Alejandro Hernández Daniel
(FOTO: Joandomènec Ros i Aragonés. Revista NAT)
Hace algunos años, mientras estudiaba la licenciatura de Biología en la BUAP, recuerdo que en una materia llamada “Evolución” impartida por Guillermo Tello, estimado profesor y amigo, la condición para poder entrar a clase era leer previamente varios ensayos seleccionados por él mismo. Estos textos eran fotocopias que se utilizaban para hacer interesantes análisis y reflexiones entre colegas que al principio me produjeron incertidumbre al no poder comprenderlas del todo, pero que terminaron por fascinarme.
En alguna ocasión, al salir de la universidad, le pregunté al profe Memo cuáles eran los libros que escogía para sacar esos ensayos que nos daba a leer. Me proporcionó una serie de títulos y no tardé en percatarme, sin querer, que un autor era frecuente en varios de ellos: el geólogo dedicado a la paleontología, evolución, divulgador, historiador de la ciencia y profesor de la Universidad de Harvard, Stephen Jay Gould. La lectura de sus ensayos contribuyeron en gran parte a mi interés por la historia de la ciencias debido a que tienen como característica la mención de personajes científicos olvidados o ignorados, humanidades, cultura general e historia de una manera atractiva. La mayoría de sus libros son recopilaciones de artículos que Gould solía escribir mensualmente para revistas como Scientific American o su columna This View of Life en Natural History, así que en cuanto pude obtener el capital suficiente me dirigí a algunas librerías y bazares para buscarlos; por fortuna los pude hallar.
Él fue conocido en el debate de la evolución biológica debido a que publicó el artículo Puntuacted equilibria: an alternative to phyletic gradualism, en coautoría con el también paleontólogo Niles Eldredge, en 1972, que causó cierta polémica al sugerir breves y rápidos cambios evolutivos en algunos linajes fósiles a escala geológica separados por largos periodos de estabilidad, lo cual fue interpretado como un ataque frontal por los partidarios del conocimiento predominante de aquel tiempo.
Como profesor era frecuente que alentara a sus estudiantes a cuestionar las ideas establecidas, por más santificadas que pudieran ser. Instaba a relacionar campos diferentes de conocimiento o cultura popular debido a que uno nunca puede saber si algún detalle o aspecto de cuestiones como la lectura de cómics hasta la afición de un deporte pudiera iluminar alguna cuestión científica.
Tenía la particularidad de ser uno de los pocos científicos invitados y representados en la popular serie de televisión Los Simpson, donde hizo una aparición y prestó su voz en el capítulo Lisa la escéptica, inspirado en una visita que el productor y guionista de la serie, David X. Cohen, hizo al Museo Americano de Historia Natural.
Una de las frases predilectas de Gould, quien falleció en el 2002, era “el diablo se oculta en los detalles”, la que tomé prestada como consejo.
Advertí que en la portada interna de varios de sus libros había un nombre que constantemente se repetía como traductor de sus obras, lo cual me llevó a la reflexión de estar leyendo algo publicado desde hace varios años por una editorial en Barcelona, traducido al castellano y escrito por un científico angloparlante de un país y cultura diferentes. En aquel momento, la coincidencia de aquel nombre que se repetía quedó solo como una curiosidad al margen durante muchos años, hasta que al escuchar el seminario Génesis de la biología en México, Francia, España y Argentina: Centros y Periferias, que impartió el Dr. Ismael Ledesma Mateos, profesor e investigador en la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala de la UNAM en el año 2011, cobró una particular relevancia para mí.
El Dr. Ledesma mencionó los procesos sociológicos que van desde la constitución a la profesionalización de una ciencia. Destaco sobretodo la parte en la que explicó: “Cuando surgió la teoría celular en Alemania, alguien tuvo que haberla conocido en otros países de Europa; después alguien tuvo que leerla en alemán, llevarla a otro país, comentarla y discutirla con otros colegas, estar de acuerdo o no con la teoría, traducirla del alemán a otro idioma. Y luego alguien, comprar un libro que hablara de la teoría en alemán o en alguna otra lengua en cuestión, cruzar el mar Atlántico para llegar al continente americano, ponerlo a la venta o presentarlo en alguna sociedad científica”. Es decir, hay todo un proceso complejo y de movilidad dentro del cual los libros y textos son parte de la infraestructura de una ciencia, donde se materializa el conocimiento científico y en el que los traductores de textos juegan un papel importante.
