duda, se trata de un sitio emblemático de la ciudad. Se puede decir que ha sido una institución educativa de gran trascendencia. Entre sus profesores estuvo el gran jesuita Francisco Javier Clavijero, antes de la expulsión. Al darse la Independencia de México, su nombre cambió a Colegio del Espíritu Santo del Estado y luego a Colegio del Estado, para dar lugar a la Universidad de Puebla y luego a la Universidad Autónoma de Puebla.

El edificio fue construido en varias etapas, como puede verse en sus diferentes estilos arquitectónicos. La más antigua es el primer patio; años después se edificó el segundo patio y finalmente el tercer patio, que incluye un piso intermedio que se llaman las Catacumbas. Luego de la toma de Puebla durante la invasión francesa en 1863 Porfirio Díaz estuvo preso en el Carolino, utilizado como cuartel y prisión. De ahí se fugó el 20 de septiembre de 1865, valiéndose de una serie de sábanas amarradas, a manera de un cable que amarró a la estatua de San Antonio, en la azotea del tercer patio. Como dice Enrique Krauze: “Díaz era el maestro de la fuga y escape”. Cuando yo estuve en una situación de alto riesgo en el Carolino (cuando se dio el complot para correrme de la UAP), donde quizás hubiera sido asesinado, recordé la fuga de Díaz y me dije: “Don Porfirio ilumíname”, y ¡logré escapar! Por ello, de las primeras cosas que hice en París, cuando llegué a trabajar ahí en el año 2000, fue visitar su tumba en el Cementerio de Montparnasse y llevarle una ofrenda floral.

El Padre Ubú tomó el poder de una manera abrupta, en un golpe de Estado, no combatiendo en una guerra, como fue la invasión francesa a México. Para él las cosas fueron más fáciles, “aterciopeladas”, lo que favoreció su autocracia, cosa que ocurre con quienes no han tenido dificultad de llegar al poder, que no lo valoran en toda su dimensión existencial. Para Ubú, su palacio carece de una historia heroica, a diferencia de el Carolino, lugar emblemático, como dije, cuna de una de las instituciones educativas más importantes de la nación.

Cuando era adolescente y entré a la secundaria mi tía Lulú me llevó a conocer el Carolino. Quedé impresionado de su grandeza, su majestuosidad: un verdadero palacio. Mi maravilló ver un muro pintado con la imagen del Che Guevara, era la época en la que el Partido Comunista Mexicano había tomado el control de la universidad. Y bueno, yo estudie en la Preparatoria Diurna Benito Juárez, pero tenía que ir frecuentemente al Carolino, y tuve la fortuna de trabajar ahí como asesor del rector Alfonso Vélez Pliego y luego fundar la Escuela de Biología, que se estableció precisamente en el tercer patio, en los antiguos laboratorios de la Escuela de Química y luego de la Preparatoria Popular Emiliano Zapata, que fueron remodelados por mi amigo el arquitecto Ambrosio Guzmán para ser nuestros laboratorios.

Tuve la satisfacción de dirigir seis años la escuela que fundé en ese tercer patio del Carolino, usar las Catacumbas como aulas y oficinas para los profesores, así como las aulas en la planta alta, el laboratorio al que se puso el nombre del primer biólogo mexicano, el Dr. Enrique Beltrán, y utilizar el extraordinario Salón Barroco para las conferencias que con frecuencia realizábamos, así como mis informes de gobierno como director. Ese Salón Barroco, que fue la capilla de San José del Colegio del Espíritu Santo y que al darse la supresión de los cultos, luego de la Guerra de Reforma, en un acto maravillosamente simbólico se convirtió en el Gabinete de Física, donde se instalaron instrumentos de lo más avanzado para la ciencia de la época. De hecho, en el primer patio fue uno de los primeros lugares —si no el primero— donde en México se usó la iluminación eléctrica durante una fiesta, y esa luz fue generada en el Salón Barroco.

Yo nunca quise que la Escuela de Biología estuviera en Ciudad Universitaria, me encantaba que estuviera en el Carolino. Imagínense subir todos los días la “escalera de los leones”, en ese lugar majestuoso para llegar a mi oficina o a mi salón de clases a trabajar. Ese lugar cuatricentenario, con toda su historia. En efecto, la Escuela de Biología fue la última escuela universitaria que estuvo en el Carolino, donde antes de que se hiciera CU estuvieron casi todas. Escenario de conflictos, de balaceras, de acontecimientos violentos, y de eventos académicos memorables, el Carolino es el corazón y el cerebro de la Universidad Autónoma de Puebla.

