Henri Michaux
El pueblo chino es artesano nato.
Todo lo que se puede encontrar carpinteando, ya lo han descubierto los chinos.
La carretilla, la imprenta, el grabado, la pólvora de cañón, la mecha, la bengala, el barrilete, el taxímetro, el molino de agua, la antropometría, la acupuntura, la circulación de la sangre, tal vez la brújula y muchas otras cosas.
La escritura china parece un idioma de empresarios, un conjunto de signos de taller.
El chino es artesano y artesano hábil. Tiene dedos de violinista.
Sin ser hábil no se puede ser chino: imposible.
Hasta para comer, como él lo hace con dos palillos, hay que tener una cierta habilidad. Esta habilidad, la ha buscado. El chino podía inventar el tenedor, que cien pueblos han encontrado, y utilizarlo. Pero ese instrumento, cuyo uso no requiere destreza alguna, le repugna.
En la China el unskilled worker no existe.
¿Qué cosa más sencilla que ser vendedor de diarios? Un vendedor de diarios europeo, es un pilluelo gritón y romántico que se agita y vocea a voz en cuello: “¡Matin! ¡Intran! 4.a edición”, y tropieza con uno.
Un vendedor de diarios chino es un experto. Examina la calle que recorre, observa dónde están las personas y, poniéndose la mano como pantalla, dirige la voz, a una ventana, a un grupo, más lejos a la izquierda, en fin, donde sea necesario, tranquilamente.
¿A qué ahuecar la voz y lanzarla donde no hay nadie?
En la China no hay nada sin destreza.
La cortesía del Extremo-Oriente no es un simple refinamiento dejado más o menos a la apreciación y al buen gusto de cada uno.
El cronómetro no es un simple refinamiento dejado a la apreciación de cada uno. Es un trabajo que ha necesitado años de aplicación.
Hasta el bandido chino es un bandido calificado, tiene una técnica. No es bandido por rabia social. No mata inútilmente. No busca la muerte de las personas, sino el rescate. No los daña más que lo estrictamente necesario, cortándoles un dedo tras otro, que expide a la familia con pedidos de dinero y amenazas calculadas.
Además, la astucia en la China no es sólo aliada del mal, sino de todo.
La virtud “es lo que está mejor combinado”.
Por fin, para citar un gremio, a menudo despreciado: los changadores.
Los changadores, en todas partes, amontonan generalmente sobre la cabeza y sobre sus espaldas, todo lo que pueden. Su inteligencia no brilla bajo los muebles. De eso, no os quepa duda.
Los chinos han llegado a hacer del transporte, una operación de precisión. El chino ama sobre todas las cosas un justo equilibrio. En un armario, un cajón que se opone a tres o dos a siete. El chino que va a transportar un mueble, lo divide de tal manera, que la parte que sujeta atrás equilibrará la de adelante. Hasta un trozo de carne lo lleva atado a una cuerda. Las cosas van sujetas a un grueso tallo de bambú que lleva a la espalda. Se ve con frecuencia, de un lado, una enorme marmita que suspira o una estufa humeante y, del otro, cajas, platos, o un niño soñoliento. Es fácil darse cuenta de la habilidad que eso requiere. Y ese desfile tiene lugar en todo el Extremo-Oriente.
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Fragmento de Un bárbaro en Asia (Hyspamérica, Buenos Aires, 1985). Traducción de Jorge Luis Borges.









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