Antonio Bello Quiroz
Los seres humanos nos constituimos a partir de la relación con el Otro (el gran Otro, como lo llama Lacan). De entre las figuras del Otro que conocemos, el lenguaje ocupa un lugar primordial. El Otro ocupa siempre el lugar de la palabra, de tal manera que si el sujeto deviene ser hablante es porque ocupa un lugar en el deseo del Otro. Así, la forma en que cada sujeto se vincula con el mundo está determinada por el deseo del Otro. Las estructuras clínicas que propone el psicoanálisis (psicosis, neurosis y perversión), más que a una anormalidad o una enfermedad hace referencia a la relación que el sujeto tiene con el lenguaje, la ley, la cultura, el cuerpo, el “otro sexo” y la muerte. Es decir, por la relación que tiene con el Otro.
Una forma radical del ser se presenta en los niños que cursan con autismo. Desde luego que los niños que cursan con autismo también están marcados por la relación con el Otro, sin embargo, la forma de estarlo es leída de diversas maneras por los distintos discursos “psic”, psiquiátricos, psicológicos, pedagógicos, etcétera. Casi todos estos discursos se han subido en la vorágine de clasificación y diagnóstico con que la niñez es bombardeada. Estos paradigmas reproducen sin cesar teorías, tratamientos (médicos y terapéuticos), estudios, investigaciones de una forma vertiginosa. Incluso todo lo anterior acoplado a cada edad, sexo, etapa o estadio del desarrollo. En casi todas estas acciones, como en general ocurre con la niñez, la palabra del niño se encuentra silenciada. Este “tratamiento” no es casual ni inocente, obedece a claros criterios de mercado; al silenciarlo se niega su subjetividad y puede ser abordado como un trastorno o un déficit.
El psicoanálisis tiene una lectura distinta de la constitución del sujeto, y por tanto también la tiene con respecto al autismo. Parte de la idea de que el autismo es una forma singular del ser, atendiendo la posición subjetiva y haciendo lugar a su forma de vincularse con el lenguaje, esencialmente vinculado al cuerpo. El autista habla con el cuerpo cuando faltan las palabras, incluso, como señala Eric Laurent, “cuando el sujeto no habla, cuando incluso es sin cuerpo, el no-cuerpo del sujeto autista es una relación con el cuerpo: es decir, tiene una relación con todos los orificios del cuerpo, no tiene cuerpo y sí un borde de cuerpo”. Al respecto, Liora Stavchansky escribe en Autismo y cuerpo: “el cuerpo sin soporte de palabra pulsa sin tramitación. El niño se protege con el autismo de una dimensión devastadora que implica al Otro”. Ya arriba mencionamos que una de las figuras del Otro es el cuerpo, quizá sea la forma privilegiada en que el autista hace lazo con el Otro.
El psicoanálisis, para pensar la constitución del sujeto, parte de una evidencia molesta pero incontrastable: el ser humano no nace con un cuerpo. El psicoanálisis parte de una condición de prematuración de nacimiento. El ser humano no nace con un cuerpo, en todo caso, se hará de uno que le devuelva una imagen de unidad. Eso es justamente lo que falta en el autista, el proceso de corporización imaginaria. Justamente el proceso constitutivo del sujeto se encapsula en un cuerpo hecho de orificios pero sin imagen. De esta manera, el Otro no logra in-corporar al niño y éste es llevado a organizarse para tener una forma singular de apropiación de su cuerpo. Si no hay una imagen del cuerpo, el cuerpo y sus movimientos devienen objeto. Es desde su relación peculiar con el cuerpo que el niño autista encuentra su modo de hacer lazo social. En ese sentido es que el autismo es visto por el psicoanálisis como uno de los autismos, donde el inconsciente se muestra a “cielo abierto”.
El psicoanálisis nace escuchando a las histéricas que hablaban en su cuerpo, desde sus síntomas, de lo que la época les mandataba callar. En el abordaje del autista, como de todo sujeto, propone escuchar la forma singular de hacer lazo social, aun sea a partir del cuerpo. Con sus movimientos estereotipados, con su undulante ir y venir, con taparse los ojos o las orejas (los orificios del cuerpo) muestran una manera de habitar el cuerpo y una forma de estar en el mundo.








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