Yves Bonnefoy
Traducción de Diego Ibáñez
La imperfección es la cima
Érase que había que destruir, destruir y destruir,
érase que es el único precio de la salvación.
Arruinar la faz desnuda que surge en el mármol,
martillar toda forma, toda belleza.
Amar la perfección porque es el umbral,
pero negarla, al conocerla, olvidarla muerta,
la imperfección es la cima.
Una voz
Yo alimentaba un fuego en la más simple noche,
gastaba según el fuego palabras purificadas,
velaba, Parca clara y de una Parca sombría
la hija menos ansiosa en la ribera de los muros.
Yo tenía un poco de tiempo para entender y para ser,
era la sombra, amaba resguardar la morada,
y esperaba, era la paciencia de las salas,
sabía que el fuego no ardía en vano.
La enfermedad del fuego
El fuego prendió, es el destino de las ramas,
viene a tocar su corazón de grava y frío,
él, quien venía al puerto de toda cosa nacida,
en las riberas de materia reposará.
Arderá. Mas tú lo sabes, en pura pérdida,
el espacio de un suelo desnudo bajo el fuego aparecerá.
La estrella de un suelo negro bajo el fuego se extenderá.
La estrella de la muerte iluminará nuestras rutas.
Envejecerá. El vado donde acechan las sombras
relumbrará sólo una hora, a su paso.
La idea también sobrepasa la materia que gasta
y renuncia a aquel tiempo que no puede salvar.









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