Fernando Sánchez Clelo
Deambulan por el limbo las almas de minotauros, sátiros, arpías y otros seres mitológicos. Ellos pueden renacer en cualquier instante pero, por el apego a su origen fantástico, no aceptan la única exigencia: nacer enteramente humanos. Sólo las sirenas y tritones admitieron la condición sin titubeos; sus motivos son: olvidar la voracidad de los tiburones, evitar el frío del mar a punto del congelamiento y no sufrir el desequilibrio mental que provoca mirar fijamente la profundidad del océano. Desde entonces, reencarnan desprendiéndose de su mitad marina para ser terrestres.
Se sabe que ahora habitan la tierra, felices como enanos.









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