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¡2 de Octubre no de olvida!

· octubre 6, 2017

 

Ismael Ledesma Mateos

 

Ya he escrito de esto, pues es sin duda un día que rememora uno de los más impactantes acontecimientos de mi vida. Como ha dicho Enrique Krauze, “México no fue el mismo después del 2 de octubre de 1968”. Mi vida tampoco fue la misma: tenía ocho años, pero supe lo que era la muerte por una posición política. Yo crecí entre imágenes de la Independencia y de la Revolución mexicanas, con los retratos de Miguel Hidalgo, de Plutarco Elías Calles y de Adolfo López Mateos en las paredes de mi casa. Qué asco saber que un gobierno supuestamente emanado de la revolución, asesina a estudiantes que luchan por una causa libertaria, que pugnaban por el diálogo, en contra de la represión, lo que defendió mi abuelo en 1910 al lado de Aquiles Serdán (papá Vicente, quien no murió porque lo enviaron a llevar unos documentos a Madero), cuando el 18 de noviembre todos (menos Carmen Serdán) fueron masacrados en la Casa de Santa Clara, aquí en nuestra Puebla de los Ángeles y de Zaragoza, y yo diría de Porfirio Díaz, quien realmente fue el artífice del triunfo en la batalla del 5 de mayo de 1862.

El Rey Ubú no ganó batallas y tomó el poder por un abyecto golpe de Estado, que es la encarnación de lo que no es ni debe ser la política y el gobierno, y con la Madre Ubú y con el Capitán Bordura como su brazo armado ejercieron un poder autocrático como el de Gustavo Díaz Ordaz, un ser que no pudo entender que el poder se ejerce para el beneficio de todos, no de manera omnímoda, sino pensando en la nación y en el pueblo. No hay duda de que el reino de Ubú sería muy similar al México de Díaz Ordaz, ¡personaje, por desgracia, poblano!

Yo, anclado en el reino de la subjetividad y de las representaciones individuales y sociales, no puedo olvidar el 2 de octubre, las imágenes de la masacre y su significado político e histórico. Meses antes, enfermo en una crisis de asma vi en la televisión los acontecimientos de la invasión soviética en Checoeslovaquia, usando tanques similares a los que el gobierno de Díaz Ordaz mandó utilizar en la masacre de Tlatelolco. Para mí la Primavera de Praga fue algo emblemático, un movimiento libertario en contra del autoritarismo, la esencia de lo que debía de ser el socialismo para transitar al comunismo. La manera como irrumpieron los tanques de guerra de Alemania oriental para realizar la represión por orden de la URSS fue impactante. Años después, pude ver la película de Costa Gavras La confesión (L’Aveu) y leer el libro del mismo nombre escrito por Artur London, en el que se basa el filme y confirmar la sensación nauseabunda —en el sentido sartreano del término— de esa invasión asquerosa y repugnante.

Y qué decir del mayo francés, de la represión al movimiento estudiantil de ese mismo 1968. Aquí —enfrente a mi ordenador en el que escribo— tengo en uno de mis libreros una foto de Jacques Monod —uno de los biólogos que más admiro— rescatando a un estudiante herido en las barricadas del movimiento estudiantil de ese año. Se trata de un tiempo de convulsión, donde en todo el mundo se buscaba un nuevo cauce, una salida ante un orden caduco y obsoleto. Era necesario cambiar el mundo y los jóvenes decidieron hacerlo y fueron brutalmente reprimidos. Yo aún era un niño, pero compartía ese deseo y esa voluntad y por ello sufrí al saber de esa brutal represión.

En Puebla también se dio esta voluntad de cambio, que culminó en el movimiento de Reforma Universitaria, que llevó a que el Partido Comunista Mexicano tomara el control de la Universidad Autónoma de Puebla a partir de 1972. Hay gente que tiene la idea de que Puebla es una ciudad religiosa, conservadora y de derecha, y no tiene noción de lo que en realidad es. Puebla fue la cuna de la revolución mexicana de 1910, con grupos de masones radicales, donde se formó el Partido Radical Socialista, del que mi abuelo fue diputado, un lugar donde la lucha de clases, en el sentido más estrictamente marxista es impactante. Es una ciudad de contrastes y de una fuerza enorme. Hay los “pipopes” (significa: “pinches poblanos pendejos”) y nosotros, los “poblanos chicharroneros, rompemadres y culeros”, y esa diferencia es real. Y por eso Puebla es una ciudad que fue cuna de liberales y revolucionarios, así como de reaccionarios derechistas. Una leyenda colonial narra que en Puebla no se podía andar descalzo, pues se le quemarían los pies al que lo hiciera. Aunque fue hecha por los ángeles, está más cerca del infierno que del cielo. Bueno, ¡yo me asumo como chicharronero!

