Ismael Ledesma Mateos
Del 12 al 14 de marzo de este año en El Colegio Nacional se realizó el curso “Schrödinger y la biología: 75 años del libro ¿Qué es la vida?, impartido por Antonio Lazcano-Araujo, biólogo mexicano, autoridad internacional en el tema del origen de la vida, profesor e investigador emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM y miembro de El Colegio desde 2015. En un evento abierto al público en general, durante tres sesiones abordó las ideas del físico y filósofo austriaco Erwin Schrödinger (1887-1961) y discutió su vigencia.
Antonio Lazcano es un gran amigo, que conozco desde que yo estaba en el segundo semestre de la carrera de biólogo. Había leído su magnífico libro acerca del origen de la vida y sabía que había estudiado en la Unión Soviética con Oparin, el creador de la teoría universalmente aceptada para explicar ese fenómeno, a quien trajo a México a dictar una conferencia. Cuando se creó la Escuela de Biología de la UAP, tuvo una participación crucial asesorándome e impartió por primera vez la “Cátedra Alfonso Luis Herrera, acerca del origen y evolución temprana de la vida”. En 1991 la Escuela de Biología le otorgó —junto con José Sarukhán— la “Medalla a la investigación en biología Alfonso Luis Herrera”.
Sin lugar a dudas, el ingreso de Toño a El Colegio Nacional fue una gran y acertada decisión y en su disertación en el tercer día del curso señaló con precisión que: “la vida no comienza en el momento de la fertilización, sino antes”. Y, sin embargo, “una cosa es estar vivo y otra es ser una persona: un embrión no es una persona, es un conjunto de células. En contraste con lo que ocurre en matemáticas, por ejemplo, donde se pueden dar definiciones precisas atemporales (como el círculo), la vida es un concepto empírico cuya caracterización depende de un contexto histórico específico”.
Para un biólogo, dice Lazcano, “desde la existencia de un óvulo y un espermatozoide hay vida, pues ‘están vivos como un cigoto’, pero la actividad nerviosa y la diferenciación celular que crea el sistema nervioso central de un embrión, no empiezan sino hasta la doceava semana de gestación. Antes no se puede decir que se trate de una persona o individuo en potencia, sino de una masa de células vivas que no son una persona, no tienen derechos sociales”.
Según un comunicado de El Colegio Nacional, el investigador señaló, asimismo, que “en términos genéticos, la placenta tiene la misma información que el individuo y no hacemos nada con ella”. Habló de la similitud que hay entre los animales y los hongos como sistemas vivientes. Y que los virus, por ejemplo, carecen de metabolismo, “es decir, que la evolución darwinista es una condición necesaria pero no suficiente para reconocer la vida”. Y añadió:
“Para comprender la naturaleza de lo vivo debemos reconocer tanto los límites impuestos a los seres vivos por las leyes de la física y la química, como el carácter contingente de la historia. Por ejemplo, conceptos como la selección natural y programa genético son consistentes con las leyes físicas, pero no se pueden deducir a partir de ellas.
”Ninguna sustancia está viva por sí misma, sino que la vida depende de sistemas de moléculas individuales, de sus interacciones subcelulares y de la integración funcional entre ellas y con el entorno.”
Lazcano concluyó que la aportación principal del filósofo Schrödinger fue la idea de un código, pero no de una información genética, por lo que no hay relación entre sus ideas y los experimentos y teorías que permitieron descifrar el código genético.
Y acerca del libro recordado, agregó que su popularidad “contribuyó a validar el significado de la discusión sobre la naturaleza de la vida, es decir, fue y sigue siendo una espléndida provocación intelectual”.
La reacción de la derecha prejuiciosa y aberrante se expresó de inmediato, con una sarta de injurias espeluznantes. Así, en Facebook, escribieron: “una cosa es ser biólogo y otra ser un estúpido”; “mierda, hijo de Satán”; “todos somos un conjunto de células imbécil”; “ojalá y te hubieran abortado para que no digas esas pendejadas”; “Antonio Lazcano es un ser vivo, un ser vivo muy pendejo”; “Ese tarado se pone a hablar de los derechos de las personas”; “La peor estupidez de un pseudobiólogo … hasta dónde su pendejez”; “viejo baboso, bola de células”. Incluso llegaron al extremo de afirmar que ni células tiene. En todo caso es el colmo de la estupidez ideológica, y no percatarse que se refieren a uno de los más importantes biólogos que ha tenido México… Leer tanta imbecilidad es indignante.
Este acontecimiento se engarza con una campaña antiaborto a nivel nacional, en la cual incluso una legisladora de Morena tuvo la desfachatez de anunciar que presentará una iniciativa contra el aborto. Esa gente argumenta que está en favor de la vida, cuando ¡no tienen idea de lo que es eso! Se trata de una cuestión que liga la relación entre la ciencia, en este caso la biología, y la sociedad, y que ilustra el grave problema del analfabetismo científico. Aquí entra bien la metáfora del saco: se lo ponen en la escuela y se lo quitan al salir. Hay gente que estudia ciencia y en su vida privada no piensa en ello, en una disociación, pareciera esquizofrénica; lo mismo que ocurre con la teoría de la evolución: hay alumnos que sacan 10 en la materia, pero siguen creyendo en el creacionismo.
Esta situación nos lleva a reflexionar acerca de la relación entre ciencia y sociedad, en un contexto histórico específico. La Ciudad de México marcó un antecedente considerable al legalizar el aborto, y ahora a nivel nacional se pretende legislar en contra de ello. Aquí se ve la importancia de conseguir la vinculación ente ciencia y sociedad, donde resalta la importancia de la biología que, como dijera el Premio Nobel Jacques Monod, es “la más significativa de todas las ciencias”.
El problema del aborto es algo central para la biología. Yo he sido partidario de ello desde adolescente. Un humano existe desde el momento en que puede socializarse, luego de ser parido; antes de ello es un cúmulo celular, comparable con un tumor, o un parásito. Los opositores al aborto, de ninguna manera entienden lo que es la vida. Acaso si tienen una infección bacteriana ¿no tomarían un antibiótico? Pues eso es matar una vida, un “bactericidio”, o no tomarían un antiparasitario pues sería un “amebicidio” o un “gusanicidio”.
No cabe duda que la ignorancia y el prejuicio, esencia de la ideología, son un grave lastre para la humanidad. Esto nos revela la dimensión social de la ciencia, que tiene que enfrentar la incomprensión y la estupidez. El caso del aborto es emblemático, pues revela la ignorancia acerca de lo que es la vida. En mi libro de Historia de la biología, al inicio menciono la importancia de su estudio en relación con problemas actuales como el referente al aborto, que involucra el conocimiento de lo que es la vida. Además, en este debate debemos considerar los aspectos filosóficos y éticos involucrados en ello, pues sin duda la interrupción de un embarazo es un acto individual, libre, que representa la concreción de la existencia. Es, en esencia, una expresión de la libertad.
El aborto es un bien social: evita problemas psicosociales, como la inadaptación de un hijo no deseado, además de problemas económicos que repercuten en los sistemas de educación y salud. La postura ideológica de las iglesias representa uno de los más graves obstáculos que tienen que enfrentarse a este respecto y que lamentablemente determinan las posiciones personales. Por ello la cuestión del aborto articula lo biológico, lo social y lo ideológico.
En el Reino de Ubú el tema del aborto no se discutía, de hecho no existía, pues sus reglas eran las naturales, ni siquiera las religiosas, aunque uno podría pensar que seres como él, la Madre Ubú o el Capitán Bordura hubiera sido mejor que fueran abortados.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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