Mariela Arrazola Bonilla
La semana pasada trascendió a nivel nacional una queja, cuya extensión se mide en cuartillas, en la que la curadora, investigadora y crítica de arte Ingrid Suckaer relató una brevísima entrevista que tuvo con la directora del Festival Internacional Cervantino (FIC) Mariana Aymerich, a quien ha calificado como prepotente y sobre todo de ignorante.
La curadora fue con la intención de proponer una exposición de arte indígena contemporáneo, y ahí se le dijo que no habría más artes visuales en el FIC, porque no habían contribuido en nada. Dicha frase desató la furia de Suckaer, quien decididamente envió una carta pública a la secretaria de cultura Alejandra Frausto, donde sin perder detalle y con sobrado tiempo, enlista decenas de exposiciones y artistas que han contribuido a dicho festival para mostrar, quizás más históricamente, la relevancia de las artes visuales en el FIC.
Resaltan, en mi opinión, tres hechos: el primero: obviamente la cancelación de apoyo gubernamental para las artes visuales en el FIC; el segundo: que el desplante fue hecho a una mujer respetadísima en el gremio; y el tercero: que ni por ser arte indígena tuvo cabida.
Me parece que un error garrafal es el de aseverar que las artes visuales en el FIC no han contribuido en nada. Creo sinceramente que esto debió justificarse o argumentarse de mejor manera, con evidencia sustancial: indicadores, estudios de público, etcétera. Por otro lado, es de esperarse que Frausto reconsidere la postura que su secretaría ha tomado, o al menos, entregue un sustento que permita salir a su funcionaria bien librada y que al mismo tiempo demuestre que, en efecto, las artes visuales no han contribuido en nada a dicho festival.
Lo cierto es que este episodio irónico, donde queda fuera lo indígena, deja ver que la 4T lejos está de resolver los problemas de la cultura en México. La gestión cultural basada en decisiones unilaterales —el estado arquitecto donde la burocracia cultural es responsable única de la toma de decisiones— no es satisfactoria para la comunidad cultural, gobierne quien gobierne, queda a deber en términos democráticos.
Insisto en el tema: presupuesto participativo, estudios de público, transparencia en la gestión.









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