Miguel Samsa
El propio Ian McCoffee reconoce que en su hipótesis sobre el origen de la composición del poema Sobre la naturaleza, de Parménides de Elea, pudo tener una fuerte influencia el estudio biográfico que el argentino César Aira escribió sobre este filósofo (Parménides, Mondadori, Barcelona, 2006).
El planteamiento de Aira de que la autoría del poema parmenídeo bien pudiera ser la obra de un desconocido escribano contratado por el filósofo, habría dado un giro a las investigaciones de McCoffee, entrampadas desde una década atrás, según él mismo lo plantea.
En un artículo publicado en el Anuario de Filosofía de la Universidad de Boston, en 1996 (“The enigma and revelation: Approximations philological to the poem of Parmenides of Elea”), McCoffee consideró la posibilidad de que la obra del fundador de la escuela eleática —y tal vez también la de Heráclito de Éfeso— hubiera surgido de alguna influencia oriental, como el zoroastrismo, al margen por completo de las tendencias seguidas por sus contemporáneos griegos. Sin embargo, McCoffee no encontró elementos suficientes para sustentar de manera contundente tal aseveración.
El carácter fragmentario del poema, los aparentes cortes en la secuencia del texto, que se atribuirían al extravío ocasionado por el paso del tiempo, le resultaban harto desconcertantes a McCoffee, como es el caso del fragmento V: “Indiferente será para mí el lugar donde comience porque a este punto tendré que volver de nuevo.” ¿Se refiere a la ausencia del límites del Ser?, ¿a su omnipresencia? ¿O es en realidad una reflexión personal en torno al trabajo que el mismo Parménides realizaba durante la composición del poema?
Y alude también a esos fragmentos inconclusos, como el XVa (“… de raíz acuática…”) o el XVII: “A la derecha los mancebos, a la izquierda las doncellas…”) o la ausencia del fragmento XVIII, sobre el cual sólo puede especularse.
Estos enigmas, así como la alegoría del viaje iniciático con que abre el poema, y la posterior lectura de la obra de Aira sobre el filósofo, fueron los detonantes de la hipótesis que llevó a McCoffee a la escritura de Del Tao al Ser: indagaciones sobre la génesis del pensamiento de Parménides (Boston, 2009), en donde conjugó el estudio filológico realizado con anterioridad y algunas herramientas de la historiografía, además del apoyo de orientalistas e historiadores del pensamiento chino.
En esta, su última obra, llega a una propuesta aún más arriesgada: Parménides, más que componer su propio poema, habría intentado una traducción del Tao te Ching a partir de una copia comprada a comerciantes de la ruta de la seda. Desconocedor del chino, Parménides habría recibido la ayuda de un escribano persa, por lo que el poema habría pasado de su idioma original al persa y, de ahí, al griego. Sin embargo, por razones que McCoffee no llegó a esclarecer el trabajo de traducción quedó inconcluso y Parménides decidió darlo a conocer como una obra propia, no sin antes ensayar una estructura que unificara los pocos fragmentos traducidos con sus propios comentarios y anotaciones.
Tal sería el caso, señala McCoffee, de estas líneas del capítulo I del Tao te Ching: “Desde el no-ser comprendemos su esencia; y desde el ser sólo vemos su apariencia.” Parménides habría traducido: “Hay que decir y pensar que el Ser existe, ya que es a él a quien corresponde la existencia, en tanto es negada a lo que no es.” Y habría agregado a continuación, como nota personal atribuida a la divinidad que le revela tal conocimiento: “Te invito a que consideres todo esto.”
La discordancia entre la versión original y la traducción se explicaría, para McCoffee, por una confusión en el doble proceso al que fue sometido el texto, pues como ya se dijo antes, Parménides habría trabajado sobre la versión de su asesor persa y es posible que en ese tránsito algunos términos se confundieran o vieran pervertido su sentido original.
Lo mismo con el capítulo IV del Tao te Ching: “El tao es vacío, imposible de colmar, y por eso inagotable en su acción. En su profundidad reside el origen de todas las cosas”, que según McCoffee se corresponde con estos versos del fragmento VIII del poema de Parménides: “No es igualmente divisible, puesto que todo él es homogéneo.
”Nada hay de más que llegue a romper su continuidad ni nada de menos, puesto que todo está lleno de Ser.”
McCoffee asegura, incluso, que el viaje iniciático narrado en el primer fragmento sería, en realidad, una alegoría del viaje y la transacción comercial que le permitieron a Parménides adquirir el Tao te Ching.
Así, el filósofo eléata se habría convertido en el primer traductor de Lao Zi en el mundo occidental, aunque lo haya presentado como una obra propia y para ello, a semejanza de lo planteado por Aira, contara con la ayuda de un escribano cuyo nombre se habría empeñado en mantener en el anonimato.
Por supuesto, la obra de McCoffee ha contado con numerosos detractores, quienes lo acusan de interpretaciones arbitrarias y carentes de rigor. Pero, en particular, de pretender el descrédito de una de las bases fundamentales de la filosofía occidental al convertir a Parménides de Elea en un vulgar plagiario.









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