Esto me hizo buscar de nueva cuenta el nombre de aquel traductor de los libros de Stephen Jay Gould, Joandomènec Ros i Aragonés, con quien decidí ponerme en contacto. Por fortuna respondió a mis mensajes. Al saber un poco más de él me llevé un par de sorpresas. La primera de ellas fue al averiguar que Gould no había sido el único científico cuyos libros el Dr. Ros tradujo al castellano; también lo hizo con Rachel Carson, James Dewey Watson, Edward Osborne Wilson, Niles Eldredge, Richard Dawkins, Francisco José Ayala, George Evelyn Hutchinson, Walter Alvarez, Freeman Dyson, Michael Brooks, entre muchos más con los que ha tenido experiencia. La segunda fue que Joandomènec estudió biología en la Universidad de Barcelona, de la que actualmente es catedrático emérito de ecología, así como alguna vez dirigió tal departamento. Ingenuamente, creí que se trataba de alguien que tenía una profesión más cercana al aprendizaje o a la enseñanza de lenguas extranjeras. Pero eso no es todo, puesto que el Dr. Ros es hoy en día presidente del Institut d´Estudis Catalans, institución interesada en la investigación de distintos elementos de la cultura catalana, teniendo entre sus miembros a mexicanos destacados, como los biólogos Gonzalo Halffter Salas, fundador y director del Instituto de Ecología A.C. (INECOL), y José Sarukhan Kermez, exrector la UNAM y Coordinador Nacional al frente de la Comisión Nacional para el Manejo y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), así como el historiador, escritor y museógrafo José María Muriá. La tercera sorpresa fue que hace unos años estuvo presente en la inauguración de los cursos de doctorado del Instituto de Ecología de Xalapa, con varios colegas de la Universidad de Barcelona.
En su trayectoria profesional como biólogo destacan numerosas investigaciones y publicaciones de varios artículos, ensayos y libros con temáticas que van desde la ecología de los fondos marinos del Mar Mediterráneo, del que es especialista, hasta expediciones a la Antártida.
Durante sus años de estudiante fue alumno directo de Ramón Margalef, el primer catedrático de ecología en España, y mantenía comunicación constante con varios investigadores de talla internacional. Algunos de sus trabajos incluso fueron citados en libros clásicos de ecología como Fundamentos de ecología, de Eugene Pleasants Odum, y Ecología. Estudio de la distribución y la abundancia, de Charles Joseph Krebs.
Después de un intercambio epistolar y un gran gesto de su parte al enviarme desde Barcelona un par de libros suyos como obsequio, todo esto justo antes de la pandemia, el Dr. Ros compartió que a mediados de 1989, por medio de la invitación de la editorial Crítica, se le ofreció hacer una traducción de compromiso de un libro de Stephen Jay Gould. Después de esa traducción, que fue todo un éxito, siguieron varios títulos más en los cuales trabajó, e incluso llegó a conocer personalmente a Gould, presentándose a sí mismo como algo parecido al traductor oficial de sus libros al castellano durante una breve visita que hizo a Barcelona, invitado por la hoy ya desaparecida Comisión para el Estímulo de la Cultura Científica.
Sobre los gajes del oficio como traductor de textos científicos menciona que: “el trabajo de traducir requiere descodificar bien la información para que no haya problemas entre personas que hablan dos idiomas distintos, porque cada uno está moldeado por un ambiente histórico, social, político y cultural diferente, y eso es la parte más compleja”. Cuenta que para trabajar en una traducción se suelen utilizar diferentes estrategias para poder cumplir con una labor así. “Se puede traducir directamente y que quien lea el libro se las arregle, dejar algunas palabras en el idioma original que no se pueda comprender y que el lector pueda apoyarse con su propio conocimiento; o, con ayuda de diccionarios, utilizar otras versiones o traducciones, intentar encontrar algo parecido un artista por otro más conocido localmente, por ejemplo; editar la obra, cortarla o censurarla sin informarlo al lector, etcétera., aunque al final se suele utilizar una mezcla de varias pero dependerá en última instancia de las propias posibilidades y limitaciones de cada traductor. El objetivo final era que el público hispano pudiera tener traducciones lo mejor realizadas posibles y pudiera disfrutarlas.
Además de dedicar su carrera a la ecología marina, la enseñanza, la traducción profesional y la divulgación de la ciencia, ha presidido el Consejo de Protección de la Naturaleza, además de recibir en 2006 la Medalla Narcís Monturiol al mérito científico y tecnológico, otorgado por la Generalitat de Catalunya, ha sido miembro de varios consejos científicos de centros de investigación y parques naturales europeos, y coordinador de la Cátedra UNESCO de Medio Ambiente que contrató a varios profesores e investigadores mexicanos expertos en ecología y medio ambiente entre los que destacan Víctor Toledo Manzur, reciente exsecretario de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), y también los ya mencionados Gonzalo Halffter y José Sarukhán.
Por último cabe señalar que la labor y trayectoria de personas o científicos como el Dr. Ros, dedicados a la traducción de textos, le dan un rostro a un trabajo que resulta valioso debido a que hace posible el acceso a conocimientos o conceptos científicos distantes encriptados en idiomas que no cualquiera puede o tiene la posibilidad de manejar o comprender, y que resulta importante para el intercambio y circulación de la información entre distintos círculos científicos y populares. Es verdad que el acceso a internet y las diversas herramientas digitales que tenemos disponibles hoy en día facilitan esa tarea, sin embargo hay que considerar que aún hay aspectos que aún no están disponibles en la red y que la experiencia y habilidad en la traducción de textos científicos y técnicos enteros son algunos de ellos; y que la formación por medio de las traducciones a nuestro idioma de estas obras han dado y dieron a decenas de generaciones de científicos es invaluable.









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