Entrevista con Maty Navarro
Maritza Flores Hernández
(Fotografías de Verónica Flores Pérez)
Maty Navarro, pintora, desvela cuál es el don que la vida le ha dado al arte. Reflexiona sobre el futuro del costumbrismo y sobre cómo, mientras pintaba un Jesucristo, rogaba porque la pandemia se acabara.
El local número 25 del tradicional Barrio del Artista de la ciudad de Puebla aloja a una de las artistas mas emblemáticas de la ciudad y del estado de Puebla. Se trata de la pintora Maty Navarro, quien ha hecho de este espacio el estudio donde trabaja todos los días, y en el que nos recibe para platicar sobre su arte y el mundo que dejamos.
Maty, tienes más de 100 exposiciones colectivas y muchas otras individuales. ¿Cómo le hace una artista mexicana, poblana y mujer para lograr que le soliciten su trabajo en cien exposiciones?
No sé si sea difícil, pero he estado presente en todas esas exposiciones colectivas, y a lo mejor un poquito más; y a las individuales igualmente me han invitado. He tenido la fortuna de que me inviten, y yo encantada de mostrar mi trabajo, lo que hago, lo que siento.
¿Por qué decidiste ser pintora?
Cuando yo era niña le decía a mi papá que quería ser pintora —no sé quién me dijo, porque los medios de comunicación no estaban a la orden del día, como hoy. Le dije que quería estudiar, y me dijo que sí, pero no me dijo cuándo.
Somos nueve hermanos, mi padre era el único que trabajaba. Ya te imaginarás lo que significa sostener a nueve hijos, es muy difícil.
Mi mamá no podía trabajar, ¿a qué hora con tanto hijo? Y no se acostumbraba que las mujeres trabajaran. Pero mi papá me decía: un día de estos te voy a llevar para que estudies, voy a investigar.
¿Cuándo te animaste a tomar los pinceles?
Me casé muy joven. Tengo a mis niños: tres hijos. Tuve a mi primer hijo a los 18 años. Me dediqué en cuerpo y alma a ellos. Tengo excelentes hijos, trabajadores, educados; no perfectos, porque nadie es perfecto.
Llega un momento en que entran a la universidad y ya no necesitan a la mamá. Y es cuando yo aprovecho y me pregunto: ¿qué voy a hacer con mi vida? Tengo tres opciones; pero cuando yo digo “pintura”, el corazón me late más fuerte y me digo: “voy a estudiar pintura”.
Desconocía los tipos de pinceles, las técnicas; pero dentro de mi corazón sentía la pintura.
Voy a Casa de Cultura, investigo. Daban una clase a la semana. La maestra daba dos pero era otro pago, y yo acepto las dos clases.
La maestra nos enseñaba con el modelo vivo. Si ibas a pintar una sandía, tenías que llevar la sandía; si ibas a hacer un bodegón, llevabas todos los elementos.
Un día, cuando mis hijos ya estaban en la universidad, tomé sus zapatos de ballet. Ellos iban a danza desde los 14 años (con un ballet muy importante, recorrieron Europa).
La danza es una cosa que me atrae, me encanta la fuerza de los bailes; y yo llevo los botines de mis hijos como modelos y ahí anduve cargando todos los zapatos. Ahí es donde aprendí a pintar.
Tu obra recoge mucho de las tradiciones, de la cultura e incluso de los bailes tradicionales de distintas regiones del estado de Puebla. Tú escogiste el costumbrismo mexicano, ¿por qué?
Desde niña siempre andaba dibujando. A pintar no, porque no tenía pinturas.
Empiezo a pintar, hago paisajes; pero sentí —porque yo creo que más que pensar, es sentir— que esto es como lo hacen los doctores: estudian una carrea y, al final, escogen una especialidad.
Yo he pintado paisaje, bodegones, pero es mi México lo que me motiva.
Mis hijos bailan con el ballet de Amalia Hernández. Cuando yo fui joven bailé danza folklórica, así que conozco un poco de nuestros bailes, de nuestro folklore, y cuando veo a mis hijos bailar me emociona más, me atrae más. Aparte de todo esto, amo a México.
¿Por qué no pintas al México de los edificios modernos, de los niños con sus laptops, que toman sus clases on line, que todo revisan en sus tabletas?
Yo creo que sí lo considero; pero me atrapa el otro México, porque esas son nuestras raíces. Y para llegar a esos edificios, pasamos antes por las raíces.
Trabajas con modelos vivos. Si te piden un retrato, ¿lo harías?
Sí, lo haría. Lo he hecho.
Del retrato, lo que más me gusta son los ojos y la boca. En los ojos se ve la alegría, la tristeza, la euforia, si son jóvenes, e inclusive en personas adultas.
Los ojos, igual que la boca, hablan aunque estén en silencio.
Hay modelos que requieren de un retrato con los labios más gruesos o más delgados, lo hago (eso es lo que pide la gente).
