Roberto Martínez Garcilazo
Centón:
Manta burda, que servía en lo antiguo para cubrir las máchinas militares: y como se rompiessen freqüentemente, por los golpes que daban en ellas, y fuesse preciso echarles muchos remiendos, haciendo alusión al número de ciento, se llamó assí; pero en esta acepción no tiene yá uso. Latín. Cento, onis. COVARR. en esta palabra. Centones en su rigurosa significación eran unas mantas grosseras, como de rázago, con que cubrían las máchinas militares.
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Metaphoricamente se llama assí la obra literária en verso, compuesta enteramente de palabras y cláusulas ajenas, cuyo primor consiste en el material trabajo de saber unir una cláusula con otra. Latín. Cento, onis. SAAV. Republ. fol. 89. Los inclinados a juntar centones y sentencias ajenas, y a componer de ellos una obra, se daban a hacer escritorios de taracea. BARBAD. Coron. fol. 26. Estos eran unos Poetas Latinos modernos, que componen versos [ii.272] monstruosos y asperíssimos, formados de varios centones de versos de los mas ilustres Poetas antiguos. Diccionario de autoridades, Tomo II, 1729.
No creo en la fórmula del hormiguero humano, en la colmena humana,
no creo en la république démocratique, sociale et universelle,
no creo que la Humanidad esté destinada a la “dicha”
y ni siquiera que desee la felicidad.
Thomas Mann, “Consideraciones de un apolítico”
No existe el libro solitario, es decir, en soledad, sin relación orgánica y genealógica con otros libros. Luego entonces, lo que existe son genealogías librescas o familias de libros. Esas genealogías son esferas semiológicas, semiosferas del sentido, son mundos en los que el lector puede vivir todos los años de su existencia.
También es posible, claro es, viajar de mundo en mundo, como Camille Flammarion, aunque tal vez al final no tenga valor alguno practicar esta suerte de turismo planetario semiológico.
Uno mismo, quiero decir el lector, debe optar, debe elegir el mundo que desea habitar y construir su casa. Porque si el Demiurgo, Dios, la Divina Providencia o simplemente el absurdo Azar (de los engreídos positivistas) nos ha traído a este páramo, en un acto de soberanía intelectual el lector, el hombre ilustrado, elige de entre las genealogías bibliográficas que existen, el mundo de su vida; o construye un orbe nuevo con sus propios recursos bibliofílicos.
Efectivamente, como ya se percibe, este movimiento del alma humana entraña una crítica, una valoración negativa de la realidad que tal vez podría llamarse ‘orbifobia’, ‘urbifobia’, ‘polisclastia’, ‘misantropía’, o, simple y contundentemente, ‘apoliticismo’.
Ahora describiré el mundo, la genealogía, descubierto por mí hace seis días. En las páginas del Borges esencial, publicado por la RAE y Alfaguara, en 1995, me encontré (las palabras provienen de un topos ignoto):
“En tiempos de auge la conjetura de que la existencia del hombre es una cantidad constante, invariable, puede entristecer o irritar; en tiempos que declinan —como éstos— es la promesa de que ningún oprobio, ninguna calamidad, ningún político o dictador podrá empobrecernos. Repite Marco Aurelio: ‘Quien ha mirado lo presente, ha mirado todas las cosas: las que ocurrieron en el insondable pasado y las que ocurrirán en lo porvenir’.”
Del ensayo “El tiempo circular” de Borges, a las “Meditaciones” de Marco Aurelio. Busco el libro, lo leo otra vez y descubro que la antigua sabiduría del estoico se ha renovado; en cada relectura el libro es otro; es un río inagotable que seguirá fluyendo por los siglos después de que yo haya desaparecido de la tierra.
Leo y selecciono estos pasajes para tejer la urdimbre del horizonte de mi mundo:
“Contempla el curso de los astros, como si tú evolucionaras con ellos, y considera sin cesar las transformaciones mutuas de los elementos. Porque estas imaginaciones purifican la suciedad de la vida a ras de suelo.”
“¿Qué es la maldad? Es lo que has visto muchas veces. Y a propósito de todo lo que acontece, ten presente que eso es lo que has visto muchas veces. En suma, de arriba abajo, encontrarás las mismas cosas, de las que están llenas las historias, las antiguas, las medias y las contemporáneas, de las cuales están llenas ahora las ciudades y las casas. Nada nuevo; todo es habitual y efímero.”
