Ismael Ledesma Mateos
El encierro debido a la pandemia es muy desagradable, más para un hombre de la calle como yo. Sin embargo tiene algunos aspectos que ayudan a su amortiguamiento. Uno de ellos es encontrar nuevas cosas en la televisión. En este aspecto, comencé a ver la telenovela Betty la fea en su versión original colombiana, cosa que jamás hubiera pensado hacer, pero para mi sorpresa es una joya. Para mí, desde niño, es un género que siempre me ha llamado la atención, habiendo sido muy importantes las telenovelas históricas como La tormenta, Los caudillos y El carruaje, que abordaron etapas cruciales de la historia de México, producidas por Telesistema mexicano en la década de los setenta; y luego El vuelo del águila, de Enrique Krauze, con el tema del porfiriato, ya producida por Televisa. El historiador confesó, en una conferencia en El Colegio Nacional, que esas telenovelas setenteras fueron cruciales en su vocación para estudiar historia. De hecho tengo la idea de hacer una sobre historia de la ciencia en México, proyecto que espero pueda materializarse algún día.
Betty, la fea es una telenovela colombiana creada por RCN Televisión y escrita por Fernando Gaitán, ganadora del “Guinness Records” en 2010. Se estrenó el 25 de octubre de 1991 y finalizó el 8 de mayo de 2001.Está protagonizada por Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello. Su versión original fue emitida en muchos países con gran éxito, incluyendo a toda Iberoamérica, con elevados niveles de audiencia. Fue emitida en más de 180 países, doblada a 25 idiomas y contó con al menos unas 28 adaptaciones alrededor del mundo. El personaje principal es Beatriz Aurora Pinzón Solano, una mujer poco atractiva pero inteligente que trabaja para una compañía de modas llamada Ecomoda. Betty, como cariñosamente le dicen, tiene que soportar constantemente los insultos y desprecios de sus compañeros de trabajo, especialmente de la secretaria Patricia Fernández, quien realizó seis semestres de finanzas en la Universidad San Marino –de lo que siempre presume, aunque no obtuvo el grado–, del diseñador Hugo Lombardi y la accionista de la empresa Marcela Valencia.
Además de lo cómico de las escenas, lo interesante es darse cuenta del trasfondo de una sociedad desigual, plagada de prejuicios donde junto a lo social, que implica la simulación y el culto a la apariencia, se mezcla lo religioso, la doble moral y una hipocresía nauseabunda. En el análisis de la telenovela nos damos cuenta de la presencia implacable de la “lucha de clases”, categoría imprescindible que ha caído en el abandono debido a los renegados del pensamiento de Marx. Pero en efecto, el trasfondo real de la telenovela es la lucha de clases, la manera como una mujer pobre, pero brillante obtiene un grado universitario en economía –en Colombia, a todos los que estudiaron una carrera les dicen doctores, aunque sean licenciados, a semejanza de aquí en México, donde les dicen doctores a los licenciados en medicina–, así que Betty es doctora. Pero más allá del grado tiene una enorme capacidad que le permite rescatar a una empresa hundida en el desastre financiero por culpa de la torpeza de los “doctores” que la dirigen.
El director de la empresa está comprometido con Marcela, una accionista que se casaría con él. Ambos son parte de la misma clase social, pero un par de inútiles. Aquí me llega el recuerdo de la canción de Rubén Blades, “Plástico”, pues Marcela es “una chica plástica”, y Betty, que es realmente brillante, inventa una empresa paralela llamada “Terramoda”, consiguiendo créditos, para hacer transferencias financieras a “Ecomoda”, algo que se llama “cajeo”, y así sacar a flote a la corporación original. Betty pone al frente de la falsa empresa a un amigo suyo de muchos años, también economista, que es un verdadero “nerd”, que hace pasar como su novio y que, con los movimientos de dinero que hábilmente ha hecho, decide comprar un Mercedes Benz negro, muy lujoso, que usará también Betty. Una escena genial es cuando ella decide invitar a sus amigas secretarias y empleadas de Ecomoda, a comer –ellos dicen “almorzar”– a un lujoso restaurante francés, donde curiosamente está también el dueño de “Ecomoda” –que para este momento se ha enredado con la fea, para manipularla– junto con otro socio y un proveedor. La situación es por demás tensa, pues nunca imaginaron que las pobres empleadas fueran a un lugar así, además de que piden caviar, langostas y toman champagne, con una cuenta enorme que pagará “Terramoda”, el invento de Betty. Aquí podemos ver el clasismo en toda su concreción.
Los roles jugados por los personajes son geniales, por ejemplo el de una secretaria simuladora, que aparenta ser rica y tiene un Mercedes descapotable, que le embargan por no pagar sus deudas –un buen ejemplo de simulación–, ante lo cual el vigilante de la empresa, evidentemente pobre, dice: “pues sí, ella es una mala paga”.
Finalmente Betty la fea –que en verdad de fea no tiene nada, como puede verse en la imagen adjunta– toma completamente el control de “Ecomoda” y cambia la política de diseño de las prendas, que no serán ya de “talla cero”, pensando en modelos flacas y famélicas, para hacer ropa para mujeres normales y comunes, donde también hay flacas al igual que gordas. Más allá de la trama telenovelesca, que es muy jocosa y divertida, con magníficas actuaciones, debe servirnos para reflexionar acerca de la desigualdad social, la simulación, el uso ideológico de las apariencias, los prejuicios, las psicopatías generadas familiar y socialmente, sin olvidar la lucha de clases.
De ninguna manera es una telenovela del corte televisa. En ella existe una crítica social que seguramente la mayor parte del teleauditorio no pueda apreciar, pero la producción existe y vale la pena verla y valorarla. En las noches de encierro y aislamiento por la pandemia COVID-19 me ha sido de gran utilidad.
El Padre Ubú nunca hubiera pensado en modas de “talla cero”, pues la Madre Ubú era bastante voluminosa y rolliza, al igual que malvada, como algunas de las mujeres esbeltas que aparecen en la telenovela. Y si Ubú Rey leyera esto, diría ¿Qué es eso de la lucha de clases? ¡Aquí la única clase es la dominante, que soy yo!
¡Vamos a interrumpir aquí! [email protected]









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