Ismael Ledesma Mateos
El 5 de febrero se conmemoró el centenario de la promulgación de la Constitución Política que actualmente rige el funcionamiento del país. Se trata de una fecha emblemática y memorable, que para muchos resultó intrascendente pues esa tarde se jugaba el llamado “Superbowl” de futbol americano. Así, mientras muchos mexicanos hablan de boicotear todo lo estadunidense en repudio a la política de Donald Trump, incluyendo no tomar el asqueroso café de Starbuks o dejar de comprar en Walmart, sí ocuparon su tiempo en ponerse a ver ese juego deportivo de ese país, para mí de lo más aburrido y sin sentido.
El Padre Ubú buscó gobernar de manera arbitraria, sin someterse a un orden constitucional, como lo hacen todos los autócratas y dictadores, lo que en contraste revela el valor de una Carta Magna que ponga las cosas en su sitio, con claridad y rigor. Eso fue lo que ocurrió en Querétaro el 5 de febrero de 1917. Tiene que haber un orden que impida que quedemos inermes y sometidos ante esos “señores de la phinanzas”, que sólo piensan en su beneficio personal, que metafóricamente encarna Ubú Rey.
Es curioso que el domingo 5 de febrero el Museo de las Constituciones no abriera sus puertas, ante el desconcierto de muchas personas que quisieron hacer una visita para conmemorar la fecha. Por esas calles del centro de la Ciudad de México, pude ver una marcha, con pancartas que decían: “La Constitución ha muerto”, evento sintomático que revela el malestar presente en algunos sectores de la población respecto a la situación que se vive. En realidad la Constitución vigente no es de ninguna manera la original aprobada hace cien años, y ha sufrido cantidad de enmiendas y modificaciones, que en mucho la han desviado de su espíritu original.
Algo grave —más bien patético— fue un reportaje televisivo de Imagen TV, donde se entrevistó a diputados en el recinto de San Lázaro y resultó que no conocen los artículos más trascendentales de la Constitución y tampoco el número de ellos que la compone. Fueron varios los entrevistados y ninguno acertó a responder. ¡Y así legislan y modifican leyes! Es el colmo de la vergüenza para nuestra nación. Pero quizá sí conozcan los nombres de los jugadores de futbol americano que participaron en el Superbowl. Esas imágenes televisivas valen más que mil palabras: estamos en un México donde lo que predomina es la ignorancia. ¡Habría que ver si el presidente responde algo acertado!
Nuestra Constitución nació como consecuencia de una necesidad política, la de estabilizar el país luego de la fase más violenta de la lucha armada posterior a la Revolución, de una verdadera guerra civil entre facciones encontradas, donde los liderazgos populares de Francisco Villa y Emiliano Zapata se enfrentaron a Venustiano Carranza y fueron el brazo armado del gobierno de la Convención. Pero finalmente se impuso la tendencia de Carranza y con su movimiento “constitucionalista” después de la toma de la capital en 1915 comenzó a montar el andamiaje que llevó a que en 1917 se aprobara la nueva Carta Magna, que sustituyó a la también grandiosa Constitución de 1857, la gran obra legislativa de los liberales encabezados por Benito Juárez.
La historia de las constituciones de México es realmente digna de ser estudiada. Cómo una joven nación, naciente luego de un largo pasado colonial despótico, que fue consecutivo al autoritarismo imperial prehispánico, en eso que Enrique Semo llamó la “faceta oriental de la Corona”, donde el despotismo es la forma imperante de gobierno, se transitara a un nuevo orden orientado hacia la libertad. ¡Cosa nada fácil! Y entre guerras intestinas, luchas de fracciones, entre “liberales” y “conservadores”, “centralistas” y “federalistas”, masones “escoceses” y “yorkinos”, el clero siempre queriendo detentar el poder, soportando oportunistas y traidores, resistiendo las invasiones de Francia por Luis Felipe I (el rey impuesto después de la derrota de Napoleón Bonaparte) con la “Guerra de los Pasteles” y luego la invasión gringa de 1847 que nos robó gran parte del territorio nacional, un orden legislativo fuerte y sólido era una necesidad insoslayable, que tiene un gran inicio con las Leyes de Reforma y luego la Constitución de 1857.
