Edmond Jabès
Ningún libro está rematado. ¿Tres veces he rehecho yo el mío? El sol se rodea de noche de estrellas
y por la mañana de seres de plumas cuyo recuerdo conservamos.
Leer el centelleo de los astros del sueño, el aleteo y el rapto del pájaro, folio tras folio, ¿no es
reconocer a la escritura la facultad suprema, que ostenta prioritariamente la muerte, de
transformar el mundo, de legitimar la imagen del universo en sus múltiples e incognoscibles
cambios?
Prestigiosa carrera de la muerte. ¿Presencié sus comienzos? La muerte celebra la muerte fastuosa
o comedidamente.
Toda marcha es premeditada; toda superación está provista de antenas. El muelle une la aguja a
los doce labelos de la esfera.
La corona está entre nuestros dedos. La cifra franquea el eco.









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