UBÚ / Ismael Ledesma Mateos
Desde hace algunos años México sufre el impacto de uno de los gustos musicales más espeluznantes, la llamada “banda”, que por desgracia se escucha involuntariamente incluso cuando, viajando en automóvil, se le empareja en un alto otro que lleva ese ruido en su autoestéreo a todo volumen.
Uno de los componentes que más han contribuido a la socialización de esta cosa fea es un canal de televisión (de Televisa, naturalmente), llamado Bandamax. Dicho canal (si fuera hídrico, sería de aguas negras) por desgracia es sintonizado en gran cantidad de lugares públicos, además de escucharse sus aberraciones en taxis, microbuses, bares, cantinas, hasta algunos restaurantes de buena calidad, así que muchos tienen que sufrir esto, salvo los que sabemos protestar por lo que a nuestro juicio está mal y exigimos que lo cambien (cuando lo respeten a uno).
Algo extraño del fenómeno es que no representa a clase social alguna, y lo quieren imponer como música mexicana, o del pueblo, llegando al extremo, durante el gobierno de Felipe Calderón, de presentar a dos de esos grupos, El Recodo y K-Paz de la Sierra a un festejo patrio en Palacio Nacional, donde se gastaron cerca de tres millones de pesos sólo en su contratación.
Alguien podría argumentar que “en gustos se rompen géneros”, pero esa afirmación ligera se utiliza como justificante para las expresiones más abyectas de distorsión de la cultura de un país. No todo es aceptable, independientemente de los amplios márgenes de la libertad en las sociedades democráticas, y una cosa es la permisividad y la tolerancia y otra que todo deba ser permitido. En este caso, un factor determinante del fenómeno es la avidez comercial y la intención ideologizadora de la mayoría de los medios de comunicación.
La llamada “banda” tiene una serie de componentes repetitivos, monótonos: letras banales, incluso obscenas, el sombrero texano (no mexicano, como quieren hacer creer), un macho panzón, bigotón, con ropa fea, acompañado siempre de mujeres voluptuosas, en español mexicano —como dicen las películas— “buenotas” o “buenísimas”, en escenarios rodeados de botellas de alcoholes pretendidamente costosos: whisky Buchanans, coñac XO; en situaciones de fiesta, ostentado dinero, no riqueza, y en el trasfondo, consumo de drogas, armas de fuego y hasta balaceras, que podría sin duda alguna ser causa de acción penal por apología de la violencia y al delito.
En lo que toca a lo musical, representa un estilo monótono y repetitivo, donde un conjunto de sujetos con atuendos de colores chillantes se mueven de un lado a otro, tocando con escándalo instrumentos de viento sin sentido armónico alguno, acordeones manejados de la manera más burda y la voz de un solista que repite (grita) rimas simples, groseras (adj. Tosco, ordinario): “eres falsa como calabaza” (sic).
En días pasados tuve el infortunio de ver sus videos musicales donde ocurre el asesinato de una mujer por otra, sin que evidentemente se deje ver la posibilidad de la justicia. Me pregunté: ¿de dónde sacan esas armas? ¿Acaso tienen utilería de tantos calibres? Los narcocorridos de estas bandas, pueden ligarse con actos criminales, como el reciente hallazgo de un cuerpo decapitado en el estacionamiento de la Arena Monterrey, al término de un concierto de un famoso cantante de ese tipo de grupos.
Nos encontramos ante una crisis de valores estéticos y morales, que bien podría denominarse como esquizofrenia social, cuando por un lado el gobierno mexicano declara la guerra al narcotráfico y por otro lado tolera y fomenta la proliferación de esta subcultura que degrada la mexicanidad y la imagen de la nación, sembrando el riesgo de que, en un futuro no lejano, sólo tengamos una juventud inmediatista e iletrada, que es una de las pretensiones fundamentales del neoliberalismo imperante, del cual muchos medios de comunicación son aliados.
Una anécdota: Una clienta del bar de un amigo le pidió que le pusieran música de la “arrolladora banda…” (sic). Entonces él puso a “la arrolladora banda The Doors”, seguida de “la arrolladora banda U2.
Si el padre Ubú, con toda su bajeza moral y su inmundicia humana escuchara las letras y viera los videos de esos grupos de “banda”, me atrevo a pensar que se escandalizaría, pues rebasa por mucho lo tolerable, no sólo en términos estéticos, sino también socioculturales.









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