En mi opinión los edificios antiguos, como el Carolino, deben preservarse con vida activa, no como museos ni centros de convenciones, algo en verdad muerto. No hay como el bullicio, las risas y carcajadas de los estudiantes, jóvenes, vivaces, con esperanzas e ilusiones. Recuerdo un anuncio de campaña de Lula da Silva en Brasil, donde una pareja de jóvenes se besaban y el eslogan decía “Vota por Lula, sam medo de ser feliz”, también dicho en una canción de Chico Buarque con otros. Yo me inspiré en ello, y en mi campaña por la rectoría de la UAP en1993 (nunca diré BUAP), realizamos un spot de televisión, donde en las escaleras que llevan al segundo patio de el Carolino, junto a la entrada de la extraordinaria Biblioteca Lafragua, bajaban estudiantes con sus libros y libretas y un pareja de jóvenes de besaban, pensando en lo mismo: “sin miedo de ser felices”, pues para ello es la universidad. Y se decía además: “La universidad es una institución, dedicada a la generación, transmisión y empleo del conocimiento, en un régimen de libertad y autonomía; no es una institución para el poder, sino para el saber”. Es lo que quería para mi universidad.

El Carolino es un símbolo de la cultura, del conocimiento, de la ciencia. Ahí estuvo un observatorio astronómico, y donde se ubicó la Escuela de Biología años antes estuvo la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas fundada por quien luego fuera rector, el ingeniero Luis Rivera Terrazas, así como la Escuela de Ciencia Químicas, que dirigió el químico Sergio Flores Suarez, el primer rector comunista de la UAP. Cuando era muy joven, tuve la oportunidad de ser consejero universitario alumno por la Preparatoria Benito Juárez, ubicada en San Manuel y proyectada por el Dr. Jesús Lara y Parra, quien fue su director y era mi médico, el que me curó del asma que me aquejaba de niño y adolescente. Las sesiones del Consejo se realizaban en el bello salón Paraninfo en ese palacio que es el Carolino. Ahí comencé a aprender lo que es la política en acción.

Por ello me indigna el rumor de que ese monumento cuatricentenario podría ser privatizado o puesto en comodato con alguna empresa privada. El 18 de noviembre recibí una nota titulada: “La ultraderecha en el Salón Paraninfo de la BUAP”, del Dr. Carlos Figueroa Ibarra, que nos dice que algunos profesores estudiantes del posgrado en sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” “asistieron a la presentación del libro El engaño populista, de la ultraderechista guatemalteca Gloria Álvarez. El evento había sido convocado por la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la universidad, aunque en realidad dicha dependencia había alquilado el Paraninfo a una empresa privada, la que organizó la visita de esa sátrapa. Como dice el Dr. Figueroa, la presentación “fue la repetición de lugares comunes neoliberales y anticomunistas, ajenos a cualquier rigor académico. A esto hay que agregar que terminó su disertación con ataques a Andrés Manuel López Obrador y a Morena”. Después dela conferencia, el Dr. Giuseppe Lo Bruto y el Dr. Figueroa hicieron uso de la palabra para rebatir las superficialidades de la expositora.

El público era en su mayoría estudiantes de la UPAEP y representantes de la ultraderecha venezolana. Es vergonzoso que estos acontecimientos ocurran en una universidad que en los años setenta y ochenta se proclamó como “crítica, democrática y popular” y ahora rente sus espacios emblemáticos para eventos del más bajo nivel. Esto es algo sin lugar a dudas inaceptable. Como señala el Dr. Figueroa, es una muestra del grado de regresión y descomposición a la que han llevado los últimos rectorados, como el que actualmente detenta Esparza.

El abandono del Carolino, parece algo inminente, representa la concreción del odio a la UAP, para ser “BUAP”, una institución ajena a sus convicciones libertarias y de izquierda, el fracaso de la Reforma Universitaria. Ésa es la triste historia. La idea aberrante de hacer una “Torre de Rectoría” en Ciudad Universitaria es parte ese proyecto orientado a la destrucción de la UAP. Cuando el gran Rector el Dr. Manuel Lara y Parra planeó la creación de la Ciudad Universitaria, jamás pensó en ubicar ahí a la rectoría, la cual debía estar por siempre en el Carolino, en ese predio donado por el Marqués de Covarrubias, para dedicarlo a la educación y la cultura. Privatizarlo, venderlo o ponerlo en comodato, es un asalto a la razón. Un crimen antiuniversitario.

Algo tan infame y vil sólo podría ser producto de la mente perversa del Padre Ubú, aunque me atrevo a pensar que no sería capaz de algo tan atroz y aberrante.

¡Vamos a interrumpir aquí!

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