Fernando Percino
Los veterinarios son artistas del enigma y el silencio. Tienen que leer la enfermedad en la mirada de sus pacientes, en su gesto, en el avance de los días y los efectos de los medicamentos asignados. A veces la muerte los vence, pero ¿quién, que no sea Cristo, no ha sido vencido por la Parca? Catón de Aquilea dijo alguna vez: “Aquel que tiene en sus manos el don de curar a un lobo salvaje y herido, no puede ser algo más, que un hechicero de amor”.









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