Antonio Bello Quiroz
[…] amor es la única cosa en el mundo que yo entiendo Sócrates
El estatuto epistémico del psicoanálisis es un debate abierto. Freud siempre concibió a su invención como una ciencia, por lo menos buscó evitar por todos los medios que fuera confundido, e incluso degradado, con una religión o una filosofía. Desde sus primeros trabajos, como el Proyecto de psicología para neurólogos hasta los últimos, Freud nunca dejó de pensar en términos de química y física.
Pese a que desde sus orígenes la disciplina inventada por Freud señaló con toda claridad su objeto de estudio y su método de investigación (lo que no pueden presumir discursos como el de la psicología, por ejemplo), en su tiempo y hasta el nuestro los que se asumen guardianes del discurso científico le han escamoteado reconocerle un lugar entre las disciplinas científicas (como si al psicoanálisis le interesara en algo tener su aval), incluso la colocan en la peyorativa categoría seudociencia, con mucha frecuencia sin conocer medianamente al psicoanálisis. En fin, como digo, se trata de un debate abierto que personalmente considero estéril. Lo cierto es que el rigor del psicoanálisis bien puede considerarse como científico, incluso más allá de lo que las epistemologías “oficiales” puedan aceptar.
También se ha considerado al psicoanálisis como un arte. Si bien es cierto que algo comparte con el arte, especialmente en su praxis, difícil es poder colocarlo en esta categoría. Ante la pregunta, Lacan va a responder que el psicoanálisis es una ética. No es momento de desarrollar aquí esta innovadora afirmación.
Lo cierto es que si bien el psicoanálisis no es plenamente un arte, la relación entre ambas disciplinas ha sido muy fructífera y estimulante, muy en particular con aquel hacer artístico más cercano al psicoanálisis: la literatura. Lo que liga ambas disciplinas es el trabajo con la palabra y la ficción, entendiendo la ficción como una verdad que ha encontrado una operativa estructura simbólica. El psicoanalista francés Jacques Lacan, en particular, sostuvo la relevancia de la letra en el psicoanálisis; fue un muy activo y profuso lector de textos literarios: Edgar Allan Poe, Marguerite Duras, Shakespeare, André Gide, el Marqués de Sade, Genet, Joyce, entre muchos más, son referencias constantes en los trabajos del psicoanalista.
Si en algún punto se articulan el psicoanálisis y la literatura es en el amor, que es esencialmente un hecho del significante, un hecho del lenguaje. Lacan aborda, desde El arrebato de Lol V. Stein, de Marguerite Duras, algunos temas cruciales como el Don de amor o el enigma de la feminidad, por ejemplo. A esta novela el psicoanalista, durante un encuentro con su admirada escritora, la calificó como un delirio clínicamente perfecto. La novela es una mirada al sesgo sobre el amor, nos revela la cercanía del amor con el arrebato, cercano al delirio.
En otra referencia que permite apreciar la relación entre literatura y psicoanálisis, Lacan, en diferentes momentos, como en el Seminario 5 Las formaciones del inconsciente y en la última parte del Seminario 8 La transferencia, analiza El balcón, la obra de teatro escrita por Genet.
Jean Genet es un narrador y dramaturgo francés, nacido en 1910 y muerto en 1986. Muchas son las peculiaridades de este escritor que escandalizó a la sociedad francesa de su tiempo: hijo de una prostituta que lo abandonó, a los diez años fue acusado de robo e internado en la correccional de Mettray (sería la primera de muchas a lo largo de su vida). Él mismo se hizo ladrón, se prostituyó y se dedicó al contrabando. La sociedad siempre le pareció una falsedad: premia a quienes niegan sus propios deseos y castiga a quienes son auténticos. Fue en la prisión donde escribió su primera novela, El condenado a muerte. Su trabajo es esencialmente autobiográfico, en particular Nuestra señora de las flores. En 1947 es vuelto a detener y condenado a cadena perpetua. Ante esto, un grupo de artistas e intelectuales como Sartre y Cocteau escriben una carta pidiendo la conmutación de la condena; el presidente de Francia concede el indulto en 1948.
Si Lacan aborda El balcón (escrita en 1956) es esencialmente para mostrar que el amor tiene un costado de comedia. Genet decía que la obra tenía que representarse como “la glorificación de la Imagen y el Reflejo”. En la puesta en escena, que en principio llevaba el nombre de España (en referencia a las imborrables experiencias que el autor tuvo en los burdeles de Barcelona), los personajes son clientes de un burdel llamado El Balcón, donde todas las fantasías, su liturgia le llaman los personajes, se pueden comprar y efectuar. Entre los fantasmas que son representados están los del obispo, el juez y el general, quienes detentan tres funciones simbólicas en toda sociedad y en todo sujeto. Durante los tres actos los personajes se juegan en parejas contradictorias: el obispo y la pecadora, el juez y la ladrona, el general y la chica-yegua. Cada fantasía, sin embargo, obedecía a una serie de reglas y especificaciones que las prostitutas tenían que ejecutar para la satisfacción de los clientes. La farsa tiene que ser verdadera, les dice Irma, la matrona, a las jóvenes prostitutas: “Una carcajada o una sonrisa, incluso, lo echan todo abajo”.
Sin embargo, la posibilidad del juego que se representa en la obra de Genet está justamente en hacer siempre presente una característica que haga evidente la ilusión. Se trata de ese límite entre “los detalles auténticos” y “los detalles falsos”. Se juega, como en el amor, con el equívoco entre la realidad y la ilusión. En toda la representación, hecha con gravedad y seriedad, debe existir un elemento ilusorio que les haga saber que se pueden detener en cualquier momento. Lacan señala: “[…] en la representación es necesario un rasgo que lo haga no verdadero, pues de lo contrario, quizá, si se convirtiera del todo en verdadero ya no habría forma de saber dónde está uno. Quizá al sujeto ya no le quedaría forma de sobrevivir a eso”.
La comedia en el amor posibilita gozar de una relación organizada no en la realidad sino a partir del orden significante; es decir, posibilita el surgimiento de la significación fálica.








No Comments