¿Has pintado desnudos?
También he pintado desnudos. Tengo una anécdota: para una exposición en la universidad Cuauhtémoc, entre las obras, llevé un desnudo y no lo pusieron.
Era de una chica atractiva, esbelta, con un rebozo que caía desde la cabeza, bajaba por los hombros. Pero el desnudo no era grotesco: se veían parte de los senos y de la cadera; era un desnudo muy bonito.
Alguien me dijo que a un familiar del rector le provocó un sentimiento: “¡cómo se iba a presentar eso a los alumnos!” Tiene muchos años esa anécdota.
Si el modelo fuera un señor de 99 años, ¿aceptarías a ese modelo para un desnudo, o le pondrías alguna clase de restricción?
No le pondría ninguna restricción.
La edad tiene sus encantos, las arrugas son muy atractivas, tanto en el rostro como en el cuerpo. Son bellas.
Es claro: Maty Navarro es una artista porque encuentra la belleza en todas partes, especialmente si se trata de un ser humano.
Ahora bien, hay exposiciones mundiales de figuras de gran tamaño; por ejemplo: la araña gigante (titulada Mamá, de Louise Bourgeois), o el perro hecho de acero inoxidable simulando globos gigantes (nominada Balloon Dog, de Jeff Koons) ¿Qué opinas? ¿Es arte?
Yo pienso que sí es arte.
Todo lo que salga de la mente y del corazón humano es arte.
¡Ah!, pero muchas personas lo aceptan; muchas, no.
Ése es precisamente el mensaje del artista. No lo hace para que a todo el mundo le guste, porque no habría variedad.
El arte no está hecho para complacer (a los demás).
Si el arte no está hecho para complacer, entonces, ¿cuál sería su función?
La función del arte es que tu espíritu se regocije al ver una obra de arte. Llámese pintura, danza, etc. Porque cuando ves a alguien bailar folklore, danza clásica, te emocionas, y ése es el regalo que la vida le ha dado al arte, para que el ser humano se regocije y se emocione. Todo lo que tenemos en la vida, son momentos especiales, para que tu espíritu se regocije.
¿Qué regocijo encuentro en una araña gigante, Maty?
Hay muchos que temen a una araña pequeña; les da horror, pánico, fobia y todo. Pero hay quien ve eso (una araña gigante) y se emociona, y dice: “¡ay, qué preciosidad!, ¿quién lo hizo?” Hay para todos.
Con el arte, nos emocionamos, nos sentimos vivos, nos da alegría, nos hace sonreír, nos hace enojar. Decimos: qué horror, ¿qué es esto?
En tu obra, hay una evolución. Vienes de unas figuras muy claras. Sin embargo, también vemos pinturas con simbolismos: flores y hojas exuberantes, con un corsé que recuerdan a Frida Kahlo.
Sí, claro que sí, tienes razón. Me invitaron a una exposición de Frida Kahlo.
Pero no quise pintar a Frida tal cual. Entonces, esas flores y esos bordados que ves son los que usaba ella. Creo que a ella le hubiera gustado tener un corsé de esos y lucirlo. Lo sé porque ella usaba un corsé para poder sostenerse; pero su corsé eran unos aros de fierro… ¡pobre Frida!
Yo digo que a ella le hubiera gustado un corsé con esos bordados, porque ella usaba esos bordados y trajes típicos. Ésa fue mi intención.
Al pintar este corsé, ¿pensaste, además, en alguien como Madonna?
No. Pensé en ella misma, en Frida Kahlo. El corsé que pinté es un claroscuro, es un contraste totalmente fuerte. Es un bordado de Oaxaca. Pero es muy bello, muy femenino. En esa Frida que todos conocemos hay algo de sensualidad; pero no le quita la belleza ni a ella ni al corsé.
Hablando de esta evolución, vemos que tienes cuadros de imágenes más clásicas.
He hecho dos cuadros de Jesús.
Este último fue de los días que estuvimos guardados. El cuadro fue un encargo, lo tengo todavía en casa. Fue una emoción muy especial. Vieras lo que causa al verlo: me hace llorar.
¿Qué pensaste para representar a ese Jesús? Conocemos la obra porque la presentaste a través de las redes, durante el confinamiento.
Sí, yo lo presenté cuando más fuerte estaba la pandemia.
Yo pinté a Jesús con mucho sentimiento. Había momentos en que pintaba y pintaba, y no pintaba nada. No podía avanzar. Era algo fuerte.
Bueno, cada uno de los seres humanos cree en lo que quiere. Yo creo en Jesucristo y me emocionó, me hacía llorar. Todos nos aferramos a lo que cada uno quiere creer. Fue un sentimiento muy especial. Y rogaba que esto, la pandemia, se acabara.
¿Qué esperas que pase para ti, como artista, después de esta pandemia?
