Antonio Bello Quiroz
La poesía es la expresión más alta de lo humano. La voz del poeta se reconoce en el primer verso. De Efraín Jara Idrovo, poeta ecuatoriano nacido en Cuenca, escuché una lectura de su Sollozo por Pedro Jara; me conmovió profundamente su poesía que salía de las entrañas. Se trata de un poema que escribe ante la muerte de su hijo Pedro. El poema es más que una elegía, se trata de una celebración por la vida de su hijo. Ayer Efraín Jara Idrovo murió.
Nacido en Cuenca, Ecuador, era considerado el mayor poeta vivo del Ecuador. Uso el tiempo pasado porque justamente ayer lunes murió a los 88 años. Por muchos años se aisló en las Islas Galápagos. Su retiro no sólo fue físico sino esencialmente espiritual, quizá dando lugar a esa posición contemplativa que sólo el poeta merece alcanzar. Una contemplación activa que regala lucidez y reconcilia con la muerte. La lucidez no evita el dolor, pero lo lleva más allá, lo lleva a la palabra. La lucidez saca el dolor de la carne para darle alas y hacerlo poema. De ahí, de ese dolor ante la pérdida de un hijo (la mayor de las penas que un hombre puede vivir, según el psicoanalista Jacques Lacan) el poeta escribe su poema Sollozo por Pedro:
“1 el radiograma decía
2 ‘tu hijo nació. Cómo hemos de llamarlo’
3 yo andaba entonces por las islas
4 dispersa procesión del basalto
5 coágulos del estupor
6 secos ganglios de la eternidad
7 eslabones de piedra en la palma del océano
8 rostros esculpidos por el fuego sin edad
9 soledad”.
Nacido el 26 de febrero de 1926, hijo de una profesora de español, escritora de sonetos y amante de la música, se encontró muy temprano con la soledad que sólo conocen los hijos únicos. Con una educación en colegios religiosos terminó por aborrecerlas a todas. Muy temprano renunció al consuelo que dan las religiones ante la pérdida. Mafias, les llamaba el poeta. Sigmund Freud también, dolido ante la muerte de su nieto Hans, se hacía cargo de su dolor sin “tener el consuelo que las religiones dan”. En Sollozo por Pedro el poeta escribe:
“16 se llamará pedro
17 pedrohuesosdepedernal
18 pedrorrisadepiedra
19 piedra inflamada por la lumbre de meteoros de la vida”.
Si algo sorprende de los poetas es su amor por las palabras. Para Efraín Jara Idrovo, aunque estudió derecho y filosofía y letras, su gran pasión por las palabras, por el lenguaje lo llevó a fundar la Escuela de Lingüística de su natal Cuenca. En Sollozo por Pedro escribe:
“1.2
1 el radiograma decía
2 ‘tu hijo nació, envía su nombre’
3 yo andaba entonces por el archipiélago
4 renegrida osamenta del basalto
5 sílabas del silencio”.
La poesía es una praxis solitaria, quizá sea la más solitaria de las actividades humanas. La poesía se hace en solitario porque es una convocatoria de la muerte. La poesía de Efraín Jara es una actividad solitaria, hecha en la soledad que se alcanza después de una vida frenética. La trayectoria poética de Efraín Jara es producto de un diálogo fecundo con los protagonistas de su época, la nuestra. De ahí extrajo el color y las notas musicales de su obra. Su poesía se volvió una respuesta que apostaba a pensar y sentir más allá del tufo clerical de su Cuenca. En una entrevista con Carla Badillo Coronado, el poeta decía: “Yo tenía 23 años. Éramos un grupo muy cohesionado que quería acabar con la pacatería cuencana”. Para ello, para poder dar la vuelta a una formación dogmática y conservadora recurrió al humor. Freud ya enseñaba que el humor es una de las formas en que el inconsciente se muestra. El poeta Efraín Jara Idrovo continúa su sollozo:
“16 te llamarás pedro
17 pedrovenasderroca
18 pedrollamadepiedra
19 piedra enardecida por el aliento de leones de la vida”.
El poeta descubre desde muy temprano estar habitado por la poesía, se sabe habitado por eso tan ambiguo que se llama vena poética. Efraín empieza a escribir muy temprano en su vida. “Cartas en soledad inconsolable” (1946), “Tránsito en la ceniza” (1947) y “Rastro de la ausencia” son poemas escritos entre los 17 y los 20 años. Poemas destruidos, echados a la hoguera entre copas. Sin embargo, y dado que nada de lo vivido se termina por destruir del todo, algo quedó, quizá la soledad. Después de esas obras vergonzantes en la memoria del poeta, guardó silencio 25 años. Silencio que no era infecundo, porque nunca dejó de escribir.
La amistad que Efraín a los 17 años establece con otro poeta, César Dávila, lo lleva a un abismo de inteligencia, sensibilidad y alcohol que lo hacen huir a una isla del Archipiélago de Galápagos. La hizo su cárcel, su paraíso desolado y sin alcohol.
“1.3
1 el radiograma decía
2 ‘tu hijo nació. Cómo lo llamaremos’
3 yo andaba entonces por las galápagos
4 cetrinas encías del basalto
5 alvéolos del desamparo
6 dentadura de la eternidad
7 diadema de piedra en la testa del océano
8 mantos de lava sin edad
9 soledad”.
De la soledad compartida con Atala Jaramillo tuvieron cuatro hijos: Juan, Pedro, Renata y Renán. Más tarde se casó con Alba Lara, su exalumna y a quien le llevaba casi 20 años de diferencia. Más tarde convivió con Ibeth por nueve años. En su soledad en las Galápagos se alejó de la literatura para dedicarse a la pesca y la educación. A partir de 1973, después de 25 años de silencio, su obra fue prolífica, lo mismo que intensa su enseñanza en Estados Unidos, Cuba y Europa.
“21 pedrobasalto o pedroisladepascua
22 piedras contaminadas por la pasión del hombre
23 piedras corroídas por las sales del exterminio
24 piedras que han ido aligerando el volumen
25 en el polvo sollozante de les adioses”.
En 1974 su hijo Pedro se suicidó con tan sólo 16 años. Efraín escribe Sollozo por Pedro Jara, un conmovido y profundo homenaje a su memoria, un año tarde en hacerlo: no en lamentar su pérdida sino celebrar la vida de su hijo, incluso la libertad con la que decidió salir de ella.
En 2005 Efraín Jara Idrovo sufre un accidente que le produce un derrame cerebral que a la postre le deja ciego, imposibilitado para continuar leyendo. No se resigna y contrata a una asistente que le leyera. Su nombre: Soledad.
“12 te perdí pedroespuma
13 como a la playa la marea debías sobrepasarme
14 pero tu muerte crecía más rápido que mi amor”.
Ayer, 8 de abril, murió Efraín Jara Idrovo.








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