Pero su operación se vio interrumpida por la invasión francesa iniciada en 1862, aunque durante el Segundo Imperio mexicano, el de Maximiliano, también hubo reformas legislativas importantes y muy avanzadas, de corte liberal y contrarias al espíritu de los conservadores que lo trajeron a México. Durante el porfiriato la Constitución pasó a ser letra muerta. Ante la contundencia de las iniciativas y órdenes del mandatario y luego de la Revolución, era necesario que se diera una nueva estructura jurídico-política al país.
Como dijo Javier Garciadiego en su discurso de ingreso a El Colegio Nacional: “Concediendo sin aceptar que 1915 fue el peor año de la Revolución, no tengo la menor duda de que la Constitución de 1917 fue su principal aportación, su mayor y mejor legado: creadora de instituciones; gracias a ella México ha tenido orden político y progreso social.” El movimiento “constitucionalista” surgió entre febrero y marzo de 1913 cuando el gobernador de Coahuila Venustiano Carranza se propuso confrontar la usurpador Victoriano Huerta, y se llamó así porque pretendió restablecer el orden constitucional, violentado por el golpe de Estado que llevó a Huerta al poder. Prosigue Garciadiego: “Luego de vencer al Convencionismo, los Constitucionalistas tenían que enfrentar otro problema complejo, ya no militar sino político, pasar de facción revolucionaria a gobierno”, y eso llevó a la necesidad de plantear una nueva Constitución.
Prosigue aún: “Igualmente obvio era que restaurar la Constitución de 1857 hubiera sido un retroceso respecto a la compleja y rica normatividad con la que la facción Constitucionalista había luchado y gobernado desde 1914. Piénsese en las Adiciones al Plan de Guadalupe, de diciembre de ese año, y en la ley agraria del 6 de enero de 1915. Piénsese en toda la legislación decretada durante todo el llamado periodo preconstitucional, entre 1914 y 1916, sobre temas y asuntos inexistentes en la Constitución de 1857, desde el petróleo hasta el problema obrero, ausencia de normatividad ésta que se tornó dramática durante los conflictos de Cananea y Río Blanco.”
“Carranza y sus colaboradores estaban conscientes de que tenían que promulgar una nueva Constitución, que no sólo convirtiera en texto constitucional a los principales decretos del periodo preconstitucional, sino que aprovechara todas las propuestas pertinentes que habían sido planteadas por los diferentes grupos y protagonistas del periodo revolucionario, desde el programa del Partido Liberal de 1906 hasta el reciente Programa de Reformas Político-Sociales de la Convención. Sabían que la única forma de conseguir legitimidad para su gobierno, y de alcanzar una auténtica y cabal pacificación del país, para así poder comenzar su reconstrucción y transformación, que no son sinónimos era integrando las principales banderas revolucionarias.”
“Sabían”, eso es trascendental. Para gobernar bien hay que “saber”, saber mandar y saber en términos de conocimiento. Sin duda los constitucionalistas eran sabios, independientemente de su escolaridad, lo que por lo visto no ocurre con la gran mayoría de los legisladores actuales. Y bueno, aquí y en todo el mundo la política ha degenerado de ser un arte, un ejercicio del saber y de la astucia, a ser un teatro de burdas trapacerías, y qué no decir de la ignorancia que nos muestra el video de los diputados, ¡precisamente en el contexto del centenario de nuestra Constitución!
Bueno, de nuevo pensando en que para muchos lo más importante del 5 de febrero no fue la conmemoración de la Constitución —que, si bien toda remendada existe y puede recomponerse— sino ese deporte gringo que tiene su máxima expresión en el Superbowl —al cual, por cierto, muchos políticos mexicanos, incluso rectores asisten, como un pose de riqueza— y de inmediato pienso en Tribilín o Goofy con su magnífico video “Como jugar football americano”, que pueden consultar en YouTube.
El Padre Ubú, en su lejano país estuvo por suerte lejos de los supebowles y por desgracia también de las constituciones que permiten normar y poner orden a los gobiernos y evitar los despotismos, pero… así es la historia.









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