Ismael Ledesma Mateos
La telenovela es un género artístico muy interesante pero también socialmente despreciado. Efectivamente, hay telenovelas pésimas, deplorables, ridículas, aunque ha habido muchas de gran calidad y memorables. Recuerdo en mi infancia y adolescencia las referentes a la historia de México: La Tormenta (1967), con el tema de la revolución mexicana; Los Caudillos (1968), acerca de la Guerra de Independencia, y El Carruaje (1972), referente a la Guerra de Reforma, la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. El historiador Enrique Krauze, en una conferencia en El Colegio Nacional, dijo que esas telenovelas fueron muy importantes en su formación y por ello muchos años después realizó una: El vuelo del águila (1994-1995) sobre el tema del porfiriato.
También en mi adolescencia disfruté la magnífica telenovela El bienamado (1973), basada en una novela de Jorge Amado, con un tema musical interpretado por Toquinho, y muchos años después, en la década de noventa, apareció la productora Argos, que se inició con la telenovela Nada personal, inspirada en el asesinato de Luis Donato Colosio. A partir de ahí ha seguido creando magníficas telenovelas, como ahora lo es El señor de los cielos, que va en su sexta temporada y muestra al narcotraficante Aurelio Casillas, quien sería en la vida real Amado Carrillo, como un personaje controversial que, siendo un maleante y un asesino, tiene principios y valores, lo que se conoce en literatura como un “antihéroe”. “En algunas instancias el antihéroe ha venido a referirse al protagonista de una obra cuyas acciones o motivos son cuestionables. Se le denomina Protagonista Antagónico. También es el protagonista desprovisto de las cualidades extraordinarias con las que habitualmente se presentaba el héroe en los relatos épicos, es un malvado valiente que esta temporada confronta al Presidente de México por corrupto y aliado de un narco colombiano, apodado el Cabo. […] El antihéroe puede ser asocial, amoral, inteligente, enajenado, cruel, desagradable, pasivo, lamentable, obtuso, o simplemente ordinario. Cuando el antihéroe es el personaje principal en una obra de ficción, la obra frecuentemente lidiará con el efecto que su atroz personaje tiene en aquellos a quienes conoce a lo largo de la narrativa. En otras palabras, un antihéroe es un protagonista que vive por la guía de su propia brújula moral, esforzándose para definir y construir sus propios valores opuestos a aquellos reconocidos por la sociedad en la que vive. Adicionalmente, la obra puede representar cómo su personaje cambia a través del tiempo, ya sea tendiendo al castigo, el éxito no heroico, o la redención. […] Además de estas ‘cualidades’, hace falta decir que el antihéroe es de esta manera debido a que su pasado fue doloroso o cruel y que estas tragedias le dan origen a su personalidad y una perspectiva distinta a la de los héroes o villanos; puede decirse que el antihéroe vive más en la zona gris. Otras veces, un antihéroe puede tener intenciones malvadas o crueles por simplemente ser así de naturaleza, sin excusas. En ocasiones, el antihéroe puede incluso cumplir un rol de villano o viceversa, aunque eso depende mucho del tipo de obra.”
Aquí, el personaje, narcotraficante, quisiera dejar de serlo, y combatir esa actividad, pero no es posible, pero en una escena crucial se presenta acompañado de sus guaruras en una estación de televisión en el noticiero de Carla Uzcátegui (¿Carmen Aristegui?) para informar que está vivo, cuando la versión oficial del gobierno es que llevaba años muerto, y denuncia que el presidente Omar Terán (similar a Peña Nieto) ha sido su cómplice, lo que desencadena una persecución en su contra. El jefe del Estado Mayor Presidencial, el teniente coronel Zuleta, es un malvado y perverso que hace el enlace del presidente con el Cabo, para permitir que este narcotraficante colombiano se apodere del negocio desplazando a Casillas y además lo mate. Zuleta viola a la bella secretaria particular del presidente, que es novia del secretario de Seguridad Pública, un militar de la Marina honesto que terminará renunciando al cargo.
Zuleta asesina a toda una familia, incluyendo a un niño, puesto que uno de sus miembros trabaja para el Señor de los Cielos, como provocación para hacerlo visible y conseguir que el Cabo lo asesine, pero en otra escena, genialmente lograda, Aurelio Casillas consigue llegar a Los Pinos y ubicar la ventana donde se encuentra el presidente junto con su amigo, apodado el Hijo Natural, y además está Zuleta. Aurelio le llama por teléfono al presidente, diciéndole que no lo va a matar y acto seguido, con un rifle de mira telescópica le mete un tiro en la cabeza a Zuleta. Siguen en línea y Omar le reclama haber hecho eso, y Aurelio le dice que ese hombre había asesinado a toda una familia, incluyendo a un niño. Realmente el escritor del guión, Luis Zelkowicz, realiza un gran trabajo.
Aurelio secuestra a Castillo, secretario de Seguridad Pública, para decirle que no lo va a matar, que si quisiera ya lo habría hecho, esto en presencia de la periodista Uzcátegui, a la que ha pedido colabore con él, a cambio de darle una entrevista de la historia de su vida, y le pide a Castillo que encarcele al presidente por corrupto, que además asesinó a su esposa, diciéndole que lo respeta por ser un hombre de leyes. En esta mezcla de ficción y realidad el Señor de los Cielos, mujeriego empedernido termina teniendo relaciones sexuales con Uzcátegui, a la que pide que le consiga enlazar a los candidatos a la Presidencia para saber qué piensan, pues a pesar de ser un narco le importa su país.
Esta versión de antihéroe vale la pena de ser vista, y no cabe duda que además del guionista, su productor, el dueño de Argos, Epigmenio Ibarra, sabe muy bien lo que hace.
El Padre Ubú no es, de ninguna manera, un antihéroe, es un engendro del mal, como el personaje que encarna al presidente mexicano, aunque realmente es esperanzador tener alguien que tenga el valor para combatir a seres de esa calaña.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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