Ismael Ledesma Mateos
El estado de México es una entidad de gran importancia dada su ubicación geográfica, su aporte a la economía nacional, su enorme densidad poblacional y, en consecuencia, su enorme número de electores. Con 16,187,608 habitantes, representa el 13.5% de la población nacional y cuenta con ocho municipios que superan el medio millón de habitantes, siendo Ecatepec de Morelos el más poblado del país con 1,665,107 habitantes. Por ello reviste un papel estratégico en el contexto del proceso electoral de 2018. La elección de su gobernador, el próximo 4 de junio, es un evento que posee enorme carga simbólica, pues es un estado históricamente gobernado por el PRI, un magnífico ejemplo de la llamada “dictadura perfecta” (término de Vargas Llosa), que en este caso también podría asemejarse a una monarquía.
En efecto, el poder en el estado de México ha sido detentado por un grupo compacto de allegados, estando los Del Mazo presentes, desde que Alfredo del Mazo Vélez (abuelo del actual candidato priista) fue gobernador (1945-1951) y años después su hijo, Alfredo del Mazo González (1981-1986) y de 2005 a 2011 Enrique Peña Nieto, primo de Alfredo del Mazo Maza, en este momento aspirante al cargo. Este linaje, podríamos llamarle “clan”, es originario de Atlacomulco, municipio del que el padre de Del Mazo Vélez fue presidente municipal, motivo por el que se le denomina Grupo Atlacomulco, con gran poder y presencia, no sólo en el estado de México, sino a nivel nacional y del cual Isidro Fabela, intelectual, diplomático y gobernador (antes que Del Mazo Vélez) sería el fundador entre 1942 y 1945.
La monarquía del Padre Ubú no tiene un linaje ni representa una dinastía, pues su llegada al poder se dio por un golpe de Estado, aunque de no haber sido derrocado, hubiera tratado de sentar condiciones para la mantener por siempre el control del gobierno —dejando en su caso el mandato en manos de la Madre Ubú— y hubiera también buscado hacerse de una descendencia, pues, aunque no sean biológicos, este “tirano de lo imposible y Rey de lo improbable” tiene en verdad miles, mejor dicho, cientos de miles de hijos, que llenan el mundo de actitudes abyectas, plagadas de codicia y avaricia, y alguno de ellos podría ser un digno sucesor, para no perder el control de ese reino del que despojó al Rey Wenceslao.
Sin embargo, la monarquía golpista de Ubú cayó, como el próximo 4 de junio podría ocurrir con la dictadura priista del estado de México, donde nunca ha estado tan cerca la posibilidad de que un partido de izquierda, en este caso Morena, pudiera llegar al poder. Se trata de un fenómeno inusitado donde este partido emergente ha adquirido gran fuerza desplazando a nivel nacional al partido de izquierda predominante hasta hace poco, el PRD. De ser un estado absolutamente priista, con el correr de los años varios de sus municipios pasaron a ser gobernados por otros partidos políticos, de forma tal que en las elecciones de 2015 el PRI ganó en 84 municipios, el PAN en 19, el PRD en 16, el PT en 3, Morena en uno, el PES en uno y Nueva Alianza en uno.
Precisamente del municipio gobernado por Morena procede la candidata a la gubernatura, Delfina Gómez Álvarez, debiendo resaltarse que siendo un partido de reciente registro, pudo obtener un triunfo, lo que alentó la expectativa de buscar con empeño la próxima gubernatura. Nos encontramos ante algo muy complicado, pues el esfuerzo de la oposición es cuesta arriba, en contra de un aparato que se ha mantenido en el poder por décadas y que cuenta para su operación con enormes recursos que provienen tanto del ámbito local como del federal. Así, Andrés Manuel López Obrador ha denunciado que en las partidas del gobierno estatal hubo una aportación extraordinaria para “apoyo a la comunidad”, exhibiendo documentos acerca de ello. Se trata de “una operación nunca vista” —declaró— donde la estrategia priista para hacer ganar a su candidato Alfredo del Mazo Maza (Alfredo III, le dicen), basada en la compra de votos, es decir el fraude a la antigüita, con regalos como “frijol con gorgojo”, dice AMLO, despensas, mochilas, playeras, gorritas y baratijas de ésas.
En un fraude electoral (yo ya viví en carne propia uno, en la elección para rector de la UAP en 1993) la estructura organizativa es determinante, junto con las acciones clientelares e intimidatorias. El contar con representantes incondicionales en todas y cada una de las casillas, dispuestos a cualquier clase de trapacería es una de las formas más sencillas de garantizar la ventaja, en tanto que los opositores no cuenten con el número necesario de ellos.
