Mariela Arrazola Bonilla
La postura de Trump sobre temas como migración es clara. No obstante, el presidente electo de los Estados Unidos de América no ha mostrado tanta contundencia en temas que atañen a políticas culturales. De hecho, se dice que en Estados Unidos un presidente no influye en la política cultural. Sin embargo, en el gremio cultural hay preocupación por los años venideros de la administración trumpiana y esto se debe quizás a sus tropiezos de años atrás en el mundo del arte.
Por ello nos damos a la tarea de recopilar algunas de las ideas y anécdotas alrededor de este personaje, para perfilar el panorama que la cultura y las artes estadunidenses enfrentarán una vez que asuma el cargo.
Primero, a diferencia de otros grandes empresarios estadunidenses, el apoyo por medio de su fundación o de él mismo a las artes se reduce a unos 460 mil dólares en el lapso de 16 años, lo cual resulta poco para la prensa americana. En comparación, Paul Allen, cofundador de Microsoft, donó tan sólo en el año 2015, 113 millones a las artes y la cultura y a otras causas.
Por otro lado, lo que sí ha propuesto Trump y que afecta a las artes, es reducir beneficios fiscales a las donaciones caritativas. Esto sí tiene muy preocupados a los museos, pues la mayoría de ellos se sostiene de las donaciones privadas y esto afectaría sus presupuestos.
Luego, sobre el financiamiento de las artes con fondos públicos, ha expresado que es tarea del Congreso definir prioridades y por ello es el Congreso quien deberá decidir a qué destina los fondos federales y si debe seguir apoyando la cultura y las artes. Usualmente los miembros del Partido Republicano son los que más cuestionan moralmente la subvención de la cultura por parte del Estado. El equivalente gringo de la Secretaría de Cultura, el National Endowment of the Arts (NEA) mantiene la esperanza de obtener la misma cantidad de fondos que en años anteriores. Este Consejo recibe al año 148 millones de dólares para otorgar a instituciones y organizaciones artísticas. De hecho, en un primer momento el equipo de Trump se acercó a Sylvester Stallone (sí, Rocky Balboa), para ser el presidente del NEA, pero éste no aceptó de cualquier manera alegando que podría ayudar en el ejército y con los veteranos.
Ahora bien, siendo un magnate de los bienes raíces, Trump tiene mayor relación con la arquitectura. En 1980, durante la demolición del edificio Bonwit Teller, donde construyó la Trump Tower, permitió la destrucción de dos relieves de estilo decó de la fachada que incluso el Metropolitan Museum of Art había solicitado resguardar asumiendo el costo. Luego de que la prensa confirmó la destrucción, Trump alegó que no tenían valor alguno. Además, varios críticos de arquitectura han señalado que sus edificios son de lo más burdo, primitivo y soso que pueda haber, pues rara vez trabajó con arquitectos relevantes.
Tampoco pudo entenderse con artistas, al menos no con Andy Warhol. En los años ochenta Andy Warhol se reunió con Trump pues el arquitecto de éste creía conveniente encargar a este artista una pintura de la Torre Trump para decorar el lobby de la misma. En palabras de Warhol, escritas en su diario, no fue una reunión productiva: “gente con mucho dinero, he is butch guy (un macho)”. Warhol realizó ocho pinturas en escalas de grises de la fachada de la torre. A Trump no le gustaron y nunca se las compró. Warhol siempre pensó que tal vez Trump las quería a color, y en varias ocasiones expresó su odio por él. Un día por falta de espacio destruyó las pinturas. Trump, por el contrario, ha citado a Warhol en varias ocasiones; en particular, alude a la idea de Warhol que afirma que un buen negocio es una forma de arte.
En el mercado del arte Trump no figura y los marchantes de arte neoyorquinos lo saben mejor que nosotros. Trump no es su cliente, no conocen su gusto, no le ven en las ventas en subastas, no saben qué colecciona. No tiene relación con el high art.
No obstante, en 1999 Trump intervino durante la famosa trifulca causada alrededor del Museo Brooklyn y la obra The Holy Virgin Mary del artista británico Chris Ofili. El alcalde y hoy cercano colaborador de Trump, Rudy Giuliani, amenazó con quitar el financiamiento público a dicha institución por presentar una obra que podría ser ofensiva para los visitantes creyentes (una virgen negra, con rasgos marcadamente autóctonos, no blancos). Trump además dijo que la obra era degenerada y que si él fuera presidente se aseguraría de que el NEA deje de financiar estos proyectos.
(Nota: el término degenerado fue usado antes por Adolf Hitler para referirse al arte moderno.)

Andy Warhol, Trump Tower, 1981.

Trump y Warhol.
Twitter: @MarielaArrazola









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