Ismael Ledesma Mateos
En una cantina de la Ciudad de México, gente borracha con mariachi en gran escándalo, la tv con futbol con un partido Santos vs. Pachuca, mientras en el Ángel de la Independencia ocurre una velada por los probables muertos en lo que sería el genocidio de Ayotzinapa.
En otros canales de televisión se da la crónica oficial del crimen: patética realidad de un patético país.
A esos sectores de la población que conciben la vida como una pachanga, la mayoría integrantes de un estamento social que puede caracterizarse como la lumpenburguesía, la política es una mierda, todos los políticos son iguales y lo único que importa es el negocio y hacer dinero. Lamentablemente ésa es la entraña de nuestro México, ésa es la triste y cruda realidad.
En tanto continúa el conflicto en el Instituto Politécnico Nacional, para esa gente los estudiantes son unos revoltosos, que están en paro para no estudiar; se trata de la máxima expresión de la gente sin conciencia de clase y que siente que son lo que no son. Es la gente que ha permitido que el pri se mantuviera en el poder y que en los hechos ha sostenido este fenómeno mágico y misterioso que acertadamente Vargas Llosa denominó “la dictadura perfecta”. Una dictadura que, paradójicamente, es una caricatura de una dictadura.
En un atisbo de esperanza en el año 2000, México votó mayoritariamente por una transición a la democracia (una transición que resultó ilusoria), en la que la idea del voto útil hizo presidente a Vicente Fox. ¡Craso error!
Luego, al término de ese patético sexenio, plagado de ignorancia y estupidez, vino el intento de desaforar al más claro aspirante a la presidencia por parte de la izquierda, vivimos un repugnante fraude electoral, muestra de que la dictadura perfecta no es sólo del pri sino de todo un sistema político corrupto, donde los partidos políticos imperantes pueden alternarse sobre la base de su carencia de principios. De ahí la acertada denominación que para ellos hizo Andrés Manuel López Obrador: el “prian”.
La derecha panista, la supuesta izquierda oportunista del prd, y el pri, el partido político mafioso, son las opciones “políticas” dominantes de un país donde cada vez se hace más poderoso el imperio del narcotráfico. La ironía punzante del secretario de Gobernación Manuel Bartlett, en el momento del fraude electoral de 1988 (del cual estoy convencido que no fue responsable), cuando anuncia que “se ha caído el sistema”, evidentemente no se refiere a un sistema de cómputo, sino a la caída del sistema político mexicano.
La llegada de los neoliberales al poder, marcó efectivamente la caída del sistema político emanado de la Revolución, que a pesar de su orientación populista condujo a un desarrollo estable que se vino abajo con la orientación neoliberal. El extremo más bajo de la degradación política de México se dio con el fraude electoral de 2006, cuando le fue robado el triunfo a López Obrador, quien ahora, al fundar Morena, abre la única expectativa de esperanza a esta nación acorralada.
Durante esos sexenios de este siglo xxi, los de los panistas, Fox y Calderón, y del priismo restaurado de Peña Nieto, el país ha entrado en la más monstruosa condición de ingobernabilidad, con un Estado verdaderamente omiso. Patético es el que se diga que los cadáveres encontrados en múltiples fosas, no son de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, y que con el mayor cinismo no se explique de qué personas asesinadas se trata.
El narco controla municipios, estados e instancias gubernamentales con toda impunidad; rectores de universidades poseen fortunas millonarias y el país se encuentra hundido en la mayor crisis de su historia. Mientras Televisa mantiene estupidizada a la gente con sus transmisiones deportivas, además de seguir ideologizando con sus telenovelas de pésima calidad, el caso de Ayotzinapa, sin duda el más grande oprobio a la nación en los últimos años, el país se encuentra paralizado, sin legisladores eficaces que impongan la legalidad y el estado de derecho.
Las manifestaciones de los últimos días, particularmente la del 22 de octubre, que ha sido una de las más grandes que he visto en mi vida, así como los paros en universidades e instituciones de educación superior y la manera enérgica y responsable con la que los estudiantes politécnicos respondieron a los intentos autoritarios de mermar la calidad y la fuerza de esa institución fundada por Lázaro Cárdenas para contar con una educación realmente “al servicio de la patria”, son una de las pocas alternativas que nos hacen pensar que puede haber una luz al final de este tenebroso túnel.
¡Es una verdad implacable, el que México se encuentra en uno de los peores momentos de su historia!









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