Eugenio Montale
En la historia de toda poesía, no sólo de la italiana, de vez en cuando alguien aparece y proclama que es tiempo de romper los vidrios y “renovar el aire viciado”. Ungaretti, que aportó realmente una nueva libertad a la lírica de hoy, no hizo ninguna declaración al respecto antes de publicar El puerto sepultado (1916). Y, a decir verdad, no podía hacerlo, puesto que un río de palabras en libertad y el versolibrismo fueron los antecedentes inmediatos de sus primeros poemas. Él fue el único que, en su tiempo, logró aprovechar la libertad que ya flotaba en el aire; los demás no supieron qué hacer con ella y cambiaron de oficio o gimieron sintiéndose “incomprendidos”.
A partir de entonces, la poesía italiana cambió de rumbo. Nos hemos dado cuenta de que la lírica no requiere mayormente de la libertad, y de que no se renuncia a determinados esquemas sin que surja la necesidad de crear otros, mucho más arduos que los que ofrece la tradición y sujetos a un desgaste más rápido, en concordancia con su evidente singularidad.
Ungaretti también ha recorrido mucho camino desde aquel tiempo: el libro compuesto con los poemas rechazados y sus variantes conservará, para el lector del mañana, un conjunto de modelos que él rompió o desechó; son una especie de plantillas y aproximaciones a su trabajo. Pero quizá sea mejor sorprender los secretos de su fragua en la primera edición de Alegría de naufragios, donde vemos en acción a la poesía ungarettiana, con esa dosis, mayor o menor, de extraño o de diferente, que nos permite verla en movimiento, en la frontera de dos tiempos, de dos gustos o, incluso, de dos lenguas distintas. Un lector atento hará bien en cotejar las numerosas versiones de Ungaretti —las cuales, a menudo, dejan de ser variantes para convertirse en otros poemas o en otras hipótesis de poemas— en las ediciones sucesivas y no en los cuadros esquemáticos, donde éstas aparecen como inertes claves de acceso al “texto definitivo”, algo que casi parece rechazar el carácter de su lírica.
Poeta in progress en el mejor sentido del término, Ungaretti nos ha dado —acerca de los límites y del sentido de la libertad poética— una lección que siempre tendrá para nosotros un valor inestimable.
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Letteratura, No. 36, Florencia, septiembre-diciembre de 1958. Tomado de Eugenio Montale, Sobre la poesía, UNAM, México, 2000.









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