Ismael Ledesma Mateos
El Padre Ubú estaría contento con el olvido de la fundación de la primera institución dedicada a la investigación en biología en México. Pero no fue así, sin embargo, pues la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología A. C. (SMHCT) realizará este 2 de octubre una ceremonia conmemorativa del centenario de la creación de la Dirección de Estudios Biológicos (DEB), con el auspicio de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM.
Alfonso Luis Herrera López (1868-1942) fue un científico dedicado a la biología con gran pasión; aunque farmacéutico de profesión, sin duda alguna fue el primer biólogo de México, así como el principal introductor del darwinismo en el país. En 1897 escribió su obra Recueil des lois de la biologie general, en la cual recapitula las que considera son las leyes de la biología general. Más adelante imparte la primera cátedra de biología en el país en la Escuela Normal para profesores. Ante la ausencia de un texto apropiado para su enseñanza, escribió Nociones de biología (1904), que puede considerarse como el primer libro mexicano de esa ciencia.
Cuando estudié la carrera de biólogo en la UNAM nadie me hablo de Herrera. Yo supe de él por casualidad un día en que esperaba a mi tío Miguel mientras sacaba su carro del estacionamiento, cuando en una librería de viejo que estaba junto a éste, encontré la edición francesa de otro de sus libros: Notions générales de Biologie et de Plasmogenie Comparées (1906). Herrera me pareció, desde ese momento, un personaje apasionante.
Para cualquiera en nuestro país el 2 de octubre no se olvida, y no por consigna sino porque es una herida abierta en la dignidad y la conciencia. La fecha de fundación de la Dirección de Estudios Biológicos coincide en el calendario: se mezclan en la misma casilla dolor y júbilo, y al final, la esperanza.
La DEB fue una institución científica que ocupó el lugar del Instituto Médico Nacional (IMN), proyecto original del gran naturalista Alfonso Herrera Fernández (padre de Alfonso Luis Herrera López), quien pensó en una institución dedicada al conocimiento de los recursos naturales del país. Esto no pareció importante para la poderosa comunidad médica, por lo que desplazaron a Herrera Fernández, haciendo que en el IMN se hiciera “investigación médica”, cuestiones relacionadas con la botánica y la farmacognosia. A la muerte de Ignacio Altamirano, su primer director, entró en un periodo de absoluta decadencia y bajo la dirección de José Terrés, en plena revolución, era una posada del fracaso.
Conociendo tal situación, Alfonso Luis Herrera planteó al ingeniero Pastor Rouaix —el intelectual más cercano a Venustiano Carranza, lo que en términos de Antonio Gramsci sería un intelectual orgánico— la necesidad de crear una institución dedicada a la investigación en una nueva e importante ciencia, la biología.
Entre 1915 y 1929, la dirección a cargo de Herrera realizó contribuciones fehacientes y significativas al desarrollo de la ciencia biológica en el país y en el mundo, y no sólo en lo que toca al origen de la vida —que sus detractores atacaban—, sino en diversas facetas útiles para la nación. Sin embargo, en 1927, luego de un intrincado juego de intereses políticos y personales fue enviada a la Casa del Lago en el Bosque de Chapultepec, donde luego se ubicó el Instituto de Biología de la UNAM.
Herrera fue un creador de instituciones, de programas de enseñanza y del primer libro mexicano de biología. Es un personaje extraordinario de la historia de nuestro país, que debe ser recordado con orgullo pues la historia no sólo es la de batallas sangrientas lideradas por valientes y nobles generales. También se sirve a la nación fundando instituciones como la DEB y con investigación científica de la altura de la de Don Alfonso. A él se le debe una de las primeras y más originales teorías acerca del origen de la vida, la “plasmogenia”, citada y reconocida como tal en importantes libros de biología, realizada en laboratorios de la DEB.
Con la fundación de la Escuela de Biología durante el rectorado en la UAP de Alfonso Vélez Pliego, el 14 de julio de 1987 pensé en la imagen de Alfonso Luis Herrera López como un símbolo de identidad y cohesión para la nueva comunidad, pues en él encontré lo que es en verdad la pasión por la ciencia y la importancia de dedicar la vida a ella. La creación de la nueva escuela estuvo rodeada de animadversión: los químicos querían que fuera una carrera más de su escuela, los médicos la querían incorporar, también los veterinarios y hasta algunos físicos, siguiendo el modelo de la Facultad de Ciencias de la UNAM. “¡Ni madres, escuela independiente o nada!”, le dije al rector.
Y ¿qué tiene que ver esto con Herrera? Pues precisamente la misma idea: la biología como una ciencia autónoma y unificada.
Más adelante fundé la cátedra Alfonso L. Herrera, referente al “origen y evolución temprana de la vida” e instauré la medalla Alfonso Luis Herrera López, que fue otorgada a José Sarukhán, a Antonio Lazcano Araujo, a Francisco Bolívar Zapata, a Helia Bravo, a Jerzy Rezedowsky, a Gonzalo Halffter y posteriormente fue otorgada a quien esto escribe.
Ahora, en 2015, recordar los cien años de la fundación de la Dirección de Estudios Biológicos es necesario: el país pareciera estar sumido en la miseria y la desesperación; para salir de ese marasmo nos puede servir volver a nuestra historia, conocer que además de sangre ha habido personajes que, como Alfonso Luis Herrera, han aportado algo bueno a la humanidad y dejado una semilla que vale la pena seguir cultivando, en este caso la del conocimiento científico.
La fundación de la DEB representa un momento determinante para la ciencia en nuestro país. Alfonso Luis Herrera fue capaz con ello de reivindicar la memoria de su padre y poner en marcha un proyecto científico de gran envergadura. Es por ello un gran honor encabezar la ceremonia que conmemora un momento determinante para la biología en México. Por ello, para los biólogos, esta fecha debe estar presente, pues significa un elemento determinante para su institucionalización.
Si algo ha dado la ciencia mexicana al mundo es la contribución de Alfonso Luis Herrera. Festejemos en su memoria los cien años de la Dirección de Estudios Biológicos. Eso para el Padre Ubú es intrascendente e incomprensible.









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