Ismael Ledesma Mateos
En su teoría sobre el alma tripartita, Platón sostiene la idea de que el cuerpo humano es regido por un alma constituida por tres componentes: un alma inmortal y buena, serena rectora de la vida, la cual se encuentra confinada en el cabeza, mejor dicho, en el cerebro; un alma mortal y mala, dividida en una mejor y otra peor: la mejor se encuentra confinada en el tórax e implica la pasión y el valor, representa el alma guerrera; en tanto que la peor, la más baja se encuentra localizada en el abdomen: “[…] La parte del alma que posee el apetito de comer y beber y de todo aquello que naturalmente el cuerpo tiene necesidad. Los dioses la han situado en la región que se extiende desde el diafragma y que está limitada por el ombligo […] allí han sujetado ellos esta parte del alma, como un bruto animal a quien hay que alimentar bien si la especie mortal humana tiene que seguir viviendo”.
Esa parte del abdomen sería “el bajo vientre”, donde Platón ve a hombres exclusivamente interesados en estar comprando y vendiendo, exhibiendo la avaricia y la codicia, y aunque se refiere a comerciantes del pueblo, esto bien puede ser aplicado a comerciantes multimillonarios como el inmundo aspirante republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump.
Con una fortuna de 9 mil millones de dólares —según Forbes—, uno de sus negocios más lucrativos ha sido la franquicia Miss Universo, que le ha dado gran visibilidad. Ello lo ha animado a buscar la candidatura republicana y en su anuncio de ello, el 16 de junio afirmó: “Cuando México envía a su gente no envían a los mejores. Envían gente que tienen muchos problemas.” Los inmigrantes mexicanos “traen drogas, crimen, son violadores, y, supongo, que algunos son buenas personas”.
Seguramente entre esas “buenas personas” se encuentra Ximena Navarrete, Señorita México que llegó a ser Miss Universo y ahora es una empleada incondicional de Trump, al extremo de no hacer ninguna declaración transparente respecto los abyectos comentarios de su patrón. Navarrete, como cortesana de la peor ralea, no puede criticar a su amo puesto que “la ha tratado muy bien”, además de que “no le queda el saco de las declaraciones que hizo” (ella cree que no es “inmigrante”). Efectivamente, hay diferencia entre una mujer que ha sido criada como animal en cautiverio para exhibición y los miles de sinpapeles que, como dijera Eduardo Galeano, se han cansado de esperar.
En un mundo que no necesita muros, Trump pretende blindar la frontera para impedir el acceso a los trabajadores mexicanos, gracias a los cuales se mueve buena parte de la economía de ese país y que, por cierto, no son enviados por México sino obligados a salir de él por las circunstancias producto de los malos gobiernos que ha sufrido y sufre nuestro país.
Pero ¿quién se ofende con los berridos de ese animal? Trump es producto de la derecha conservadora, un esclavista trasnochado e ignorante. Sus gritos nada afectan, porque no es nadie frente a la dignidad organizada de los miles de migrantes y militantes demócratas que habitan en su propio país. Si Trump ha subido en las encuestas, quedando abajo del otro conservador, Jeb Busch, es sólo estrategia, compra de los medios de comunicación.
Este engendro del mal es la encarnación de la política platónica del bajo vientre, del lucro con las pulsiones carnales, de la perversión de la belleza y su comercialización. Sin duda, Trump es un orgulloso discípulo del Padre Ubú o quizá su encarnación, en tanto que Ximena Navarrete bien podría ser la codiciosa Madre Ubú, para la que la fatuidad y el dinero son los genuinos valores, en vez de la dignidad y el honor.









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