Antonio Bello Quiroz
El propósito de que el hombre sea “dichoso” no está
contemplado en el plan de la Creación.
S. Freud
“Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo.” Tal es la sentencia que Pierre Anthon, alumno de una escuela secundaria, expresa en la novela corta Nada, de Janne Teller (Seix Barral, 2011), escritora danesa nacida en 1964. La novela fue publicada en Dinamarca en el año 2000 y causó fuertes controversias por los dilemas existenciales que plantea. Una sola pregunta incomodó a las buenas conciencias danesas: ¿Cómo está eso de que en la sociedad que nos presumen con la mejor calidad de vida nada importa?
La trama es sencilla: Pierre Anthon deja la escuela cuando descubre que la vida no tiene sentido. Se sube a un ciruelo y empieza a vociferar sus razones por las que nada importa. Cada una de ellas, cual más, cual menos, eran dictadas como una inapelable sentencia: “Todo da igual —vociferaba— porque todo empieza sólo para acabar. En el mismo instante en que nacéis empezáis ya a morir. Y así ocurre con todo.” Y más tarde, suelta una lapidaria frase: “Todo es un gran teatro que consiste sólo en fingir y en ser el mejor en ello.”
Sus compañeros de colegio se muestran tan desmoralizados por la realidad cruda que les hace ver Pierre Anthon que deciden reunir objetos esenciales que le pudieran señalar al incrédulo que hay cosas que valen, dan sentido a lo que somos, a quienes somos, a la vida que vivimos. Así, uno a uno le van mostrando algunas cosas que consideran importantes: una vieja muñeca descabezada, un peine nacarado, un viejo salterio, un casete de los Beatles que había perdido el sonido… Así van desfilando una a una esas cosas que en algún momento habían significado algo para los compañeros de secundaria de Pierre Anthon. Y no sólo eso, los agobiados chicos también fueron de casa en casa preguntando a los vecinos si podían deshacerse de algo que para ellos significara algo para enseñarle al incrédulo que estaba equivocado con su cantaleta de que nada importa. El “montón de significados” fue creciendo a los ojos de todos. Pero pronto cayeron en la cuenta de que si todo lo acumulado significaba muy poco para quien lo había donado, ¿cómo podrían significar algo para el incrédulo?
Se propone entonces mostrar a Pierre Anthon cosas que les resulten esenciales, que les representen algo entrañable: la colección de libros Dungeons & Dragons, una caña de pescar, un balón negro de futbol, unas sandalias verdes de plataforma, un telescopio que había costado dos años de ahorro a Maikén, etcétera. Cada uno entregaba una prenda, no por decisión propia, sino la que alguien más del grupo señalaba, y se trataba de lo que sabían que era lo más valioso para el designado, por lo que la entrega se volvía desprendimiento, desgarradura. Las exigencias se volvieron cada vez más personales: un diario, un acta de adopción… A más personal el objeto entregado, mayor vacío se producía en su antiguo propietario.
Mientras la tensión crece al hacer el “montón de significados”, Pierre Anthon seguía con sus crudas sentencias que revelaban que nada importa: “¿Qué pretendéis vosotras las chicas teniendo novio? Primero te enamoras, después te echas novio y luego el enamoramiento se esfuma y te separas.”
El montón de significado, paradójicamente, entre más crecía e iba haciéndose público (se incluyen los notables del pueblo, las universidades), menos significado le proporcionaba a Pierre Anthon, validando cada vez más firmemente que nada importa.
Por más que intentaron, nunca consiguieron mostrar que Pierre Anthon estaba equivocado y que la vida tenía un significado. Nada importaba. Pierre Anthon había ganado.
Los demás, sin embargo, tenían ya a un chivo expiatorio, sabían que la vida nada vale, pero ahora sabían quién era el responsable. Él tenía la culpa de que hubieran perdido las ganas de vivir y de tener un futuro, era responsable de su confusión. Una de las chicas, Sofía, había enloquecido ante la imposibilidad de aceptar que nada tiene importancia.
Novela corta pero que muestra lo difícil que es soportar una verdad tan sencilla como la que sostiene Pierre Anthon ante sus crédulos condiscípulos. Viene a mostrarnos el carácter de ideal (por tanto inalcanzable) de la felicidad para siempre.
Encontrar un sentido a la existencia ha sido una fuente de sufrimiento para el ser hablante: justamente por estar cruzados por el lenguaje estamos condenados al malentendido. Ya lo decía Antoine de Saint-Exupéry: “el lenguaje es fuente de malentendidos”.
La cultura de consumo que vivimos nos llena de “montón de significados”, objetos todos intercambiables que, paradójicamente, entre más se tienen más se muestra como evidente el vacío. Nos los muestran como “objetos necesarios” sin que, sin embargo, se puedan sostener siquiera como mitigadores de angustia. Por el contrario, tal y como nos muestra la novela Nada de Janne Teller, entre más se acumulan más se siente su vacío de significado. Paradójicamente, cuando se declara que podemos tener todo, la nada nos agobia. Lacan señalaba que la angustia se presentaba cuando faltaba la falta, es decir, cuando, por más que se tengan o señalen objetos satisfactores, la satisfacción se esfuma.
No es casualidad que esta novela haya impactado tanto como para que se prohibiera su lectura en una sociedad como la danesa, que ha hecho fama de ser una sociedad con alto nivel de satisfacción en su población.
Ni todos los satisfactores podrán, parece ser lo que trasmite esta novela, eliminar la angustia que nos presenta el vacío de significados.
Pero ¿cómo soportar que estemos “mal-dotados” de los elementos para ser Uno, para ser felices y permanecer así? Ante la ausencia de respuesta no podemos sino reconocer el carácter visionario del pensamiento freudiano. Freud decía que en su afán de parecerse a dios, el hombre se intenta convertir en un dios con prótesis. Predecía, romántico al fin, que la ciencia y la tecnología nos proveerían de los satisfactores necesarios para vivir felices y satisfechos. La realidad nos ha mostrado que por más avances que la ciencia y la tecnología nos proporcionen, la insatisfacción crece. El capitalismo salvaje ensaya otra respuesta: la nada se llena consumiendo drogas, imagen, etcétera. Lo que sea, antes de reconocer que Pierre Anthon tiene razón.








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