Roberto Martínez Garcilazo
“Señor, tú eres la guerra. Cuando llamas, mi Dios, es clarín bélico, carros de Aminadab en avalancha, tu boca de silencios. Cuando llamas, Señor, ¿quién te resiste? Flauta de Jericó suena en tu asedio, y al hombre que miraste tomas a sangre y música, en vilo de cantares y en tormento. Mataste mis rebaños con sólo tu caricia. Asolaron la viña tus voces de salterio quemando las cabañas de mi gozo y estrangulando el pájaro bermejo. Envenenaste el agua que bebía en los labios amados y sembraste de púas aquel pecho donde mi sien dormida te olvidaba coronada de huertos. ¿Cómo osar olvidarte, cuando Tú no te olvidas y hoy demandas lo tuyo con un grito en silencio? Cuando clamas, oh Altísimo, vuelcas en la ciudad todo el infierno. Ahora es la tiniebla, la ceguera de Saulo. Para mirar la luz hay que estar ciego. Para que alce la torre campanas y palomas, cercenar a cuchillo muchedumbre de sueños, acribillar las rosas, comer el pan de despojo y desierto. ¡Ay, Amo incomprensible, tienes nombre de guerra! Haces luchar al hombre cuerpo a cuerpo con sus propias entrañas y devorar sus dioses y sus huesos hasta quedarse en sombra devastada. Sólo entonces lo puebla tu Potestad de Fuego, y el Trono de la Cítara, y el Principado de Oro, y el Serafín de Incienso. Pero a mí no han bajado esas Antorchas, ni en el tacto del alma al Vencedor presiento. Soy un herido en el campo de batalla, ¡no abandonen su presa las Milicias del Cielo! Oigo gemir la ruina; oigo a mis muertos que me piden sudario y algún surco en la tierra. Inútilmente claman los recuerdos: insepulto ha de estar lo que no es tuyo, atrás, a mis espaldas, en el yermo. Mis manos que mañana traspasará la música no tocaran lo muerto. ¡Es el Señor que pasa! ¡El Sinaí y su pueblo no pueden soportarlo! ¡Quién soporta al Eterno! ¡Es el Señor que pasa y en el hombre azorado estalla el universo!”
Lo anterior es un poema de Emma Godoy que lleva por título la frase “Señor, tú eres la guerra”. Godoy formó parte de una generación extraordinaria de mujeres poetas integrada por Griselda Álvarez, Margarita Michelena y Guadalupe Amor.
La obra poética de Emma Godoy es parte de la tradición católica de la poesía mexicana, cuya relación, del siglo XX, contiene principalmente los nombres de Concha Urquiza, Carlos Pellicer, Gloria Riestra, Alfredo R. Placencia, Alfonso Junco, Joaquín Antonio Peñalosa. Ramón López Velarde, Amado Nervo, Manuel Ponce y Gabriel Zaid.
La obra poética de Emma Godoy —como en general la de la cohorte lírica a la que pertenece— ya no se reedita ni se lee y en tres décadas desaparecerá completamente.
La razón de esta inminente y fatal desaparición es neurológica, que no ideológica. No es cosa de ideas, es de sinapsis.
Los lectores de poesía no discriminan negativamente los tópicos católicos oponiendo los filosóficos. No es la disputa Atenas versus Jerusalén; Academia de Platón y Estoa de Epicteto versus Evangelistas trashumantes del desierto. No se trata de la aparente disyuntiva anterior porque la síntesis de la cultura clásica y el cristianismo ocurrió y fue fecunda.
La explicación es otra y simple: los lectores de ideas somos especie humana casi extinta y hoy priman en el mundo los seres que leen “redes sociales”. En efecto, hoy es muchedumbre la etnia global de los esclavos del mercado.
En Notas de un método María Zambrano escribe que “es el sentir el que moviliza la atención”. Y en su traducción de Atención y poesía, de Cristina Campo, (Sur, 1961) escribe que:
“En algunos viejos libros se le ha dado al justo el celeste nombre de mediador. Mediador entre el hombre y Dios, entre el hombre y otro hombre, entre el hombre y las leyes secretas de la naturaleza. Al justo, y al justo solo, se le concede el oficio de mediador porque ninguna atadura imaginaria, pasional, puede coartar o deformar en él la facultad de lectura: ‘Et chaqué être humain et chaqué chose crie en silence pour être lu autrement’ (Y cada ser humano y cada cosa gritan silenciosamente para que se lea de otra manera) Simone Weil, El peso y la gracia.
De aquí la importancia de la libertad del corazón que todas las iglesias recomiendan como higiene espiritual: vigilia de las turbaciones, mantenerse en disponibilidad para la revelación divina. Pero ninguna iglesia ha dicho nunca explícitamente: manteneos puros en las obras y en los pensamientos para concertar a los hombres y las cosas según esta mirada sin sombras. En este plano aparecen como equivalentes: justicia, poesía y crítica: son tres formas de mediación.
Apostillas a la cita anterior:
- La lectura justa es la lectura atenta, es la otra lectura que exigen los hombres y las cosas, esto último según Weil.
- Justo=mediador=consejero=paráclito=el espíritu=la revelación.
- La libertad de corazón o higiene espiritual es condición imprescindible para realizar la lectura atenta, para “concertar a los hombres y las cosas”.
En este punto, debo citar otra vez la traducción de que de Campo hace Zambrano; son los últimos párrafos y son extraordinarios porque unen, sintetizan, ética y estética:
“En este punto la atención alcanza quizás la forma más pura, su nombre más exacto: la responsabilidad, la capacidad de responder por algo o alguien que nutre en igual medida el entendimiento entre los seres, el nacimiento de la poesía y la oposición al mal. Pues, en verdad, todo error humano, poético y espiritual, no es, en esencia, sino desatención.
”Pedirle a un ser humano que no se distraiga en ningún momento, que se sustraiga sin descanso al equívoco de la imaginación, a la inercia de la costumbre, al hipnotismo del hábito, su facultad de atender, es pedirle que actualice al máximo su forma.
”Es pedirle algo que se acerca a la santitud [sic], en una época que parece perseguir solamente —con furia ciega y con escalofriante éxito— el divorcio total de la mente humana de su propia facultad de atender.
”Es pedir lo imposible; peras al olmo, inteligencia y sensibilidad al hombre actual. Porque, en resumen, la atención es la fusión de las conciencias del lector y el texto para recrear la tradición, presenciamos, hoy, la lenta desaparición de la poesía católica.”
Tal vez en lo futuro sea otra su forma y sobreviva más allá de la iglesia. Mientras tanto, leamos a Emma Godoy con la certeza de que la poesía en su excelsa visión es profecía: Haces luchar al hombre cuerpo a cuerpo con sus propias entrañas y devorar sus dioses y sus huesos hasta quedarse en sombra devastada.









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