Ismael Ledesma Mateos
El reino del Padre Ubú no está supeditado a reglas y acuerdos. Su poder es omnímodo e imaginario y es impensable el acuerdo entre naciones. Ese aislamiento es malo, como los tratados que dan ventaja a los países “con más poder” y que se aprovechen de ello para restar soberanía a otros. Ésa es la gran paradoja de la Unión Europea.
El referéndum sobre a la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (el Brexit) deja una gran lección al respecto de su carácter artificial y la manera en cómo los intereses de la burguesía neoliberal y el imperialismo se impusieron hace años a la mayoría de los estados nacionales, imponiéndoles normas y acuerdos ajenos a los intereses de las mayorías de sus habitantes.
Muchos piensan que se trata de algo grave, incluso lo ven como una tragedia. Aquellos que creen en las visiones simplificadoras de los medios de desinformación (¿comunicación?) piensan que la Unión Europea representa avance o progreso: nada más falso. Si hiciéramos estudios de opinión podríamos observar que por lo menos en Francia, España, Portugal e Italia, a la gran mayoría de la población no le importa ser parte de la Unión Europea y ven el euro como una moneda impuesta. En Francia, por ejemplo, la llegada del euro implicó el aumento de los precios sin el correspondiente a los salarios. En España representó incremento de precios en 70%; el El País reportaba que una caña de cerveza o un café pasaron a costar un euro de un día para otro, es decir, casi el doble de su costo anterior a partir del 31 de diciembre de 2001.
En Francia fueron más precavidos: desde el año 2000 en cada ticket de compra se anotaba el precio en francos y en euros, con la intención de acostumbrar a la ciudadanía; en cambio, en España el choque fue brutal; aunque en ambos países —esto lo digo por vivencias personales— el rechazo era mayoritario y prácticamente nadie simpatizaba con una medida que no provenía de un consenso de la sociedad.
En fin, fue una decisión impuesta desde las élites en el poder de una manera autoritaria y despótica, ante la cual no hubo resistencia ni protestas contundentes.
La Comunidad Económica Europea es algo que existía desde 1957 e implicaba acuerdos comerciales entre diferentes países de la región; la Unión Europea se estableció el 1 de noviembre de 1993 y hacia el año 2000 se consolida como una estructura jurídica y política. Tiene como referente el paso al euro, el que rechaza el Reino Unido, manteniendo la libra esterlina, aun siendo una nación miembro de ella.
Ahora que el referéndum llamado “Brexit” acordó la salida del Reino Unido de la Unión Europea, sus efectos han impactado la economía mundial, al extremo de que en México se anunció de inmediato un recorte presupuestal en consecuencia, aunado al desplome de las bolsas de valores a nivel mundial y las enormes pérdidas de los grandes multimillonarios, como Carlos Slim y otros pocos.
Lo que significa este acontecimiento en lo económico es el impacto de la ideología neoliberal llevada al terreno político. La UE es la encarnación de la ideología de la mundialización económica, la idea del “libre mercado”, centrada en las cuestiones macroeconómicas y despreciando las condiciones reales de las sociedades en las que se ejerce su dominio. Por ello, es necesario reflexionar a fondo en el significado político del Brexit, más allá del terror que se difunde acerca de sus consecuencias económicas para el mundo.
En el caso del Reino Unido, el asunto del referéndum tiene implicaciones políticas concretas, que deben ser analizadas. Quien lo convocó fue el primer ministro, David Cameron, proveniente del Partido Conservador (CUP, Conservative and Unionist Party), en cuyo seno existían sectores adversos a la permanencia de la nación en la UE. Ante el peligro de que esa parte de su partido se separara y se fuera con la oposición ultraconservadora, tomó la decisión de convocar a la consulta, lo cual, a juicio de muchos, era casi suicida, tal como se comprobó.
La ultraderecha (en verdad fascista), representada por el UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) y su dirigente Nigel Paul Farage, lideraron a los “euroescépticos” y centraron su campaña en el racismo y la xenofobia, poniendo énfasis en el problema de la inmigración y pregonando la necesidad de una política de puertas cerradas (¿les recuerda al alguien?). Así, los sectores más recalcitrantes de la derecha se han visto fortalecidos con el pretexto del terrorismo, que en verdad es otra forma de terrorismo y que ha conducido, en el caso de ese país, al patético acontecimiento del asesinato de la diputada laborista Jo Cox, defensora de los inmigrantes, en días previos al referéndum, lo que incluso llevó a la suspensión de las campañas acerca de ello por unos días. Dicho crimen, sin duda, se debe a grupos de ultraderecha.
