Omar M. Gallardo
Mi abuelo, al tomar el café, me
hablaba de Juárez y de Porfirio,
los suaves y los plateados.
Y el mantel olía a pólvora.
Mi padre, al tomar la copa,
me hablaba de Zapata y Villa,
Soto y Gama y los Flores Magón.
Y el mantel olía a pólvora.
Yo me quedo callado
¿de quién podría hablar?
Octavio Paz, “Canción mexicana”
La última estrofa de “Canción mexicana”, célebre poema de Paz, cierra con esta pregunta. En lo que sigue intentaré, desde los ensayos de Paz sobre el tema de la Revolución mexicana, una respuesta tentativa.
En el poema citado, Paz se refiere a la participación de su abuelo y padre en la vida política de México. El primero como colaborador y crítico tardío del régimen de Porfirio Díaz. Su padre, como colaborador de Zapata durante la Revolución mexicana. Frente a sendas experiencias, Paz no tiene nada comparable que contar; pues a diferencia de ambos, él no fue consejero de próceres. Su participación en la vida política de México fue modesta. Su trinchera siempre fue la literatura; su mejor arma, en todo caso, la palabra. Por eso, con justicia y honradez, Paz se pregunta: “¿de quién podría hablar?”.
A diferencia de sus ancestros, Paz habló y escribió de México: la fascinante historia precolombina, sus escritores, sus artistas, la historia cultural; en fin, México fue uno de los grandes temas de Paz y, seguramente, uno de los que más lo apasionaron.
Muy poco se ha escrito sobre la visión de Paz respecto a la Revolución mexicana. Muchos lectores, sobre todo aquellos que se han concentrado en estudiar su obra, no se han ocupado sistemáticamente del tema. En mi opinión, la visión de Paz sobre la Revolución mexicana es una deuda que tenemos pendiente. Respecto a este tema, Paz no se quedó callado y pudo escribir prolijamente. México fue una obsesión, en el sentido literal de la palabra; pues como ha escrito Enrique Krauze, “Paz vivió la historia de México con pasión autobiográfica” (Krauze, Octavio Paz. El poeta y la Revolución, 2014).
De quién habló Paz cuando escribió de la Revolución mexicana sino de su propia vida engarzada con este hecho. También habló del hombre en su circunstancia mexicana: del ser humano que en los albores del siglo XX vivió una desazón cultural insalvable; tensión impuesta por la difícil asimilación de la modernidad occidental en tierras hispanoamericanas.
Lo primero que hay que decir es que el presente ensayo se nutre de dos cenotes, si no consustanciales, sí complementarios: literatura y política. Incluso podría decir que la primera sirve de reactivo para conocer la segunda. De la obra de Paz extraigo la concepción del vocablo poética recogida en El arco y la lira, libro que para Harold Bloom representa una de las mejores obras de teoría literaria en lengua española. La política, en cambio, sirve de trasfondo para validar la pertinencia y operatividad de la poética paciana en la configuración de su imagen sobre la Revolución mexicana.
En la obra ensayística de Paz, sobre todo en los textos donde aborda temas políticos, se conjugan y resuenan dos voces: el pensamiento intelectual y la intuición poética. Las consideraciones políticas de Paz llevan la impronta del romanticismo, el liberalismo y el socialismo (Y. Grenier, Del arte a la política. Octavio Paz y la búsqueda de la libertad, 2004). En este sentido, su discurrir es, si la palabra cabe, arbitrario. Pero ¿en qué medida se transparenta la concepción romántica de nuestro autor cuando piensa la Revolución mexicana?
Octavio Paz es un pensador universal, crítico y creativo. Sus intereses fueron muchos y complementarios: una visión de conjunto disipada en temas políticos, sociales, económicos, internacionales, literarios, en fin, culturales. En esto reside, tal vez, lo sublime de su obra: un poeta que llevó sus cavilaciones al campo de lo político. De ahí que algún sector de académicos e intelectuales no comprenda las múltiples facetas y dimensiones de su obra. La gracia fuera poca si su obra ensayística hubiera prescindido de la sensibilidad poética que lo distingue; es decir, que hubiera escrito en términos puramente intelectuales de los fenómenos políticos que lo exaltaron. Con razón David A. Brading tituló a su libro sobre Paz: Octavio Paz y la poética de la historia mexicana, con lo cual dejó claro que la historia de México escrita por Paz es la interpretación de un poeta, cuyos juicios no son idénticos a los del historiador profesional. El perfil literario se sobrepone al perfil intelectual, parece decirnos Brading con este sugerente título. El mismo Paz, en su discurso de recepción del premio Alexis de Tocqueville, dijo:
“Quise ser poeta y nada más […]. Pronto descubrí que la defensa de la poesía, menospreciada en nuestro siglo, era indispensable de la defensa de la libertad. De allí mi interés apasionado por los asuntos políticos y sociales que han agitado a nuestro tiempo” (Paz, Sueño en libertad. Escritos políticos, 2001).
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Fragmento del libro Octavio Paz sin concesiones – Quince miradas críticas, coordinado por G. Molina Carrillo, C. Cansino y el autor (BUAP / Ed. Mariel, México, 2016).









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