Fabiola Morales Gasca
Amaba tanto su oficio que tallaba las palabras de sus escritos con la delicadeza de un experto en finas maderas. Llegó a ser tan excelso su arte que todos sus escritos terminaban en hojas luminosas y blancas en forma de suspiros. A unas calles del Sena, los suspiros eran vahos perlados posándose como flores en los árboles más secos de París.









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