No lo sé a ciencia cierta. No he pensado qué espero. Pero lo que sí, estoy segura, que es un llamado de atención y nos hace reflexionar a cada uno de nosotros, a todos. Siempre tenemos algo que nos incomoda, pero nos va a servir a todos para corregirnos.
Ahora, durante la pandemia y un poco por casualidad —porque una persona te encargó al Jesucristo—, te reencontraste con tu propio espíritu. Después de la pandemia, tu pintura, ¿cómo se verá afectada o transformada?
No sé si vaya a ver una transformación. Pero hay un sentimiento muy especial para seguir pintando, porque de alguna manera tenemos la oportunidad de seguir trabajando, porque desafortunadamente hay gente que ya no está; porque hay pintores, maestros, que ya no están, murieron.
Entonces, si todavía tenemos vida, tenemos la oportunidad. Hay que seguir trabajando. Y revolotean en mi mente y en mi corazón temas costumbristas, temas no costumbristas; revolotean.
Vemos, a través de los medios de comunicación, a los niños sentados alrededor de una televisión; o sosteniendo un celular junto a un poste para captar la señal de wi fi a fin de tomar sus clases. ¿El costumbrismo se transformará con esto? ¿Vamos a ver en las obras de Maty Navarro a un niño con su traje tradicional de Papantla tomando sus clases mediante wi fi?
No sé si tomando sus clases, pero yo creo que algo actual, sí.
Las obras en los museos nos muestran cómo vivía la gente en el pasado. Entonces, ¿los cuadros de Maty Navarro enseñarán a los niños del futuro (de dentro cien o doscientos años) cómo era la Puebla de la pandemia?
Yo creo que cada uno de los artistas está pensando en algo de lo que comentas; porque sí, vemos cómo los niños están en sus hogares, en los patios. Cuando los ves salir, los ves con sus celulares. Es un cambio.
Y como se dice, los artistas son cronistas del tiempo. Tenemos que hablar, desde nuestro arte, de este tiempo.
Se ha dicho que quedan cesantes todos los fideicomisos; esto, ¿cómo les afecta a ustedes, los artistas?
Nos afecta a tal grado que nos entristece. Mucha gente vive de esto. Pero, ¿cómo muestras tus sentimientos? Y la gente también está deseosa de saber y ver qué hay de sus artistas. ¿Dónde se van a presentar?
Tengo algunas amistades que no había visto ni sabía de ellas de tiempo atrás y me hablan para decir ¿cuándo vas a exponer?, ¿dónde se presentan?, ¿dónde te vas a presentar? Y no nada más yo, sino que imagino que esto ocurre a todos los artistas.
En México hay grades artistas, en Puebla hay grandes artistas. Pero ¿dónde está el apoyo?
¿Qué clase de apoyos requieren los artistas?
Se requieren apoyos, exposiciones y salir. Me gustaría mucho salir. Parte de mi obra está en Europa y me preguntan cuándo va a haber una exposición en España.
¿Qué tan importante es la exposición?
La exposición es muy importante porque muestras tu trabajo, tu sentimiento, tu fuerza y amor, tu energía particular. La pintura requiere de todo eso.
Tú llevas la obra a un público, a un país, para mostrar lo que hay en México. Eso es maravilloso.
Me han dicho: “maestra, ¿por qué no vienes a España, a Francia?”, “¿por qué no vienes a montar una exposición?”
Para eso se necesitan recursos y ahí es donde necesitamos apoyos.
Yo puedo ahorrar, comprar mi boleto y me voy; pero, ¿el traslado de la obra? Eso es lo difícil.
¿Has pensado en poner, en alguna de tus obras, la figura del presidente, un poco al estilo de Botero o de Velázquez? Ellos pintaron a los gobernantes de su tiempo.
No lo he pensado.
Pero, sí, llegan a mi mente ideas. Voy hacer un trabajo presentando las guerras, con sus presidentes, los momentos históricos; como decíamos, los artistas somos cronistas.
¿Qué mensaje te gustaría dejar a las generaciones futuras de lo que ha sido la Puebla de la pandemia?
Un mensaje de lo que sucedió, de lo que pasamos, de lo que dejamos, de lo que sí podemos. De lo que estamos haciendo ahora. Lo demás, el confinamiento, ya pasó. Nosotros, ahorita, estamos aquí. Quiero decir: tenemos la oportunidad de vida para seguir creando, y estamos muy agradecidos, pero súper- agradecidos.
Maty Navarro no está segura respecto a si el costumbrismo se transformará o no, y menos de qué modo podría acontecer. Sin embargo, envía un mensaje, no sólo a las generaciones futuras, sino también a las actuales: la vida ha dado al arte un don, el de regocijar al espíritu humano. Por ello, el hombre del ahora debe superar la pandemia y, aferrado a sus creencias, dejar atrás el pasado, agradecer la oportunidad de estar vivo y ponerse a crear (o sea, a trabajar).














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