Juan Daniel Flores
Febrero y marzo en Puebla son meses donde el sol se desliza de un lado a otro de la banqueta sin piedad. A veces los árboles o el templo, pero otras simplemente nada nos protege.
Las tardes nos recuerdan a otro tiempo. Aunque aquí ya no hay tiempo para muchas cosas, tal vez sólo para morir, rezar o trabajar.
Es inevitable no añorar el tiempo en el cual los amores colgaban de la pared, uno de blanco y otro de negro, acompañados de cuadros de golondrinas y gente cenando en torno a un hombre.
Ahora estamos en el tiempo del desamor.
Los síntomas de la falta de amor no están en la falta de besos en los parques o de amantes (los que se aman) en las habitaciones clandestinas. Lo cursi no falta en los portales o en las bancas del barrio.
Las nubes, siempre despeinadas, anuncian que lloverá sobre el eterno desmadre del transporte público y de los que amenazan a los comerciantes del Morelos. Desamor por todas partes: en el semáforo, el mercado y el ciberespacio.
Bauman afirma que la vida social ya se ha transformado en una vida electrónica o cibervida.
Desamor en la cibervida poblana, en la tensión de quien se siente perseguido en pleno centro histórico, en la gente que cierra más temprano sus negocios, en los que cambian de acera al caminar por la noche y en las meseras de los bares que llevan y traen cervezas, comandas y alitas sin siquiera mirarte.
Aquí los cajeros son más importantes que las personas, por nada la gente mata, ofende o te aniquila con el filo de la lengua. Las campanas aderezan el silencio y la rutina. Los más halagüeños de la normalidad dicen que esto pasa en todas las ciudades.
En esta ciudad de dobles intenciones tal parece que el amor tiene que ver con globos, rosas y mensajes de celular.
Aunque don Zygmunt Bauman nunca visitó Puebla, seguro que aquello de hallarnos en una situación constante de incentivación y predisposición para actuar de manera egocéntrica y materialista es parte del desamor.
Aparentar el amor en las azoteas y los salones universitarios debería ser declarado deporte nacional para adultos y jóvenes.
Porque en toda ciudad, resguardada por arcángeles de piedra y filipinas poblanas, la gente adulta se duerme a las nueve, los jóvenes gastan en alcohol y los niños ya saben por qué sus padres se mensajean encerrados en el baño. La patología del desamor urbano es parte de un ego robusto, cachetón y abúlico. “Cada quien su pedo”. “De que lloren en su mi casa a que lloren en la tuya…” “Vive y deja vivir”.
Como dice el Flaco de Úbeda, pendulamos en esta ciudad entre el tedio y la pasión. Pero también entre el coaching de los buenos días y el individualismo mercenario que dicta: con que cambies tú, cambia el mundo.
El amor por estos lares, sólo huele a dinero malgastado, a besos de cebada y a cemita sin pápalo. No queda de otra.
Son las 22:24 horas; se escuchan seis tiros. Es sábado por la noche en cualquier parte de Puebla. Las bestias de motores, los perros y el silencio de una estación de radio que sale del aire, revolotean y se enredan en las horas de la noche. Los amorosos de Jaime tuvieron que ser forzosamente chiapanecos, difícilmente poblanos. Aquí parece que a nadie le preocupa el amor.
Al menos si un foco nocturno de algún puesto de molotes o de pepitas se asomara por la esquina para salvarnos de tanta indigencia. Mucho del amor y del desamor poblanuche tiene que ver con calmar la tripa.
Una ciudad sin amor le causa indigestión a los transeúntes. Así, es más probable que aumenten las mentadas de madre cuando el estómago está vacío. Por eso es importante que nunca falten en la ciudad las tortas de diez varos.
¿Será más bien que el amor urbano ya no espera nada, ya no tiene paciencia de nada? ¿Será que en Puebla padecemos de mal de amores? Ya a nadie le gusta esperar, menos padecer nada, menos por amor. ¿Será culpa de los súpers de cada esquina que colaboran para que todo sea rápido, contable y sin muchas palabras? ¿Culpa de la aspirina, las terapias para no sufrir y los padres modernos? Esperar en el amor es cosa más bien de semáforos de crucero y sociólogos urbanos.
I’m not in love de 10 CC suena después de casi 27 años en la radio. Mala sintonía. Habrá que esperar que la música no termine.
Es noche de sábado. Me gustaría decir que todavía te extraño entre la 16 Oriente y la calle de San Luis, pero no, los años en la ciudad le curten a uno el amor.
… porque sólo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.









No Comments