El 2 de octubre marcó a la nación, pero eso no queda sólo en una fecha: generó una ola de trasformaciones determinantes para el cambio. Las mentes simples no se percatan de ello, pero el mundo fue distinto de una manera impactante. Incluso los planes y programas de estudio de las universidades se modificaron. En pleno contexto de la Guerra Fría, irrumpe el marxismo y el pensamiento de izquierda. Lejos de que la represión hubiera aniquilado esas ideas, las fortaleció. Después del 68 la reflexión de izquierda se consolidó. Surgieron fenómenos complejos como la guerrilla urbana en diferentes países y la búsqueda de alternativas ante la hegemonía capitalista. La represión y las masacres no fueron capaces de apagar la luminosidad del deseo de cambio, y eso fue algo realmente importante.

El llamado “comunismo soviético”, que en realidad no lo fue, mostró en 1968 su lado más oscuro con la represión en Checoeslovaquia, como también lo hizo el supuesto régimen revolucionario del PRI de Díaz Ordaz. Fue la encarnación del estatismo populista y autoritario que no duda reprimir las expresiones críticas y contestatarias, al igual que el gobierno de De Gaulle en Francia. Por todo ello, no podemos dejar de pensar en el 68, aunque ya hayan pasado muchos años. Yo era un niño, ya no soy tan joven, pero no puedo dejar de recordarlo, a 49 años del impacto.

Sin embargo, hay otra razón por la que no puedo olvidar el 2 de octubre y ésa es científica, más bien ligada a la historia de la biología. Cuando tuve la dicha de dirigir la Escuela de Biología de la UAP, la cual fundé, siempre hacía un acto el 2 de octubre, primero para conmemorar la masacre de Tlatelolco y adicionalmente para recordar que el 2 de octubre de 1915 se fundó la primera institución dedicada a la investigación biológica en México, la Dirección de Estudios Biológicos de la Secretaría de Fomento (DEB), a cargo de Alfonso L. Herrera, gracias a la gestión del ingeniero Pastor Rouaix, quien convenció al presidente Venustiano Carranza de la necesidad de formar esta institución científica y desaparecer el obsoleto Instituto Médico Nacional, que ocupaba esas instalaciones en la esquina de Ayuntamiento y Balderas, cerca del centro de la Ciudad de México, edificio diseñado por el arquitecto Carlos Herrera López, hermano de Alfonso L. Herrera, para alojar una institución de investigación acerca de los recursos naturales de México, bajo un proyecto de su padre Alfonso Herrera Fernández.

La historia de esa institución es por demás compleja, pues con la restauración de la República, el gobierno del presidente Juárez considera que es importante realizar investigaciones acerca de los recursos naturales del país, tal como intentó hacer el gobierno francés de Napoleón III con la Commission Scientifique du Mexique y le pidió a Alfonso Herrera Fernández que realizara tal labor, la cual se concretó en el gobierno de Porfirio Díaz. Sin embargo, el gremio de los médicos se movilizó para hacer que la nueva institución fuera el Instituto Médico Nacional, donde en realidad se hacían estudios de botánica y farmacognosia, y no de medicina en el sentido estricto del término.

Tanto por el impacto del 2 de octubre en mi niñez, como por el conocimiento de la historia de la biología (de lo cual vivo), esta fecha es memorable, inolvidable y trascendente. El 2015, un día como hoy realice un homenaje a Alfonso L. Herrera por haber fundado la primera institución de investigación en biología y también recordé a los universitarios asesinados en Tlatelolco

El Rey Ubú junto con el Capitán Bordura hubiera sido capaz de una represión tan brutal como la del 68, y no hubiera de ninguna manera creado una institución científica como la DEB, que por cierto también desapareció por una decisión autoritaria.

¡Vamos a interrumpir aquí!

[email protected]

 

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