Alejandro Hernández Daniel
Mientras caminaba por los pasillos de una librería en busca de algo para leer, noté con curiosidad, en el lomo de un ejemplar, que el título incluía un apellido que coincidía con el de una científica acerca de la que estaba investigando desde hace algún tiempo. Al tomarlo y revisarlo de manera detenida reparé en un dato interesante: llevaba adosada la palabra ciencia, lo cual me atrajo aún más. Se trataba de Ciencia y Política entre las dos Repúblicas: Odón de Buen, escrito por Antonio Calvo Roy.
De manera inmediata contacté directamente con autor e intercambiamos algunos temas de interés sobre unas páginas de su obra en particular, donde hace mención de su biografiado, el científico naturalista, divulgador de las ideas de Charles Darwin en España y fundador de la oceanografía española, Odón de Buen y del Cos, exiliado en México como consecuencia de la Guerra Civil Española en el año de 1942, y que probablemente cultivó la amistad de Alfonso Luis Herrera López, fundador de la primera cátedra de biología en nuestro país y autor del primer libro de biología editado en México. Incluso Odón de Buen fue testigo del entierro de Alfonso Luis Herrera.
En aquel momento no había reparado en la identidad de Antonio más allá de nuestro intercambio de mensajería electrónica sino hasta que, interesado poco después en tópicos del periodismo científico, consulté otro libro llamado La comunicación de la ciencia a través de artículos científicos, de Santos López Leyva, Alda Alvarado Borrego y Ana Bárbara Mungaray Moctezuma. Al abordar los autores el tema de periodismo científico hacían constante alusión y referencias a un tal Manuel Calvo Hernando
¡Cuán pequeño el mundo es! Se trataba del difunto padre de Antonio, quien fue cofundador de la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico y de la Asociación Española de Periodismo Científico, que actualmente lleva el nombre de Asociación Española de Comunicación Científica (AECC), que presidió su hijo Antonio hasta el año pasado y que es parte de la Federación Mundial de Periodistas de Ciencia
El periodismo científico, actividad profesional a la que se dedicó Manuel Calvo y se dedica actualmente Antonio Calvo, es una especialidad periodística que selecciona, procesa y transmite información de actualidad referente a temas de ciencia y tecnología que se destinan a un público de masas. Su objetivo es establecer un puente entre los productores del conocimiento científico y el público en general, con el propósito de lograr una mejor comprensión del entorno circundante y de propiciar el fomento de una cultura científica.
El periodismo científico ocupa un papel cada vez más destacado en el mundo, y se debe exigir a los periodistas una mejor formación en estos temas para poder mediar entre los especialistas y el público. No hay mejor ejemplo en estos momentos que lo generado antes, durante y actualmente acerca del SARS-CoV-2.
Las maneras de narrar en el periodismo científico van desde la noticia, pasando por el resumen de los hechos relevantes del campo, hasta la opinión profesional. Un aspecto importante es establecer fuentes o contactos que proporcionen información confiable y pertinente, lo que las convierte en notas “blancas”, a diferencia de las “amarillas”, que tienden a la especulación. Esto cobra relevancia para poder posicionar este tipo de información generada en la agenda de los medios, sean impresos o virtuales, que se vuelven necesarios para transmitir de manera más entendible el conocimiento científico especializado a un público más amplio.
Durante el Simposio Periodismo de la Ciencia y de la Tecnología que tuvo lugar en 2015 en Quito, Ecuador, Antonio Calvo Roy, en ese entonces todavía al frente de la AECC, mencionó en su conferencia magistral La importancia de la información científica en el mundo contemporáneo que, como periodista encargado de cubrir ciencia, hay que saber hacer las preguntas oportunas, contrastar respuestas, tener una formación en ambas áreas, tanto en la periodística como en la científica, tener conciencia de los objetivos de la ciencia así como de los científicos que la producen y la tecnología incluidos sus orígenes históricos.
Por otra parte, no hay que olvidar que la comunicación y el flujo de información son cruciales para la acción científica, política y gubernamental, debido a que la información es poder que, en opinión de Antonio, es necesario subordinarlo a los ciudadanos, al proponer que la sociedad debe de saber acerca del cambio climático, genética, tecnologías de la información, etc., así como el derecho a saber cómo funciona la ciencia y sobre su financiación.
La comunicación científica es esencial para la lucha por el poder. Es importante para la generación de una cultura científica, de un público bien informado y que puede sentar las bases de la construcción no solamente de una opinión bien cimentada sino también un criterio propio. Es, al fin y al cabo, comunicar para poder decidir.
La gran mayoría de los científicos, hasta ahora, no se ve o considera obligada a relacionarse con la sociedad. Sin embargo, al incrementar la información y comunicación de la ciencia en un proceso de convicción (es decir, “saber convencer”), puede resultar en una ventaja en la manera en que los investigadores obtienen recursos, patrocinios y presupuestos de investigación a través de repartos de proyectos públicos en los que compiten con otros más, y resultaría de utilidad convencerles que una buena estrategia publicitaria puede ser la diferencia en que sus proyectos salgan a flote o no.
No obstante, a pesar de todo lo descrito, es preciso tener en cuenta algunas advertencias. Tal es el caso de la ignorancia y los sesgos propios, así como ante la fuentes que anteponen sus intereses a la veracidad o validez de sus investigaciones y viceversa. En nuestro caso particular mexicano, por ejemplo, en que la prensa y los medios de comunicación en general, durante muchos años, han jugado papeles pútridos en el escenario nacional al imponer su influencia a gran parte de los ciudadanos y hacer del engaño una forma de distracción para ocultar intereses mezquinos, lo que puede representar un reto para aquel que elija dedicarse al periodismo científico al querer comunicar información a una audiencia ya habituada a la desconfianza de los medios.
Actualmente se requiere estar, en la medida de lo posible, al día de los acontecimientos de índole científica, ya que en este momento la velocidad de transmisión y su inmediatez en la comunicación de eventos plantean destrezas y exigencias diversas, dado que el periodismo de ciencia, al ser un oficio, hay que saber hacerlo adecuadamente.
Por último, es importante dar a entender que se hacen esfuerzos y aportes respetables de periodismo científico en varios centros relacionados a la investigación en México, como en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV), al invitar a la Mtra. Bertha Alicia Galindo, cuya presentación por demás interesante fue Ciencia y tecnología, una mirada desde el periodismo, como parte del Programa de Doctorado Transdisciplinario en Desarrollo Científico y Tecnológico para la Sociedad. Otro aporte fue el Seminario Nacional de Divulgación de la Ciencia, organizado por el Instituto de Ecología (INECOL) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), que propuso el taller Divulgación de la Ciencia para Periodistas impartido por Isela Pacheco, Hugo Garizurieta y Rafael Campos, de Radiotelevisión de Veracruz. Y por último, la mención a la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, fundada en enero de 2016, que pretende impulsar el periodismo de ciencia, tecnología e innovación a través de actividades de profesionalización como talleres, cursos y seminarios de capacitación.









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