René Avilés Fabila
Los elefantes son contagiosos, que toma su nombre de un refrán de Paul Eluard, es una novela experimental en varios sentidos. Obra surrealista y dadaísta a la vez que punk, sátira ridícula a la vez que una tragedia severa, narración de lectura ágil y divertida, es también un retrato realista de la vida cultural de la ciudad de México, una metrópolis que nació en decadencia, donde el tiempo está congelado y que permanece idéntica a sí misma a lo largo de las épocas (o sexenios), una ciudad inmóvil, irreal, fantástica. El autor no tiene piedad para exhibir sus fobias ni vergüenza para mostrar sus filias, y ése es uno de sus puntos fuertes, pues la crítica y el halago trascienden, y en su pluma se convierten en reflexiones en torno al oficio mismo de escribir libros en este México de mafias culturales y literatura oficial, planteando un problema moral acerca de la creación estética. Por la novela pasan lista algunos de los escritores más representativos de la literatura moderna; no faltan Octavio Paz, Julio Cortázar ni García Márquez, por un lado; por otro, Rimbaud, Tzara o Breton, quienes sirven al autor para lanzar sus ácidos e hirientes comentarios, una crítica amarga a la mediocridad reinante, una parodia que toma la forma de una venganza. Pero no todo es maldad en este libro; hay en él una profunda ternura, unas evidentes y poderosas ganas de vivir y de amar. Los elefantes son contagiosos es también una novela amorosa, un retrato de la juventud y sus esperanzas, muchas veces fallidas. Ahí, radica la tragedia que es el fondo de la novela debut de Jorge Jaramillo.
Usted quería saber de Ivonne Vira es una obra que nace (lo decía Emmanuel Carballo refiriéndose a Juan José Arreola) madura. Los cuentos que la conforman están edificados con sólido basamento temático y formal de frases breves, cortantes, a veces telegráficas, lejos de cualquier estridentismo. La exactitud tiene en ella un sentido literario que busca una comunicación eficaz con los lectores. El mundo de Ivonne pareciera una decidida defensa de lo cotidiano, eso que parece inocuo y resulta violento. Bien leído es mucho más. Cada relato encierra una tragedia, personajes de apariencia inocente pero capaces de ser monstruos. El libro es un apocalipsis de bolsillo. Los personajes son tormentosos y acaso parte del mundo agresivo y desconcertante que hemos logrado edificar. Los demonios, lo precisa la autora, son atroces y capaces de mostrarse en una cocina o en una librería.
En efecto, el mundo de Ivonne inquieta y en un país de sorprendentes cuentistas, aparece ella y se suma a quienes buscaron en la brevedad la clave de su intensidad. La soledad y la zozobra son parte de una propuesta literaria novedosa. Domina la prosa severa, es como suele decir Beatriz Espejo, una prosa castigada, trabajada con rigor. Los relatos sobresaltan por su talento y brillantez. El mundo no es perfecto y menos feliz, es lo inverso, una suerte de infierno que impide el ingreso a un medio sonriente; el disfrute de la vida, siempre encuentra obstáculos.
Estamos ante el surgimiento de una prosista ejemplar, arranca con paso firme y desde estas páginas fascinantes y memorables, de historias preocupantes, ya dejó huella en las letras mexicanas.
La pared del laberinto: Ceniza y destierro de Miguel Martínez Barradas, es la meditación trascendente de un hombre del siglo XXI con ancla en la antigüedad: sintaxis depurada, intertextualidad prolija, ritmos e imágenes altamente deliberados. Es el libro de un joven autor que, no obstante, se lee maduro, en posesión de su habilidad estilística, consciente de su pertenencia a una tradición y orgulloso de sus influencias literarias y filosóficas. La estructura interna del poemario consiste en cuatro capítulos (“La sangre del mundo”; “Deseo de completud”; “Ser y parecer” y “Post scriptum”) que a manera de piedras angulares son el soporte de la alta torre de su ambición literaria, misma que nos hace recordar aquel poema polémico y deslumbrante, como todo lo suyo, de Rubén Darío: “¡Torres de Dios! ¡Poetas!… Pararrayos celestes… Rompeolas de eternidades…”
Los grandes temas de Miguel son: el conocimiento hermético; la metafísica del ajedrez; el garabato de la muerte; el fantasma de la identidad; la estafa de la religión; el menage a trois del cielo, la tierra y el infierno; el hipotético sentido de la vida; la inaudible canción de los amantes; la exploración metatextual; la blasfemia liberadora; el tópico circular del odi et amo de Catulo; y la iluminación a través del koan y del aforismo. Este primer libro de Miguel es la raíz del árbol: todo lo futuro surgirá de estas páginas primigenias. Ese dios que increpa le ha entregado el fuego de la poesía, la luz de la palabra en libertad. A cambio, escribe versos de cuidada sintaxis y evocadoras imágenes: “En la ascensión / irreversible / el símbolo / es la patria / a la que el iniciado regresa”.
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* Agradecemos a la Dra. Ana María Huerta Jaramillo, directora de Fomento Editorial de la BUAP, la autorización para reproducir el presente texto, formado con los prólogos de los libros ganadores del Premio René Avilés Fabila, convocado por esta institución.









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