Jorge Escamilla Udave
En tiempos de Franz Kafka las sociedades “civilizadas” recreaban un supuesto poderío sobre las comunidades humanas consideradas “atrasadas”, las cuales eran exhibidas en circos ambulantes, haciendo de lo extraño sinónimo de exótico. De esta forma era etiquetado todo lo considerado abominable y repulsivo dentro de la naturaleza. Estas muestras únicamente lograron revelar el horrorizado pensamiento que pretendía negar toda posibilidad del retorno a un estado primigenio e inaugurar la paradoja que demostraba que la civilización no erradica la barbarie.
El texto kafkiano “Un informe a la academia” sigue teniendo una asombrosa actualidad, muy a pesar de que las sociedades científicas han desaparecido en nuestro tiempo, pues todavía es relevante el tema de las otredades. El leitmotiv de su relato es revelarnos con enorme crudeza la necesidad que tiene el mundo civilizado de fundamentar sobre postulados científicos un supuesto poder civilizatorio sobre todo aquel pensamiento que tilda de “atrasado”, al seguir arraigado en los miedos ancestrales.
A nuestro juicio, Franz Kafka coloca el dedo en la llaga, al resumir que todo se debe a que el hombre es un mono evolucionado, y que toda revolución del pensamiento civilizatorio tendría que sustentarse en un proceso de mutación, es decir, que la emergencia del cambio sería operada directamente en un donador potencial, pero que las transformaciones se gestarían en la progenie en la que operarían los cambios definitivos a través de acontecimientos precisos.
En nuestra propuesta escénica sostenemos que la paradoja kafkiana postula entonces un cambio generado a partir de la mutación, y que en la época del autor sólo podía ser legitimado en el ritual que se ofrecía a los “gurús de la ciencia”, es decir, a través de un informe para la academia, con el que surge la nueva fe científica, fundamentada en la fórmula tamizada para analizar y juzgar, desde la óptica moderna y civilizada, a las sociedades humanas que considera arcaicas.
Basta recordar que los gabinetes de ciencia otorgaban apoyos financieros para realizar exploraciones de un mundo desconocido. Esto sucedía con los últimos estertores del poder de expansión colonialista, cuya razón civilizatoria se mantenía en la sujeción y explotación del otro. Esa es la base cultural en que se enmarca el origen de su cuento, siendo los últimos tiempos de existencia de este esquema de explorar lo que restaba por descubrir de los secretos ocultos que todavía tenía el mundo.
Es así que “El informe para una academia” se convierte en el referente de un tiempo en el que todo giraba alrededor de las novedades que ofrecían esas sociedades científicas, regularmente adosadas con historias de mundos fantásticos alrededor de civilizaciones primitivas, sumidas en sus propias tinieblas, y que eran expuestas como eslabones de un mundo olvidado, a las que llegaba la salvación, iluminadas por la luz de la ciencia.
Lo gracioso de su tratamiento se centra en el hecho de otorgar voz y opinión humana a un mono, y sobre todo al concederle el honor de ofrecer un informe memorioso de su vida, de los cinco años recientes, después de haber encontrado la única salida posible y no confundirla nunca con la libertad con la que vive engañado el hombre, y así evitar morir de tristeza confinado en una jaula del zoológico. La trama resulta, entonces, una ingeniosa e imaginativa forma de reírse de las normas científicas, sentenciando que “el mono que se viste de seda, humano se queda”.
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Introito a la versión escénica del cuento de Franz Kafka “Informe para una academia”. Dirección y actuación: Jorge Escamilla Udave. Compañía: Mitos-Teatro. Presentaciones: Centro Cultural ConstruArte, 2 Oriente 811, Centro Histórico. Funciones: Miércoles 20:30.










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