Sin embargo, el resultado de la votación fue la salida del UK de la UE, lo cual significa un triunfo de la ultraderecha, pero no contra intereses populares sino contra la derecha conservadora de Cameron, ante lo que las izquierdas no fueron capaces de sostener una postura clara y una acción contundente. El grave error de Cameron fue haber sido incapaz de alejarse de su posición conservadora, de derecha moderada y poder convencer. Se trata de un fenómeno que coincide, en el siglo XXI, con lo analizado por Marx al respecto de las luchas de clases en Francia en el siglo XIX, pues manifiesta el conflicto de distintas fracciones de la burguesía, representadas por diferentes grupos de derecha y donde el proletariado —las llamadas clases populares— está al margen y es incapaz de hacerles frente, por falta de entendimiento, de claridad y por ello de organización.
La versión ideológica comercializada desde los inicios de la UE es que representaba la modernidad y un cambio indispensable, benéfico para el mundo, así que el resultado del Brexit se muestra como un retroceso, como si fuera “blanco o negro”. Pero las cosas no son así: el plantearlo como Remain Member (Permanecer) o Leave (Salir) fue una dicotomía vacía que daba lugar a una polarización simplista, donde el Partido Laborista, que representa una izquierda moderada (centro izquierda), quedó completamente marginado y Jeremy Corbyn fue incapaz de tomar una posición protagónica, cuando el referéndum representaba para la izquierda una oportunidad de denunciar una disputa entre facciones de la burguesía y negarse a tomar partido por uno de los dos bandos, denunciando esa realidad.
El referéndum fue la confrontación entre la derecha ultraconservadora, representada por Farage y la derecha neoliberal que representaba Cameron. La adhesión de los laboristas al “permanecer” fue una acción pragmática que dio cuenta de su falta de creatividad, ocupando una posición marginal de comparsa. En el Reino Unido existen organizaciones de izquierda importantes, como el Socialist Workers’s Party (SWP), el Partido Comunista de la Gran Bretaña, el Partido Socialista (perteneciente al Comité por una Internacional Obrera) y #Lexit (izquierda y salida), que buscan una salida por la izquierda de la UE, pero no de manera como fue el Brexit.
Esa salida debe darse en función de los intereses de los sectores mayoritarios de la población, no de aquellos que la ven como una reivindicación de un nacionalismo trasnochado, de la cerrazón y la xenofobia. Las razones son claras: principalmente, que los países no pueden estar supeditados a los intereses del Banco Central Europeo ni del Fondo Monetario Internacional, que son quienes determinan las políticas económicas de la UE; no pueden más ser víctimas de ellos, como lo son Grecia, Chipre, Irlanda y Portugal, en Europa, y muchos otros en el resto el mundo.
La izquierda y las fuerzas liberales de centro británicas deben ser capaces de atajar el triunfalismo de la ultraderecha y evitar que eso traiga consecuencias nefastas para su país y para el mundo. Los laboristas y otros grupos de izquierda y de centro, algunos de los cuales de entrada apoyaban Brexit, finalmente apoyaron la permanencia, ante el riesgo de que en esa polarización el apoyo a la salida fortaleciera a la ultraderecha, lo que no significa que piensen que la UE es algo benéfico, como se ha mostrado con el militarismo y las guerras en que sus países se han involucrado. La salida, repito, debe pensarse en términos de beneficio para su pueblo.
El problema aquí, para el caso del UK, es la manera en cómo la sociedad entenderá el resultado y que esto no redunde en un repunte de extremismos, que dañan no sólo a la economía sino al tejido social. Así, el Brexit resulta un fenómeno complejo que da cuenta de la necesidad de pensar el mundo contemporáneo más allá de la ideología de la propaganda neoliberal que muestra una imagen inversa de lo que realmente ocurre.
La Unión Europea se sustenta en el neoliberalismo, expresión de una derecha moderna que se enfrenta a otra, anquilosada, centrada en nacionalismos fascistoides. Es lo que se vivió ahora en el Brexit. A mi juicio, ganó una posición que podría ser correcta, pero distorsionada por la manera en que lo hizo.
El Padre Ubú estaría confundido y ansioso, y no le quedaría ante ese escenario más que la alternativa de la conversión religiosa y decir: “Líbranos señor de todo mal…”, que para él representaría la consulta con el pueblo, la concertación y la negociación. En el caso Brexit, faltó lo último y creo que el espíritu de Ubú estuvo presente.









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