Ismael Ledesma Mateos
¿Qué es un complot? En los diccionarios se le define como una “conjura o conspiración de carácter político o social; confabulación entre dos o más personas contra otra u otras; trama, intriga; acuerdo secreto entre varias personas con el fin de deponer al poder establecido. El complot es un elemento omnipresente en la historia, pudiendo contar con innumerables ejemplos y de igual manera aparece en la literatura y en el cine. Se trata de algo que sin duda no debe soslayarse.
El gran sociólogo francés Luc Boltanski publicó recientemente un nuevo libro, Enigmas y complots. Una investigación sobre las investigaciones (FCE), donde “como todo un detective crítico y suspicaz, coloca la lupa sobre las contradicciones inherentes a la labor de organización y unificación de una realidad estable, para una población y sobre un determinado territorio, a cargo de los estados-nación liberales y democráticos de finales del siglo XIX y principios del XX”. El autor observa la construcción de la realidad a cargo de las ciencias sociales y las literaturas inglesa y francesa.
Es relevante que un gran sociólogo como es Boltanski retome el tema del complot, tan denostado por visiones ideológicas que llegan incluso a burlarse de lo que llaman con sorna “la teoría del complot”, lo cual tiene que ver con hechos que se considera han ocurrido como consecuencia de una conspiración “históricamente demostrada”, con el concierto de diversos actores, que son simplemente explicados como debidos a conspiraciones o “complots”, usando sólo el término sin darles sustento. Eso ha llevado a que algunos, al referirse a la teoría de conspiración, generalmente lo hacen para resaltar una supuesta falta de “justificación epistémica” adecuada para una explicación, tal como ha explicado el filósofo estadounidense Brian L. Keeley. Las teorías de la conspiración o del complot son consideradas en general, por su carácter de explicación “alternativa” a las “oficiales” o a la ofrecida por las autoridades, y evaluándolas como especulativas, falsas o intencionadas por motivos no lícitos.
Sin embargo, un complot puede conducir a un conflicto como una de sus consecuencias. Se trata de una categoría diferente pero ligada a ella, que es estudiada por medio de la teoría del conflicto social, donde destacan varios autores, como Stephen Robbins, quien sostiene que un conflicto es: “Un proceso que se inicia cuando una parte percibe que otra la ha afectado de manera negativa o que está a punto de afectar de manera negativa, alguno de sus intereses”; o como Lewis A. Coser, para quien el conflicto social es una lucha por los valores y por el estatus, el poder y los recursos escasos, en el curso de la cual los oponentes desean neutralizar, dañar o eliminar a sus rivales. Un conflicto será social cuando transcienda lo individual y proceda de la propia estructura de la sociedad. De acuerdo a varios autores clásicos, como Maquiavelo, Marx, Lenin o Gramsci, la esencia del conflicto es el poder.
Regresando a Boltanski y al complot, como señalan Vanesa Lio y Martin Urtasun (de la Universidad Nacional de la Plata), “se despliega, a su vez, en vinculación con tres campos disciplinares: la psiquiatría, con la invención de la paranoia como nueva enfermedad mental estrechamente vinculada a la investigación; las ciencias políticas, que al desplazarse del plano psíquico al social toman por objeto la conjura y las teorías de la conspiración; y la sociología, en su búsqueda de formas específicas de causalidad. Reapropiada especialmente por las ciencias políticas, la paranoia funciona como una herramienta crítica que se utiliza desde posturas liberales contra un “estilo político” presente tanto en los extremismos de izquierda como de derecha. Más allá de las inconsistencias que encuentra en dichos planteamientos, Boltanski señala la fuerza que ha tomado el rechazo conjunto a la paranoia y a las “teorías del complot”. En las ciencias sociales se convierte en una forma de sustento de algunos tipos de complot, como señala en el libro antes dicho. Con el uso de esta figura —que será retomada por la ciencia política— “se confronta una realidad aparente pero ilusoria con una realidad real pero oculta. La obsesión paranoica, casi patológica, por la develación de lo oculto, será característica del investigador social y la búsqueda de causalidades en el laberinto de la sociología moderna”.
