Víctor Benítez
acabábamos de coger
te dije: a mí no me gusta jamiroquai
y tu dale y dale con una canción
hasta que cerré ventanas y también
la boca —dos bocas— engrapadas a besos
amargos, de amante cebú, bromoso
semental, toro amarrado antes
de la fiesta brava. tú eras la saeta
cubierta de
fino oro en la punta
te besé y te dije que íbamos a venirnos los dos al mismo
tiempo; abriste la mente y yo me vi en tus oscuros sueños
nunca digo para siempre ni ante lo eterno
pero me vertí de sal contra tu cuerpo
salomón- saba. atila-lldico. love-cobain.
sí, cogimos; sí, envenenándonos; dual
como buscando el otro lado de la muerte
o de cualquier cosa detrás de tu espalda
(bordes nácaros, lunares encriptados,
amores de tatuaje en un rojo de tabaco)
¿perdiste tú antes que yo?, quién sabe
pero sí perdiste cordura y albedrío:
un cubo imperfecto pero de exacta arista
para dos pares de ojos polinómicos en
lo más negro de la miel casi azul del celo
de la materia oscura, de la boca-prisión
de estrellas desiguales que no encajan
y
desde la ventana nos oyó el recolector
el chatarrero, el que vendía biblias…
corcobado fugó su trompeta, eficaz
como la soga en el cuello de saddam
llegó la hora de mirar los mapas del techo
y te dije que ni el oral era tan dulce
como los versos que te iba a decir
justo en ese chingado momento
no sé si balbucié algo hermoso
no sé cuántos fueron
desconozco al autor
cualquiera pudo ser virgilio
el televisor no dejaba de sonar
y sostuve en los dedos un cigarro
como si fuera la palabra de dios
y caí que tenías 19 y yo 37 años
—te pondré el disco que escucho cuando no estás
—ponme si quieres un clavo y estricnina en el vaso
pero muéstrame la ruta más corta al odio absoluto
te adoro…
(y sonó mark lanegan).
(Poema del libro inédito: El hombre que quería escribir una novela de amor)









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