Antonio Bello Quiroz
Para Valeria, y su amor por la palabra, lo único que salva
El 9 de septiembre de 1981, hace 35 años, murió en París Jacques Lacan. ¡Casi nada!, muere quien se declara el único lector de Freud. Muere el psicoanalista que promueve una subversión del sujeto y del psicoanálisis. Muere alguien de quien la historiadora del psicoanálisis en Francia, Elisabeth Roudinesco, ha llamado “héroe intelectual”, y supo decir que “reinventa el psicoanálisis”. Muere quien se atrevió a sostener que “la mujer no existe”, y se pasa años y años en hacer saber que no existe L/a mujer, sino las mujeres, una a una, existe cada una, sin universal que las represente.
Jacques Lacan consigna: “No hay relación sexual”, y termina por colapsar a las buenas conciencias morales del género y la ciencia. Lacan es un contestatario permanente, como Freud manda. En su célebre “Discurso de Roma” propone un retorno a Freud, un retorno al sentido en que Freud dirige su invención, que es, yo lo leo así, un retorno a la pulsión de muerte. Sólo desde ahí podría colocar su punto de partida y ruptura con otras lecturas. Desde esta proclama puede señalar y denunciar —como lo hace en 1953, en su primer seminario “oficial”, denominado, Los escritos técnicos de Freud— una deficiente lectura de Freud y, por tanto, una perversión terapéutica. La lectura de Freud estaba “organizada” en torno al yo, la fortaleza, la adaptación y la organización del yo.
Desde ese momento, y por diez años de su periodo de enseñanza, Lacan regresará una y otra vez a la obra de Freud señalando que ya todo estaba ahí: se declara como freudiano y a sus seguidores, si así lo quieren, lacanianos. De las aportaciones más relevantes de Lacan se encuentra lo que llama su única invención, el objeto pequeño a, objeto causa del deseo. En realidad hace muchas más aportaciones; en particular enseña una forma de “leer” la clínica utilizando lo que llama los tres registros, a saber: Real, Simbólico e Imaginario. También podemos pensar que es una aportación de Lacan al psicoanálisis el llevarnos a pensar con esquemas, matemas, topología y nudos, en fin, con matemáticas, son dispositivos que “permiten aglutinar” una importante cantidad de información. Son dispositivos de enseñanza.
Pero ¿quién diablos es Jaques Lacan? En principio, un joven médico, estudiante de psiquiatría, un psiquiatra que muestra interés por la psicosis, por la locura, e intenta una lectura de este fenómeno siguiendo a Sigmund Freud. Mucho más tarde sería visto como una moda parisina, un esnobismo. En 1932 escribe su tesis doctoral: “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad”. En este trabajo Lacan nos muestra la “paranoia de autopunición” a partir del célebre caso Aimée. Ahí busca poner a prueba las teorías de la personalidad mediante un detallado estudio. Más tarde agregará una lectura singular del muy renombrado caso del crimen de las hermanas Papin. Si Freud parte de la escucha de las mujeres histéricas para inventar el psicoanálisis, la lectura singular que de éste hace Jacques Lacan surge de la escucha del delirio psicótico; también de las mujeres. El psicoanálisis, por tanto, no podría ser sin ellas.
El primer tiempo de Lacan en el psicoanálisis estará marcado por una lectura de los espejos constituyentes, con la paranoia como paradigma. La paranoia que le lleva a señalar al Yo como fuente de desconocimiento. En sus inicios, el amor, el odio, la agresividad, la familia, serán los temas donde va a hacer girar su interés intelectual. Las formulaciones en torno al estadio del espejo serán su aportación más relevante del momento. Es un Lacan freudiano que lee en el maestro vienés todo lo que aporta referente a la constitución del sujeto a partir del yo como factor de desconocimiento, las psicosis, las relaciones de objeto (con la frustración, la privación y la castración como coordenadas) y, sobre todo, las formaciones del inconsciente y el deseo. En la primera década de los años cincuenta Lacan va a dar un giro radical en la lectura del inconsciente en tanto que lo liga con el lenguaje; lo hace así algo material, ligado a la historia del sujeto, y lo hace sujetándolo no de cualquier punto sino de la sexualidad y la muerte, esos dos tensores de la vida humana. Hasta aquí el lenguaje y el deseo habían organizado su enseñanza.
Para Lacan el lenguaje es la relación de significantes constitutivos del sujeto, y lo puede ser sólo a partir de que, como lector minucioso de Freud que es, hace valer la Función de la palabra y el lenguaje en el campo freudiano. Más radical aún, a partir de 1959-1960, con el seminario sobre la Ética, el pensamiento de Lacan dará un giro al introducir la dimensión de lo real y la insistencia del goce. Su enseñanza también da un giro de los esquemas y grafos a la topología de superficies, y más tarde de nudos.
Lacan es un contestatario; lo es en muchos campos: el lenguaje, la comunicación, el ser, la infancia, la filosofía, etc. Pero hoy quisiera proponer aquí un punto central de reflexión para cerrar este breve, muy breve, comentario sobre la persona que hace 35 años murió. Me refiero al muy manoseado tema de la sexualidad, eso que es, junto con la muerte, donde lo humano patina. Sobre esto Lacan se pronuncia en 1971 en Sainte-Anne: “La sexualidad está en el centro, sin duda alguna, de todo lo que sucede en el inconsciente. Pero está en el centro en tanto que es una falta, es decir, que en el lugar de lo que pudiera escribirse de la relación sexual como tal, se sustituyen los impasses, que son los que engendran la función del goce precisamente sexual.” Para el psicoanálisis, en la lectura de Lacan el goce no puede ser absoluto, tiene que ver necesariamente con una falta; por tanto, dice, “no hay relación sexual”. Es radical: no hay complementariedad del sujeto con su propio cuerpo, y por tanto no hay conjunción, armonía posible, total, con el otro y con Otro. En esto, y no en más, se va a diferenciar el psicoanálisis con respecto a otros discursos. Aunque esto que señala Lacan no es del todo inédito (él lo dice, Freud ya lo había dejado como la gran enseñanza en su trabajo nuclear Tres ensayos para una teoría sexual): no hay relación armónica entre el sujeto, su deseo, y el objeto de satisfacción, que permanece inconsciente. Esto es radical, marca una distancia fundamental entre el psicoanálisis y cualquier otro discurso: “no se trata del hallazgo del objeto sino la falta de objeto lo que estructura la relación del sujeto con la realidad”, escribe Helí Morales.
Lacan es contestatario. Veamos una frasee con respecto al amor, donde se concreta la inexistencia de la relación sexual. Escribe en 1972, en el Seminario Aún: “El amor es impotente, aunque sea recíproco, porque ignora que no es más que el deseo de ser Uno, lo cual nos conduce a la imposibilidad de establecer la relación de ellos. ¿La relación de ellos?, ¿quiénes ellos? Ellos, los dos sexos.”
Y una más, para poder dimensionar quién diablos es Jacques Lacan, quien murió un día como hoy hace 35 años: “Para tener la verdad de un hombre, haríamos bien en saber quién es su mujer. Cuando se trata de una mujer, no es la misma cosa.”








No Comments