Mariela Arrazola Bonilla
@MarielaArrazola
Hace unas semanas el senador Javier Lozano adquirió una nueva responsabilidad. No, no se trata de ser vocero en la campaña de Meade, además de eso preside ahora la Comisión de Cultura de la Cámara de Senadores.
Si bien es licenciado en derecho, presume en su formación académica tener estudios en piano y declamación. Incluso se menciona que ha fungido como promotor y consultor cultural, así como para que no sea causa de extrañeza su nombramiento. No obstante, no es la única persona que siente gran afinidad por la cultura, y una cosa es tener estudios de piano y otra bien distinta es contar con una cédula profesional que lo faculte en políticas culturales. Pero bueno… hasta ahí se entiende la cosa.
Lo que me llama la atención es que, en la página de dicha comisión, el senador menciona en varias ocasiones que la cultura es libertad de expresión: “A través de ella se abre camino la libre expresión…”, “… la libertad de expresión se traduce en un incentivo a la libertad creativa; la no discriminación es el respeto a cualquier manifestación y lenguaje del que se valgan los creadores y difusores de las artes y la diversidad es el espacio de interrelación y participación de los distintos mundos de vida de una sociedad caracterizada por la diversidad y multiplicidad”.
Contrario a tales convicciones, no hace mucho el senador encabezó una pelea en Twitter con Gael García Bernal y Diego Luna. Su ira estalló cuando García Bernal lo comparó con Donald Trump y criticó su ortografía (en el marco de la aprobación de la Ley de Seguridad Interior), a lo que el senador, sí, el mismo que concibe a la cultura como una vía para la libertad de expresión, con una simple frase (“Me encantan tus películas. Dedícate a eso Teacher”) mandó callar al actor y además menospreció sus comentarios políticos por venir de alguien del ámbito de la cultura. Vaya tipo, ¿no?
En verdad da lástima y pena que las decisiones en materia cultural de nuestro país estén en manos de una persona que previamente ha descalificado a gente del sector cultural por emitir comentarios políticos.
El único consuelo es que el cargo no es eterno.









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