“Amóldate a las cosas que te han tocado en suerte; y a los hombres con los que te ha tocado en suerte vivir, ámalos, pero de verdad.”
“Al amanecer, cuando de mala gana y perezosamente despiertes, acuda puntual a ti este pensamiento: ‘Despierto para cumplir una tarea propia de hombre. ¿Voy, pues, a seguir disgustado, si me encamino a hacer aquella tarea que justifica mi existencia y para la cual he sido traído al mundo? ¿O es que he sido formado para calentarme, reclinado entre pequeños cobertores?’ ¿Has nacido para deleitarte? Y, en suma, ¿has nacido para la pasividad o para la actividad? ¿No ves que los arbustos, los pajarillos, las hormigas, las arañas, las abejas, cumplen su función propia, contribuyendo por su cuenta al orden del mundo? Y tú entonces, ¿rehúsas hacer lo que es propio del hombre? ¿No persigues con ahínco lo que está de acuerdo con tu naturaleza? Sin embargo, es necesario también reposar. Cierto, lo es. Pero también la naturaleza ha marcado límites al reposo, como también ha fijado límites en la comida y en la bebida, y a pesar de eso, ¿no superas, excedes, rebasas siempre la medida? Y en tus acciones no sólo no cumples lo suficiente, sino que te quedas por debajo de tus posibilidades. Por consiguiente, no te amas a ti mismo, porque ciertamente en aquel caso amarías tu naturaleza y su propósito. Otros, que aman su profesión, se consumen en el ejercicio del trabajo idóneo, sin lavarse y sin comer. Pero tú estimas menos tu propia naturaleza que el cincelador su cincel, el danzarín su danza, el avaro su dinero, el presuntuoso su vanagloria. Éstos, sin embargo, cuando sienten pasión por algo, ni comer ni dormir quieren antes de haber contribuido al progreso de aquellos objetivos a los que se entregan. Y a ti, ¿te parecen las actividades comunitarias desprovistas de valor y merecedoras de menor atención?”
En este punto interrumpo la descripción de la obra de construcción del símbolo.
En el Borges esencial leo: “¿Qué poeta no es un poeta menor comparado con Shakespeare?”
De esta frase, surgen insólitas conexiones con el Coriolano y con el Timón de Atenas.
Escuchemos al noble Timón proferir sus últimas palabras:
“¡Labios, dejad salir esta palabras amargas y que se extinga después para siempre mi voz! ¡Que la peste y la muerte destruyan este mundo maligno! ¡Los sepulcros sean los únicos destinos de los hombres y la tierra vil su único salario eterno! ¡Sol, apaga tu lámpara refulgente; el reino de Timón ha fracasado!”
Borges sostiene que Schopenhauer halló la clave del mundo al escribir: “La miseria que colma el mundo protesta a gritos contra la hipótesis de una obra perfecta debida a un ser infinitamente sabio, bueno y poderoso.”
Que su intuición filosófica está en deuda con Mainländer.
Es evidente: el nihilismo no niega a dios; es consecuencia de la inexistencia de dios. Ergo, la misantropía y el apoliticismo son consecuencias de la ausencia de dios.
La apología del exterminio humano, contenida en la Filosofía de la redención, de Mainländer, es letal para las mentes pías.
Sólo desde la reflexión extramuros, que no desde la academia, es posible llegar a las últimas consecuencias del pensamiento.
Turguéniev, en Padres e hijos, hace decir a Arkadi: “El nihilista es un hombre que no se inclina ante ninguna autoridad, que no da fe a ningún principio, cualquiera sea el respeto de que tal principio esté rodeado.”
Para Mainländer, el hombre no mató a dios, sino dios mismo en el impulso misterioso hacia la nada se dio la muerte.
En la Filosofía de la redención leemos: “Dios, esa unidad simple que ha sido, ya no existe más. Ella se ha fragmentado, transformándose su esencia absoluta en el universo de la multiplicidad. Dios ha muerto y su muerte es la vida del universo. La creación del Universo es obra de Dios, pero no es producto de una voluntad por la vida sino por la muerte.” De lo anterior se colige que dios fue ser verdaderamente libre porque fue capaz de elegir su muerte.
