Valeria Guzmán Pérez
1
Mi abuelo se sentaba en la misma banca del parque. Su mirada buscaba los restos del sol en el ocaso. Paciente, desmoronaba pan para echarlo a las palomas que de inmediato se congregaban a su alrededor. A veces, alguna permitía que le acariciase las plumas. Aterrizaban con ligereza pero batían las alas ruidosas hacia el campanario donde se acurrucaban.
Después vendría el silencio.
2
Tomada de las manos de mi abuela aprendí
el ritmo de las uvas,
el estallido de la redondez en los dedos
la métrica de los pies separados.
Descalza y ligera
mi infancia se escurrió en el lagar.
En este anochecer
abro una botella de Saperavi
y su aroma me devuelve al mosto
a los blancos pies de la primera danza.
——
* De Anamnesis.
** La poeta ecuatoriana reside en Puebla desde hace trece años y fue distinguida con el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2019 con el poemario Ofidias.









No Comments