Ismael Ledesma Mateos
Tuve la satisfacción de conocer al gran filósofo Adolfo Sánchez Vázquez (1915-2011) cuando comencé a estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, paralelamente a mi carrera de biólogo. En esa facultad se respetaba el Estatuto de la universidad, por lo que los profesores del más alto nivel daban pocas clases, mientras los asociados llevaban la carga máxima del grupo, como fue con mi gran maestro Gabriel Vargas Lozano. Pero conocí a Don Adolfo, lo escuché y quedé impresionado de su erudición y profundidad reflexiva.
Yo lo había leído muchos años antes, cuando estaba en la Preparatoria Diurna Benito Juárez de la UAP. Ya no se enseñaba Ética como materia obligatoria, sino Historia de la filosofía, pero como la Ética me interesaba compré el libro de Adolfo Sánchez Vázquez llamado así, editado por Grijalbo, que fue un texto referente, el mejor de la época. Luego conocí la dimensión de su autor como pensador de izquierda y filósofo marxiano y pude leer su obra maestra, La filosofía de la praxis, que fue su tesis doctoral, donde hace una exposición de la esencia de la obra de Marx.
Ya en Filosofía tuve la oportunidad de leer Las ideas estéticas de Marx y Estética y marxismo, obras de gran trascendencia, que dan cuenta de una dimensión muy descuidada en el pensamiento filosófico. Pensador multifacético, escribió una de mis obras fundamentales: Ciencia y Revolución: el marxismo de Althusser, donde hace una aguda crítica a las ideas del filósofo francés, que fue uno de mis mayores inspiradores durante la juventud. Sánchez Vázquez representa una de las mejores expresiones de una visión marxiana, crítica y reflexiva.
La filosofía de la praxis es uno de los libros determinantes para el entendimiento de la obra de Marx, y una aportación de gran valor de México a la filosofía. Investigador y profesor, Don Adolfo es un ejemplo de constancia y compromiso con la filosofía; hombre de izquierda y comprometido con el país que lo albergó. La única ocasión que impartí clases en preparatoria fue de Ética y mi libro de texto fue el de Sánchez Vázquez, sin duda, repito, uno de los más grandes filósofos de nuestra nación.
La originalidad del autor gira en torno al rescate de la praxis como categoría principal en la filosofía marxista. Rescate que solamente podría darse “depurando toda aquella carga metafísica dogmática que por mucho tiempo llevó especialmente en la interpretación tradicional del materialismo dialéctico engelsiano, base de la ideología soviética”. Dicha interpretación partía de la relación entre el ser y el pensar como problema fundamental de toda filosofía, para lo cual sólo existen dos posturas a través de la historia, a saber: idealismo y materialismo, sin entender que la realidad es una enorme gama de tonalidades, claroscuros y tonos de gris.
Para Sánchez Vázquez “el problema principal de la filosofía no es ontológico sino praxiológico; es decir que no puede haber veredicto sobre un problema ontológico, antropológico y epistemológico al margen de la praxis, convergiendo en gran medida con el marxismo praxiológico de Antonio Gramsci. “La praxis por lo tanto articula todos estos momentos, posicionándose como el fundamento de ellos. En ese sentido ―según el pensador mexicano― el materialismo de Marx no olvida ni niega en absoluto la contribución del idealismo para su nueva concepción materialista del mundo, sino más bien resalta su carácter activo transformador; transformación no obstante que gira sólo en la conciencia del sujeto, lo que limitaría su acción real y transformadora de la realidad. Esta vinculación con la realidad y su correspondiente transformación sólo se dará en una concepción materialista que haga de la actividad de la conciencia una praxis real y ponga ésta como mediadora indispensable de todas las dimensiones humanas.”
Don Adolfo Sánchez Vázquez fue sin lugar a dudas uno de los más importantes filósofos y pensadores de la izquierda, comprometido con Marx, la democracia y la lucha por consolidar ésta como sistema político en México. Ahora, en este año que se conmemora el centenario de su nacimiento, vale la pena recordar la importancia de la contribución académica de este gran filósofo de origen español, pero claramente mexicano.
De vez en cuando en el reino del Padre Ubú aparecen figuras que con su brillante inteligencia logran exorcizar al aberrante Rey y reencauzar el devenir de la historia. Uno de esos genios fue Don Adolfo Sánchez Vázquez.









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