“A Dios le quedó sólo una acción posible y ciertamente fue libre, dado que él no estaba bajo ningún tipo de coacción, pues del mismo modo en que bien pudo prescindir de ésta, pudo ejecutarla, es decir, entrar en la absoluta nada, en el nihil negativum, a saber: exterminarse completamente, dejar de existir” (Filosofía de la redención).
De Quincey, en “Biathanatos, The Self-homicide is not so naturally Sin that it may never be otherwise” establece que el suicidio es una forma radical de sabiduría.
Borges, en su “El Biathanatos” escribe: “El capítulo que directamente habla de Cristo no es efusivo. Se limita a invocar dos lugares de la Escritura: la frase ‘doy mi vida por las ovejas’ (Juan, 10:15) y la curiosa locución ‘dio el espíritu’, que usan los cuatro evangelistas para decir ‘murió’. De esos lugares; que confirma el versículo ‘Nadie me quita la vida, yo la doy’ (Juan, 10:18), infiere que el suplicio de la cruz no mató a Jesucristo y que éste, en verdad, se dio muerte con una prodigiosa y voluntaria emisión de su alma. Donne escribió esa conjetura en 1608; en 1631 la incluyó en un sermón que predicó, casi agonizante, en la capilla del palacio de Whitehall.”
Líneas más adelante, Borges escribe: “… pienso en aquel trágico Philipp Batz, que se llama en la historia de la filosofía Philipp Mainländer. Fue, como yo, lector apasionado de Schopenhauer. Bajo su influjo (y quizá bajo el de los gnósticos) imaginó que somos fragmentos de un Dios, que en el principio de los tiempos se destruyó, ávido de no ser. La historia universal es la oscura agonía de esos fragmentos. Mainländer nació en 1841; en 1876 publicó su libro, Filosofía de la redención. Ese mismo año se dio muerte”.
El exterminio humano es correspondiente con el auto-exterminio de dios. Y la destrucción de la polis por la democracia, su equivalencia.
“Los teólogos de todos los tiempos le han otorgado a Dios, irreflexivamente, el predicado de omnipotencia, es decir, le atribuyeron el poder de ejecutar todo lo que quiso. Al hacerlo, ninguno de ellos pensó en la posibilidad de que Dios también pudiera querer devenir él mismo una nada” (Filosofía de la redención).
El Genio de la Especie, la oscura perseverancia de la vida, es la fuerza negativa que desafía el suicidio de dios. Es una necedad que cancela la redención. Schopenhauer: “Si Dios ha hecho este mundo, yo no quisiera ser Dios: la miseria del mundo me desgarraría el corazón.”
“El optimismo no sólo es una doctrina falsa; es una doctrina corruptora, porque nos presenta la vida como un estado apetecible y da como objetivo de la vida la felicidad del hombre. Desde ese momento, cada cual se imagina que tiene los más justificados derechos a la felicidad y al goce. De esta manera, si no le tocan en suerte esos bienes se cree víctima de una injusticia. Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito” (Schopenhauer).
“En el fondo, el filósofo inmanente ve en todo el universo tan sólo el más profundo anhelo por una aniquilación absoluta, como si estuviese oyendo el llamado claro que atraviesa todas las esferas celestiales: ¡Redención! ¡Redención! ¡Muerte a nuestra vida! Y la respuesta consoladora dice: “Todos ustedes encontrarán el exterminio y serán redimidos. El cambio radical es dejar de ser, volverse uno con la nada. Más allá del mundo no hay ni un lugar de paz ni un lugar de tormento, sino sólo la nada” (Mainländer).
“¿Cuál ha sido la causa, la idea, que movió a Dios hacia el suicidio? Mainländer responde sin especular: “Sobre la esencia de la divinidad pre-cósmica jamás espíritu humano alguno podrá rendir cuenta” (Scharfstein).
Centón: las comillas y los puntos son las costuras que unen los pensamientos.
Bajo el centón una máquina formidable contiene la respiración; ni catapulta ni ballesta, un telescopio (¿intrascopio para ver los astros interiores? ¿endoscopio para fisgonear el corazón vacío?) para otear el trono vacío de dios flotando en el espacio, en medio de los trazos elípticos de los planetas silenciosos.









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