Edgar Gil Martínez
El fanatismo y la radicalización pueden ir de la mano y uno de los muchos temas que mantienen ese estado latente es el de una supuesta confrontación entre el jefe del Ejecutivo con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Sí la hay, entendida desde que inició este sexenio hasta el día de hoy a partir de tan lamentables declaraciones del actual vocero del movimiento, el Subcomandante Moisés y su excandidata presidencial María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy), al menos no es recíproca. Pese a ello, causa escozor leer todo tipo de opiniones desproporcionadas, racistas y clasistas principalmente de muchos “amlovers” contra el movimiento zapatista, pues, independientemente de que ese ataque esté dirigido a Marcos, la comandancia o los dirigentes, existe una base social muy crítica que también ha recibido la embestida mediática, lo que ha generado la confrontación del pueblo contra el pueblo, la que intentan aprovechar el PRI y el PAN.
Pareciera que muchos “amlovers” desconocen el reconocimiento que López Obrador ha dado en sus libros al EZLN, donde de buena manera alude al papel que el movimiento tuvo en la constitución del proceso democrático mexicano, llegando a desmitificar el supuesto origen priista de aquél. Lo más interesante, es que ni él, ni algún miembro de su gabinete, se ha pronunciado al respecto, más allá del hecho de aceptar las diferencias. En definitiva, ha habido mesura y respeto.
El EZLN fue la esperanza de México hace tiempo; efectivamente, se consolidó no sólo como un grupo rebelde que se enfrentó a un régimen político caduco y viciado, sino que a partir del “ya basta” como grito de lucha, sus seguidores lograron aglutinar diferentes frentes en muchas partes de México y del mundo. Escritores, investigadores y poetas de todo el mundo los visitaban. Más de una vez, con algunos de mis camaradas, presencié cómo los Aguascalientes (hoy Caracoles) se volvieron un lugar incluso turístico. Desde entonces los escépticos siempre han preguntado: ¿por qué se ocultan?, ¿a quién le temen? Todavía leo a sus simpatizantes justificarles ingenuamente: “para protegerse del gobierno” o “es que deben estar a salvo de sus enemigos”, “es la única manera de que nos vean”, insisten ellos. Lo cierto es que la sociedad no quedó muy convencida con esas explicaciones, al grado de que hoy más que nunca ese planteo ha pasado a ser muy cuestionado, por ejemplo en las redes sociales, con expresiones que van desde la crítica ociosa hasta argumentos con cierta lógica del tipo “ni siquiera en Siria o en Iraq, estando en guerra, los beligerantes ocultan el rostro”.
Con el tiempo cambiaron su estrategia, quizá porque cayeron en cuenta que poco o nada lograrían con las armas y se organizaron disponiéndose al diálogo. Gradualmente depusieron el paso armado para no ser considerados al margen de la ley; incluso llegaron a exigir elecciones democráticas. Una postura inteligente pues dejaron de ser perseguidos y ya no hubo, a gran escala, enfrentamientos con el ejército. No obstante, continúan cubriéndose el rostro porque sus exigencias siguen siendo legítimas, pues radican en la defensa de la autonomía de los pueblos indígenas; para eso, los acuerdos de San Andrés marcaron una pauta, aunque fueran desconocidos o ignorados por los expresidentes Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Así que sus cuestionamientos al régimen autoritario del PRIAN, al neoliberalismo y luego al capitalismo no han dejado de realizarse en estos 25 años. Sin embargo, con sus declaraciones cada vez más totalitarias, lamentablemente huelen a un grupo civil como hay tantos.
Muchos son los “comentócratas” que exigen cuentas claras respecto al posicionamiento del EZLN durante los sexenios panistas en comparación con el presente, y cuando desde la comodidad de su silla no están lanzando críticas del tipo “es contradictorio vender coca cola en las tiendas y cooperativas al interior de los Caracoles y las bases de apoyo”, también están olvidando acciones como cuando ocurrió la represión en el municipio de Atenco (a propósito del NAIM) a manos de los tres niveles de gobierno (municipal del PRD de Texcoco con Higinio Martínez, el estatal con el PRI de Enrique Peña Nieto y el federal con el PAN de Vicente Fox). Marcos precisamente estaba en Tlatelolco en un mitin como parte de la movilización de la otra campaña; desde ahí declaró en situación de alerta al EZLN y de inmediato hizo el llamado a las organizaciones adherentes a la otra campaña; declaró el cierre de las JDBG (Juntas de Buen Gobierno), y llamó a no detener la lucha pacífica hasta lograr la liberación de los pobladores encarcelados, haciendo guardia incluso en el poblado aquél durante días. De modo que, a mi parecer, los zapatistas reaccionaron de forma digna y congruente ante aquellos que diseñaron ese operativo, los que dieron la orden y lo siguieron en tiempo real, los que dirigieron a los perpetradores materiales (Policía Federal Preventiva), los que guardaron silencio cómplice, los que aplaudieron la mano dura del gobernador, y los que a la fecha se preguntan por el lugar que tomaron en ese escenario.
Causan escozor, insisto, las afirmaciones temerarias de algunos fanáticos-seguidores de AMLO, que sin proponérselo, parecen seguir un guión chafa de guerra contrainsurgente. Es cierto, muchos piden acciones concretas, no comunicados, pero Chiapas no está a la vuelta de la esquina. “Los comunicados son como llamados a misa” leí, y recordé que cuando surgió el movimiento YoSoy132, la gente prácticamente pedía que los jóvenes dieran su vida por México. Si bien es cierto que la injusticia o la desigualdad se combaten no sólo con posturas o comunicados sino con acciones concretas, también es el colmo argüir que el EZLN nunca se pronunció por la CNTE o por Ayotzinapa (cuando lo han hecho, además de haber organizado caravanas por los desplazamientos forzados, por cierto, reprimidos de Manuel Velasco, a quien incluso boicotearon sus informes de gobierno). Parece que muchos de los que exigen “acciones”, quieren el extremo de ver más sangre derramada, desaparecidos, presos políticos. De ser así, entonces sí estamos fuera de canal.
