Fabiola Morales Gasca
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla.
“Ítaca”, C. Cavafis
Frente a un librero repleto de ejemplares, las aventuras que sólo unos pocos se atreven a vivir se abren de golpe y una bocanada de aire fresco llena hasta los pulmones más menguados. El agua primigenia, esencia de nuestro ser más profundo, tiende a llevarnos al descubrimiento; viaje sorpresivo donde imágenes de lejanos puertos en tierras exóticas nos inundan. Inocentes como niños, los libros se muestran delante de nosotros. Sus lomos, algunos como elefantes de carga u otros espigados como caballos salvajes, nos incitan a correr. Hay una pequeña sección de libros favoritos, aquellos que nos complacen con la vista y nos hace recorrer los dedos sobre sus ancianas tintas. No vamos a agobiarnos al mencionar a cada uno de estos libros, pero viene a la mente el primero de ellos: La Odisea. Con sus veinticuatro cantos, atribuidos al poeta griego Homero, vienen los diez años de peripecias de Ulises por regresar a la isla de Ítaca, donde era rey.
El poema épico admira tanto como el trasfondo de la historia; sus múltiples versiones son fuente inagotable de ideas para artistas. Pintores como Berthol, Boëclin, Lorrein, Bernard Buffet, Angelica Kauffmann, Draper Herbert y una larga lista, tomaron como inspiración pasajes del largo trayecto. Múltiples adaptaciones cinematográficas se han realizado, desde Kirk Douglas como Ulises en 1954 a la Odisea de Mario Bava y Piero Schivazappa (1969) a la versión de Andrei Konchalovsky de 1997.
En la búsqueda de aristas nuevas a la antigua travesía, vieja historia que nunca cansa, el poeta Constantino Cavafis manifiesta a Ítaca como el origen al que habremos de retornar después de un sendero andado lleno de aventuras y conocimiento: “Cuando emprendas tu viaje a Ítaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias.” Ítaca, la isla mítica, es sólo el pretexto para peregrinar por el mundo en busca de nuestro propio encuentro. Para nosotros, seres simples que transitamos en la brevedad de nuestro tiempo, deberíamos preguntarnos hasta agotar las posibilidades de respuestas, cómo llegar a nuestra isla.
A falta de Atenea que intervengan a nuestro favor y nos guíe en el arduo viaje las filosofías, religiones, dogmas, sincretismos acumulados en antiquísimos libros vendrían a nuestro favor para darnos veredictos aprobatorios y consejos breves sobre el camino a elegir.
El repertorio es amplio y los temas variados: libros amorosos, rencorosos, cargados de moralismo, obscenos, revolucionarios, de servil obediencia, perlas de sabiduría, filosóficos, infantiles y más se mezclan en nuestras bibliotecas personales. Cada biblioteca personal es como la vida misma, mapa de nuestra verdadera naturaleza. Andanza desafiante. Hojas de conocimiento que exhortan a salir de la cómoda isla de la ninfa Calipso, nuestro propio confort, para embarcarnos de regreso al hogar verdadero de la sabiduría. Llamado que todos recibimos y pocos realizan. Hay un anhelo espiritual por reencontrarnos. Cada libro encarna al propio Ulises que pide a gritos enfrentarnos a su contenido. ¿Cuántas veces, pasando por una librería, escuchamos llorar un libro como a un niño extraviado y con piedad lo hemos cargado?
Una sabiduría interna se abre cada vez que nos sentamos a leer. Recibimos regalos de Atenea para vencer a la hechicera Circe, Eolo, los gigantes antropófagos lestrigones, el gigante Polifemo; representantes de los múltiples obstáculos y las debilidades humanas. Televisión, WiFi libre y una avalancha de notificaciones de nuestras redes sociales son su versión posmoderna. El descenso al Hades, es sinónimo de la reconciliación con los antepasados. Considerar los libros heredados o releer aquellos que leíamos entusiasmados hace años, nos permite contemplar aspectos diferentes; reflejar nuevos rostros de nosotros mismos, y de cierta forma medir la distancia de esos primeros gustos que nos acercaron a esas lecturas. Debemos descender como el propio Ulises a nuestra conciencia y reconocimiento de nuestras almas: ¿hemos crecido o nos hemos estancado?
La mejor arma de Odiseo es su mētis o astucia, la cual asegura que se va por el buen camino. Al igual que él, debemos tener la mente fresca y abierta a los desafíos de los nuevos libros. Un buen lector sabe que no es conveniente llenar la biblioteca personal de un solo género. Es aconsejable leer filosofía, matemáticas, historia, ensayos, novelas históricas, o historietas: todo buen libro que nos haga ver la realidad de otra manera debe ser bienvenido. Con la gran ayuda de los feacios y del rey Alcínoo (Alkínoös, mente poderosa) se retorna a Ítaca lleno de humildad y con cautela.
Nos reconocemos en la familia que nos da fuerza en la intimidad, tal como Penélope y Telémaco. Nos reconocemos en los libros de la infancia, aquellos que nos leían para dormir; en los que nos desafiaron en la pubertad y nos acompañaron en las madrugadas de insomnio y dudas. Son la familia que no debemos olvidar. Los que están en la sección de favoritos, los que tenemos a la mano cerca de nuestra cama, los que están muy cerca. Corazón, diario de un niño, El principito, Platero y yo, Las aventuras de Tom Sawyer, Drácula, Demián, El Hobbit, El Gran Gatsby, El extranjero, La metamorfosis, Héroes, 1984, El lobo estepario, El viejo y el mar son algunos de los hermanos, primos, padres y abuelos que nos hacen sublimar. Reconocemos lo que somos en los libros que hemos leído. Así nos trasformamos durante la ardua travesía para ser un Ulises que sirva a los demás de forma generosa. A través de la reflexión constante de nuestras lecturas es como mutamos para entender el pequeño engrane social que ocupamos y de qué manera podemos mejorar nuestro entorno. Lanzados en un barco de papel llegamos a puerto sólo si hacemos acto de introspección. Sólo así el viaje a Ítaca ha valido la pena.
“Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas.” Así el poeta Constantino Cavafis, quien probablemente se sentaba, como nosotros, a contemplar sus libros con olor a barco y mar.
Estimado lector, guerrero inquieto, pide con gran fe que el camino sea muy largo. Que cada libro, cada hoja te otorgue su respuesta eficaz.









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