Fernando Sánchez Clelo
El niño rubio sube corriendo por la escalinata del parque y lo consigue: alcanza a la mariposa tornasol que revoloteaba entre los árboles. La toma delicadamente entre sus manos, la coloca apaciblemente en el suelo y la aplasta de un pisotón. Ríe escandalosamente. Pisa el cordón de su zapato y rueda por los escalones. Dios se carcajea.









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