Gerardo Lino
para Jorge Montiel
—¿Por qué nos hacemos daño a nosotros mismos; con la borrachera y la cigarrerea; ¿por qué?
—Asu. Creo que tratamos de compensar el vacío. Pensamos. Estamos hechos para escribir. No siempre se nos da. Ergo: con-pensamos. A veces el humo —sustitución del Aire que esperamos—, el trago —vivo flujo del Flujo— y otras cosas del cuerpo —ah, y ¡el Cuerpo!—, nos permiten figurarnos que ya está puesto el poema que la poesía —la Fugaz de las Fugaces— nos incita, sugiere, provoca.
Es el puto Espíritu que se mueve y sopla donde quiere —y estamos a su Voluntad, Arbitrio, Deseo—: y el pero —ah, ese Pero:
No sabemos de dónde diablos o dioses vienen nuestras pulsiones —a pesar de las neurociencias y sus avances—: de ahí la urgencia de escribir o beber o fumar. (Y ¿dónde dejamos el coger?)
Entonces llegamos a límites en que confundimos nuestro ser y nuestro querer-ser con la autodestrucción —lo frustráneo del mundo—. No debería ser así: leamos, pensemos, fumemos, escribamos, chupemos y cojamos lo que se pueda o lo que Amor nos dé —lo que cada noche de la vida y cada día de la muerte nos ofrezca.
Salud y cantos. Vuajumá.
PS: Espero tu siguiente poema o ensayo.









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