UBÚ
Ismael Ledesma Mateos
Yo crecí impactado por los movimientos estudiantiles. Mi familia llegó a Puebla el 2 de octubre de 1968, luego de la masacre de Tlatelolco. Al día siguiente, en Excélsior vi la foto de un tanque en primera plana y en ¿Por qué? la imagen de un joven asesinado bajo el titular: “¿Por qué la Masacre?” Ambas ediciones desaparecieron en pocas horas.
Meses antes había sabido de la represión de mayo de ese mismo 68 en París y de la invasión de Alemania Oriental y de la URSS a Checoeslovaquia, la “Primavera de Praga”. Estaba estremecido, no entendía nada, pero sabía que era algo espantoso. Sólo el Padre Ubú habría sido capaz de tanta maldad…
Viendo noticias de la guerra en Vietnam, le pregunte a mi abuela: ¿Por qué los estadunidenses combaten en ese país? Ella respondió: “Porque son comunistas. Ellos quieren que todos seamos iguales y acabar con la desigualdad entre ricos y pobres.” Entonces le dije: “Quiero ser Comunista”, y recibí un “¡Eso está muy bien!”
En 1973, cuando estaba en la secundaria ocurrió otra masacre, ahora en Puebla. Gonzalo Bautista O’Farrill declaró la prensa: “Las armas que compramos no son para andarlas luciendo: tiraremos a matar.” Y lo hicieron, en contra de los estudiantes que pedían libertad y justicia el primero de mayo de ese año. Hasta el Padre Ubú se hubiera consternado… ¡Los mataron francotiradores por la espalda! Fueron días tristes, de los más negros en Puebla. Quisieron dejar solos y en el olvido a los estudiantes y el profesor asesinados; sólo en la iglesia de San Agustín se ofició una misa para ellos. Escapé de la escuela y pude presenciar ese acto, sencillo, honesto, donde el padre Medrano y el padre Batalla recibieron los ataúdes cubiertos con las banderas rojas con la hoz y el martillo. De inmediato los sacerdotes fueron enviados fuera de Puebla.
Esas imágenes determinaron mi deseo de estudiar en la UAP, de ser dirigente estudiantil e ingresar al Partido Comunista Mexicano, que por fortuna en ese momento gobernaba a la Universidad.
Años después, en mi época de estudiante preparatoriano conocí la obra de Costa Gavras y de nueva cuenta mi conciencia sufrió un impacto. Primero en la película “Z”, donde se refiere a la represión de la derecha en Grecia y luego la del estalinismo, donde una de las imágenes que más recuerdo es una escena de su película “La confesión” (L’aveu) donde los estudiantes hacen una pinta escribiendo: “Lenin ¿por qué nos has abandonado? Así terminé de entender el significado de la invasión de Praga.
De 1987 a 1993, como director de la Escuela de Biología de la UAP, luché por la democratización de la Universidad y por la educación crítica y popular que había postulado el ingeniero Luis Rivera Terrazas cuando fuera rector en mis tiempos de preparatoriano, antes de irme en 1978 a estudiar la carrera de biólogo a la UNAM.
Aun estando ya fuera de la UNAM, en 1987 vi con simpatía el movimiento estudiantil que ahí ocurrió ese año. Durante mi gestión, algo fundamental fue mi vínculo con los estudiantes, a los que apoyé en todo momento y que fueron el componente crucial de mi trabajo. De hecho, sin el apoyo activo de ellos la Escuela de Biología no habría funcionado adecuadamente.
Creo en la educación libre, crítica y gratuita y en el combate a la privatización de la Universidad. En consecuencia apoyé la huelga estudiantil de 1999 de la UNAM y acerca de ello escribí varios artículos en “El Universal”.
Hoy me llena de satisfacción y esperanza la manera en que los estudiantes del IPN han mantenido un movimiento para renovar y hacer resurgir una institución que fue creada bajo un espíritu republicano y de los intereses del régimen emanado de la Revolución, para poner “La técnica al servicio de la Patria”.
La enérgica acción de los estudiantes politécnicos, llevó a frenar medidas autoritarias y a llevar al cambio de autoridades empezando con la directora general, imponiendo condiciones de negociación adecuadas para la transformación democrática de la institución.
Espero que la designación como director general de Enrique Fernández Fassnacht y del secretario general Julio Mendoza Álvarez, lleven a buen término esta hazaña de los estudiantes en momentos en que todo parece estar en contra de los movimientos justos y democratizadores. Ojalá éste sea ejemplo de una acción política organizada a favor de la nación en la búsqueda de la soberanía a través del conocimiento y la educación. Y como cantaba Violeta Parra y Mercedes Sosa: “Que vivan los estudiantes / jardín de nuestra alegría / Son aves que no se asustan / de animal ni policía…”









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