No obstante, debe quedar claro que el triunfo en el estado de México no es un factor definitorio para la elección presidencial del 2018, como muchos especulan. En el año 2000 el PRI ganó, como era habitual, el estado de México, pero perdió la presidencia contra Vicente Fox, en lo que para muchos significó la posibilidad de una alternancia en el poder y la transición a la democracia en México, que terminó en fracaso. Desde esa óptica, las votaciones del 4 de junio no son “la madre de todas las elecciones”, aunque poseen, como se dijo, una enorme carga simbólica, lo que conduciría en el caso del triunfo de la alianza Morena-PT (cuyo candidato ha declinado por Delfina) un efecto psicológico que podría ser de gran utilidad en el camino al 2018, cada día más próximo.
La historia política del México posrevolucionario involucró la existencia de un régimen de partido único, que fue un elemento indispensable para la pacificación del país, le dio estabilidad y le permitió tomar un camino de desarrollo, pero, el ejercicio monolítico del poder llevó a un desgaste que permitió el ascenso de una visión derechizada y reaccionaria que ha tomado por bandera la ideología neoliberal y la deificación del “mercado” como un fetiche, que ejerce su poder en contra de las grandes mayorías de la sociedad. El PRI, que en sus inicios reivindicó el nacionalismo revolucionario y el Estado de Bienestar, se convirtió en un aparato al servicio de los intereses de los grandes capitales trasnacionales, instrumentando reformas contrarias a los postulados que le dieron originen, aunque antes de la era neoliberal, paulatinamente se fue convirtiendo en un partido político mafioso, siendo uno de sus más representativos ejemplos el Grupo Atlacomulco.
Aunque sus integrantes lo nieguen, existen expedientes y documentos que dan cuenta de ello. Un dato anecdótico y muy curioso, es el de que en 1940 doña Francisca Castro Montiel, vidente del pueblo, reunió a los notables del municipio para profetizarles con voz de arcano mayor: “Seis gobernadores saldrán de este pueblo. Y de este grupo compacto, uno llegará a la Presidencia de la República.” ¡Resulta difícil de creer! Ante ello, Francisco Cruz Jiménez, investigador que ha dedicado años al estudio de los grupos de poder en el estado de México, sostiene que no se trata de una vidente o una bruja, sino una mujer que es elegida para operar un dispositivo de construcción de identidad para un grupo en ciernes, para cohesionarlo y darle un origen mítico y simbólico, de ninguna manera una profecía.
Sus raíces se remontan a 1890, cuando grupos de interés de ese poblado, liderados por Maximino Montiel Olmos (ancestro de Arturo Montiel) comenzaron a organizarse para resistir los embates del gobierno de Porfirio Díaz, pero el grupo toma forma a partir del momento en que el presidente Manuel Ávila Camacho impone a Isidro Fabela como gobernador, quien tuvo como tesorero —y luego secretario de Gobierno— a Del Mazo Vélez, pero también reclutó a un joven y pobre, profesor rural, Carlos Hank González, que al cobijo del gobierno comenzó a hacer una gran red de negocios, convirtiéndose en líder del grupo (aunque no fuera oriundo de ese municipio). Según el citado investigador, a este respecto hay documentos en el Archivo General de la Nación y en la Secretaría de Gobernación. Dígase lo que se diga, ¡ese grupo existe!
¡La suerte está echada!: la persistencia del grupo Atlacomulco en el poder del estado de México, o una alternativa de cambio o renovación. Ya lo sabremos pronto.
Un texto que encontré en el sitio en internet La biblioteca de Ana dice: “Los hijos del padre Ubú y los miles, cientos de miles de palotines que les aplauden y bailan el agua, accionan la voraz máquina del capitalismo y su brutal propaganda; encienden el gran ordenador de la tiranía tecnológica y el devora almas catódico. Todo está estudiado, cuantificado, analizado en estudios de mercado maquillados al gusto. Ya no hay más que consumidores en esta pirámide en la que nadie es ya libre y se sacrifican los sentimientos y la dignidad propios y ajenos por aparentar, por medrar, por auparse en la espalda del otro, en el dolor ajeno. Se consume y estereotipa el amor, la pasión, la compasión, la necedad, la vulgaridad…, y te dicen sonrientes: es la nueva misma cosa que ya hicimos, digerimos y presentamos para ti.”
Algo muy apropiado en el escenario que se está viviendo.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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