Hagamos un poco de historia. El EZLN impulsó el apoyo de millones de personas en México y en el mundo que se movilizaron primero a favor de la paz en Chiapas; luego en defensa de los derechos y cultura indígenas y posteriormente en apoyo a la constitución de toda una red de organizaciones y grupos que a la fecha se manifiestan a favor de la autonomía y la justicia social no sólo en México, sino muchos lugares del mundo. Al inicio, Carlos Salinas de Gortari respondió con acciones militares y graves masacres contra las comunidades. Ernesto Zedillo lanzó lo que se conoce como una guerra de contrainsurgencia para erosionar el apoyo comunitario al EZLN, y las violaciones a los derechos humanos fueron escandalosas. Sin embargo, la enorme movilización nacional e internacional que empezaba a gestarse, obligó al zedillismo a sentarse a la mesa de negociación en 1995-1996. De ahí emergieron los llamados acuerdos de San Andrés, donde se plantearon las demandas zapatistas, cuyo centro es la autonomía indígena. Zedillo desconocería dichos acuerdos y lanzaría su guerra de baja intensidad contra las comunidades: detenciones arbitrarias, acusaciones, desapariciones y masacres fue el resultado. Entonces se creó toda una larga historia de resistencia en los municipios para impedir la militarización. Eso abrió la puerta de par en par hacia el reconocimiento masivo, principalmente porque su resistencia pacífica asombró al mundo a partir del uso de la palabra, no las armas, y entonces las caravanas fueron expansivas, los conciertos de ayuda masivos con muchos grupos de rock, metal, ska, o reggae de la época, no sólo nacionales, hacían sentir la presencia del “ya basta” en sus canciones; incluso en algunos programas de radio se le daba seguimiento al movimiento. Este auge permitió al EZLN pasar a una etapa de lucha por el reconocimiento de los acuerdos de San Andrés; entonces realizaron una movilización nacional en 1997, una consulta nacional en 1999, donde votamos más de 3 millones (por cierto, ¿esa consulta fue o no fue legitima como ahora acusan a la que se llevó a cabo sobre los proyectos en boga?), para culminar en su movilización a la Ciudad de México con la Marcha del color de la tierra, en 2001. El gobierno respondió como sabía hacerlo, aprobando una ley que no reconocía cabalmente la autonomía indígena. Ellos decidieron construirla en los hechos a pesar de no estar reconocida por muchos sectores de gobierno. Surgieron así las llamadas JDBG en agosto del 2003. En junio de 2005 lanzaron una nueva propuesta a través de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, llamando a los pueblos de México y del mundo a organizarse en torno de un programa de lucha para resistir y crear “un mundo donde quepan otros los mundos”. Así es como abrieron la posibilidad de pensar en términos de conciencia política para muchos jóvenes, generaron el precedente de las reuniones antiglobalización de los foros sociales mundiales que después se replicarían en otros lugares, pero los primeros encuentros de ese tipo fueron los intergalácticos que se hacían en Chiapas.
Tan es cierto que los zapatistas han jugado un papel social y cultural muy importante, como que yo no comparto la posición que tienen al decir que el nuevo gobierno es lo mismo que el PRI y el PAN. Me parece el colmo de la caricaturización, es como si con ellos (y con otros movimientos) sea estar con el cuetero: “si truena, malo, si no truena, también”. De cualquier manera esto no es nuevo, sólo que es más evidente, quizá por el papel de “lleva y trae” que tienen las redes sociales en nuestras vidas.
Las JDBG representan la materialización del autogobierno para miles de indígenas, tanto que en otros países se han planteado como alternativa justa para ser replicadas. A partir de la expresión “mandar obedeciendo”, constituyeron sus formas de rotación, mando, justicia y dirección colectiva desde abajo, haciéndose acompañar por todo un proceso de organización en los rubros de salud y educación. Entonces ellos mismos pasaron a ser los promotores de muchos temas en sus comunidades de origen. La reproducción del conocimiento se estaba echando en marcha con el objetivo de aprender para prevenir el analfabetismo y las enfermedades comunes principalmente. Entonces, cuando muchos se preguntan tonta y tercamente sobre dónde estaban ellos cuando Fox y Calderón deshicieron el país con impunidad y corrupción. Es dable insistir en que estaban construyendo su autonomía. Poca cosa, ¿verdad? Y bueno, atestiguar la experiencia dista mucho de sólo conocerla de oídas y leídas en aras de hacer escándalo al respecto. Lo anterior quiere decir una cosa: estés o no de acuerdo con el zapatismo, no significa que en muchos espacios con trascendencia internacional no sea reconocido como el movimiento indígena más importante del continente y como uno de los proyectos autónomos más avanzados en el mundo, y como tal, se quiera o no, son parte integral de este país. Me atrevo a decir que el anhelado cambio no vendrá sin ellos, porque el Estado debería establecerse a partir de una nueva relación con esos pueblos. Si bien ya sentó un precedente inédito con la petición de disculpas de parte del monarca español a los pueblos originarios, hace falta el llamado a la reconciliación.









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