Allan Percy
Aunque se desconoce el día exacto en que nació William Shakespeare, se sabe que fue bautizado el 26 de abril de 1564 y que murió cincuenta y dos años después, el 23 de abril de 1616 en Stratford-upon-Avon, un pequeño pueblo de mil habitantes del condado de Warwick.
Como era habitual que el bautizo se celebrara antes de que se cumpliera una semana desde el nacimiento del niño, se ha fijado la fecha tres días antes de la celebración, de manera que nacimiento y muerte coinciden con el día de San Jorge, día Internacional del Libro.
Hijo de John Shakespeare y Mary Arden, William fue el tercero de ocho hermanos. Su padre era carnicero y un próspero comerciante de lana que llegó a tener un puesto destacado en el municipio. Su madre era una distinguida señora de la sociedad burguesa de la época.
Se cree que, de niño, Shakespeare cursó sus estudios en una muy buena escuela local de primaria llamada Stratford Grarnmar School, aunque no existen datos exactos al respecto. Aun así, la dudosa calidad de las escuelas en el periodo isabelino y el elevado analfabetismo que existía alrededor de Shakespeare —afectaba incluso a su familia más cercana— induce a pensar que William estudió en esta escuela, donde recibió una profunda educación en literatura y gramática latinas, en la que Esopo, Ovidio y Virgilio eran los autores de referencia. La suerte de poder asistir a semejante escuela quedaría justificada por el alto cargo que ejercía su padre en el gobierno local. Sin embargo, la pérdida de los archivos impide que tal información pueda acreditarse.
Cuando el joven William contaba con trece años, su padre, ferviente católico, perdió todos los bienes al ser acusado de mantener negocios turbios y, muy probablemente, también por declinar la obligación que se les estaba imponiendo a todos los ingleses de convertirse al anglicanismo.
Shakespeare padre perdió así su influyente posición, y el joven William tuvo que abandonar los estudios y trabajar en la carnicería que regentaba su familia. Se dice que, al quedar huérfano de educación, tuvo que entregarse a una vida disoluta que le llevó a embriagarse con frecuencia y a deambular por las riberas del río Avon recitando versos hasta caer dormido.
Cuando, en 1582, el poeta cumplió dieciocho años, dejó embarazada a Anne Hathaway, vecina de una pequeña localidad cercana a Stratford y ocho años mayor que él. Tres meses después tuvieron que casarse. Nació una niña a la que llamaron Susanna. Dos años después nacían dos niños más, los mellizos Hamnet y Judith.
Debido a la diferencia de caracteres e intereses, y a su precipitado y forzoso contrato matrimonial la pareja no se entendió nunca, lo que provocó que finalmente decidieran vivir separados. Además, el único varón fruto de su enlace había muerto a la temprana edad de once años, tragedia que agravó su mala relación.
De los años que precedieron al nacimiento de sus tres hijos no se sabe prácticamente nada de William Shakespeare, pues no se le nombra en ningún documento. Éstos son conocidos como los “años perdidos de Shakespeare”.
Su siguiente aparición surge en el momento en que se traslada a Londres como un personaje reconocido de la escena teatral londinense: Shakespeare figuraba en la lista de actores de la obra de Ben Jonson Cada cual según su humor (Every Man in His Humour), aunque prefería representar sus propias obras. Acostumbrado a escoger papeles secundarios que le permitieran dedicarse a otras actividades del mundo del teatro, destinaba su tiempo a seguir escribiendo y a codearse con la farándula londinense de la época, entre quienes Shakespeare solía mostrarse como un animado bebedor.
Como en aquellos tiempos estaba prohibido que las mujeres actuaran, los hombres representaban los papeles femeninos. El propio Shakespeare se vistió de mujer y tuvo que interpretar personajes femeninos en infinidad de ocasiones.
Para entonces, Shakespeare se había convertido en un excelente escritor y demostraba tener una lucidez y capacidad fuera de lo común. Su dominio de la gramática inglesa y sus profundos conocimientos de latín le permitieron enriquecer su lengua materna con neologismos procedentes de aquella utilizada por los romanos. Se han llegado a cuantificar unas mil setecientas palabras y expresiones inventadas o directamente traducidas del latín en sus obras.
No obstante, existen muchas teorías que defienden que Shakespeare encargaba a otros escritores que redactaran sus obras imitando su estilo. Otra teoría sostiene que Shakespeare era el seudónimo del filósofo Francis Bacon, quien prefirió mantenerse en el anonimato como autor de obras teatrales.
En todo caso, la autoría de las obras de Shakespeare es un misterio que nuestro autor se llevó consigo a la tumba.
A pesar del alto nivel literario de sus piezas teatrales, un amplio sector de la sociedad londinense las rechazaba por considerar su obra, así como el teatro en general, vulgar entretenimiento.
Pese a ello, la escena teatral atraía cada vez a más público y se estaba convirtiendo en un negocio rentable en el que invertir. Shakespeare, que además de artista tenía madera de empresario, no dudó en hacerse copropietario de la compañía teatral Chamberlain’s Men, cuyo mecenas era Henry Wriothesley, tercer conde de Southampton, y que contaba con dos teatros: The Globe y Blackfriars.
Rápidamente, la compañía pasó a ser la predilecta en la corte de Isabel I, y llegó a alcanzar tal popularidad que, tras la muerte de la reina, el rey Jacobo I la tomó bajo su protección, y pasó a llamarse The King’s Men.
En 1608, a la edad de cuarenta y cuatro años y cuando su producción escénica había disminuido de manera notable, Shakespeare volvió a su ciudad natal y se instaló en una casa llamada New Place.
A Shakespeare se le seguía asociando con la bebida por lo que se cree que murió tras contraer una fuerte fiebre producida por uno de sus altos estados de embriaguez.
Sus hijas Susanna y Judith no tuvieron hijos, así que tras la muerte de éstas no quedó ningún descendiente directo de Shakespeare, aunque siempre se rumoreó que su ahijado, el poeta y dramaturgo William Davenant, era en realidad su hijo.
Su cuerpo fue sepultado en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad (Holy Trinity Church) de Stratford-upon-Avon.
Cada año, para conmemorar el aniversario de su nacimiento, se coloca una pluma nueva en su tumba. Grabado en la lápida, se puede leer el verso que el propio Shakespeare dictó como epitafio:
Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras
y maldito el que remueva mis huesos.
Debido a esta inscripción no se ha verificado nunca el contenido de la tumba, pero existen leyendas que afirman que en ella hay enterradas algunas de las obras desaparecidas del genial escritor.
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Reproducido de Shakespeare para enamorados – Remedios eficaces para gozar del amor cada día de tu vida (DeBolsillo, México, 2016).









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