Ezra Pound
¡Ciudad mía, mi amor, blanca mía! ¡Ah, esbelta,
óyeme! Óyeme y un alma te infundirá mi soplo,
suavemente en el caramillo, ¡escúchame!
Ahora sí que estoy completamente loco
porque hay aquí un millón de personas que se agitan furiosas.
No es ésta una doncella.
Ni podría tocar, si lo tuviera, un caramillo.
Ciudad mía, mi amada,
Eras una doncella todavía sin pechos,
esbelta como un caramillo de plata.
¡Óyeme, escúchame!
y un alma con mi soplo te daré
y vivirás eternamente.









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