Estas consideraciones deben ser tomadas en cuenta en el marco de la condición actual de México, donde se afronta un acoso mediático en contra del gobierno de la República, acoso que busca en todo momento fomentar la paranoia entre la sociedad, lo que en términos claros y llanos sugiere un complot. Se trata de algo indignante: periodistas y comentaristas en televisión no dejan de deslizar comentarios adversos al nuevo régimen o presentar las noticias de una manera tendenciosa, opacando logros y resaltando equivocaciones, cosa que difícilmente hacían en sexenios anteriores. Antes lo que cuestionaban era al candidato opositor más fuerte: AMLO.
Un extremo puede verse con varios de los columnistas de El Universal, donde pareciera que su función es generar una atmósfera adversa al gobernante de México y sus políticas. Y no se diga de los comentarios de los lectores, plagados de ofensas, que parecieran realizados por robots, pues incluso sus redacciones e injurias son similares, o comentarios en redes sociales o memes truqueados con falacias como la imagen del hijo de López Obrador en el Superbowl.
Hay programas expresamente diseñados para el ataque, tal como Tercer Grado, de Televisa, que semana tras semana arremete contra el presidente López Obrador o bien Es la Hora de Opinar, también de Televisa, donde intelectuales neoliberales, en un supuesto ambiente de discusión y debate cuestionan en todo momento las acciones instrumentadas por el nuevo gobierno y su discurso, arropados por sus grados académicos y sus publicaciones. Se trata de cortesanos del anterior régimen que buscan mermar la credibilidad del actual, lo que pareciera un complot, que espera desembocar en conflicto, para lo cual alienta la paranoia, lo que sin duda es un componente útil.
¿Se puede pensar en tanta perversidad? Pues tontos no son, pero lo que los mueve en algunos casos debe ser la cerrazón ideológica, otros intereses materiales, o ambos. El viernes 8 de febrero de este año en Es la Hora de Opinar el conductor titular del programa, Leo Zuckermann, acompañado por Julio Patán, conversaron con Héctor Aguilar Camín a propósito de su nuevo libro, Nocturno de la democracia mexicana, donde luego de abordar diferentes facetas de la historia del país —según comentaron; yo no he leído el libro— el autor comienza a tratar aspectos del México del siglo XX.
Me llamó por demás la atención que, después de hacer comentarios sobre diversos sexenios, se refieren a “la democracia” (¡como si fuera una etapa de periodización histórica!), que ellos entienden como los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. ¿Qué? Es inconcebible tal atrocidad conceptual, ¡ahora resulta que la democracia no es un sistema político, ni un régimen basado en principios que a su vez se basan en el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, sino en una etapa en que gobernó la derecha! En efecto, los regímenes priistas fueron antidemocráticos en diversos grados, pero eso no significa que a partir del 2000 pueda hablarse de “la democracia”, lo que de entrada revela un posicionamiento político e ideológico.
A continuación Aguilar Camín menciona que se hablará mucho de historia en este sexenio, pero con la visión de la “historia patria”, la cual ataca recurriendo a la dicotomía simplificadora de “villanos y héroes”, donde él, por supuesto, toma partido por aquellos que se han considerado villanos, cuestionando a quienes se han considerado héroes, que en su opinión son los “derrotados, los no vencedores”. Ello le da pie, azuzado por los conductores, a ir contra López Obrador, al que primero elogia señalándolo como un político que gran tamaño, que por desgracia posee “ideas viejas y disparatadas”, planteando soluciones “como las que propondría Díaz Ordaz”, que trabaja “parado sobre su carisma” y que pretende “ir para atrás al desarrollo estabilizador”. Vemos aquí el discurso del neoliberalismo derechista más abyecto. Para muestra este botón, y mirando el catálogo de sus programas recientes de Televisa, en todos se deja ver la diatriba en contra de la cuarta transformación.
Nos encontramos ante una situación delicada y peligrosa para la nación. Existe un intento sistemático por confundir, generar pánico y desestabilizar, un complot que pretende mermar el avance de un nuevo gobierno, éste sí verdaderamente democrático. En el escenario actual existen intereses perversos y visiones obtusas que buscan frenar el verdadero cambio en México. Habrá que confrontar esta situación.
El Padre Ubú en su reino no tenía que lidiar con medios perversos y tendenciosos, su monarquía autoritaria no tenía contrapesos y la idea de democracia era impensable. Es paradójico que un gobierno democrático, producto de la votación de millones de ciudadanos, tenga que enfrentar los embates de una bola de reaccionarios, sumisos al imperialismo llamado global.
¡Para mí es suficiente!









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