Filippo Tomasso Marinetti
Hace un año, respondía yo a una encuesta del Gil Blas denunciando los venenos reblandecedores del tango. Este bamboleo epidérmico que se extiende paulatinamente por el mundo entero, y amenaza con corromper todas las razas, gelatinizándolas. Nos vemos por ello obligados, una vez más, a lanzarnos contra la imbecilidad de la moda y a descarriar la corriente borreguil del esnobismo.
Monotonía de ancas románticas, entre el centelleo de miradas y puñales españoles de De Musset, Hugo y Gautier. Industrialización de Baudelaire, Fleurs du mal ondeantes en las tabernas de Jean Lorrain, para voyeurs impotentes a lo Huysmans y para invertidos a lo Oscar Wilde. Postreros esfuerzos maniacos de un romanticismo sentimental decadente y paralítico hacia la Mujer Fatal de cartónpiedra.
Envaramiento de los tangos ingleses y alemanes, deseos y espasmos mecánicos de huesos y fracs incapaces de exteriorizar su sensibilidad. Plagio de los tangos parisinos e italianos, parejas-molusco, felinidad de la raza argentina estúpidamente domesticada, morfinizada y empolvada.
Poseer a una mujer, no es restregarse contra ella, sino penetrarla.
—¡Bárbaro!
¿Una rodilla entre los muslos? ¡Adelante! ¡Hay que meter las dos!
—¡Bárbaro!
Pues bien, sí, ¡bárbaros somos! Abajo el tango y sus cadenciosos deliquios. ¿Os parece, pues, muy divertido estaros mirando el uno al otro la boca y curaros los dientes estáticamente el uno al otro, como dos dentistas alucinados? ¿Arrancar?… ¿Empastar?… ¿Os parece, pues, muy divertido doblegaros el uno al otro con desespero, a fin de desembotellaros el espasmo recíprocamente, sin jamás conseguirlo?… ¿o bien quedaros contemplando la punta de vuestros zapatos, igual que zapateros hipnotizados? ¿Alma mía, calzas el 35?… ¡Qué bien calzada vais, sueño mío!… ¡También túúúúúú…
Tristán e Isolda que retardan su espasmo para excitar al rey Marco. Cuentagotas del amor. Miniatura de las angustias sexuales. Azúcar hilado del deseo. Lujuria al aire libre. Delirium tremens. Manos y pies de alcoholizados. Mímica del coito por cinematógrafo. Vals masturbatorio. ¡Puaf! ¡Abajo la diplomacia de las pieles! ¡Viva la brutalidad de una posesión violenta y la intensa furia de una danza muscular exaltante y fortificadora!
Tango, balanceo y cabeceo de veleros que han arrojado el áncora en las profundidades abisales del cretinismo. Tango, tango, balanceo de hacer vomitar. Tango, ¡lentos, pacientes funerales del sexo difunto! ¡Oh! ¡No se trata ciertamente de religión, de moral, ni de pudor! ¡Tales palabras carecen de sentido para nosotros! ¡Nosotros gritamos Abajo el tango en nombre de la Salud, la Fuerza, la Voluntad y la Virilidad!
Si el tango es un mal, peor aún es Parsifal, pues inocula en los danzantes vacilantes de tedio y languidez una incurable neurastenia musical.
¿Cómo evitaremos Parsifal, con sus chaparrones, sus cenagales, sus inundaciones de místicas lágrimas? ¡Parsifal es la desvalorización sistemática de la vida! Fábrica cooperativa de tristeza y desesperos. Estiramientos nada melodiosos de estómagos débiles. Mala digestión y aliento pesado de vírgenes cuarentonas. Plañidos de viejos curas adiposos y catarrosos. Venta al por mayor y al menudeo de remordimientos y de elegantes vilezas para snobs. Insuficiencia de sangre, debilidad renal, histerismo, anemia y clorosis. Genuflexiones, afeamiento y aplastamiento del Hombre. Arrastrarse ridículo de notas rendidas y heridas. Resoplar de órganos ebrios y recostados en el vómito de leit-motivs amargos. Lágrimas y perlas falsas de María Magdalena en decolleté, en el Maxim’s. Purulencia polifónica de la úlcera de Amfortas. Somnolencia lacrimosa de los Caballeros del Graal. Satanismo ridículo de Kundry… ¡Passatismo! ¡Passatismo!…* ¡Basta!
Reyes y reinas del esnobismo, ¡sabed que nos debéis entera obediencia a nosotros, futuristas, innovadores vivos! ¡Dejad, pues, a la libídine bestial del público el cadáver de Wagner, innovador de cincuenta años atrás, cuya obra se ha visto superada por Debussy, por Strauss y por nuestro gran futurista Pratella, y no significa ya nada! Vosotros habéis contribuido a defenderlo cuando lo necesitaba. Ahora nosotros os enseñaremos a amar y defender todo lo que está vivo, oh queridos esclavos y borregos del esnobismo.
Olvidáis, por otro lado, que este último argumento, el único convincente para vosotros: amar a Wagner hoy y a su Parsifal, que se representa por doquier y sobre todo en provincias… dar actualmente tés-tango, como todos los burgueses de mundo que se precien, ¡vamos!, ¡YA NO ES MÁS CHIC!
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Texto completo de este manifiesto futurista distribuido en una hoja volante con fecha 11 de enero de 1914, reproducido de una nota de Leonardo Sciascia en su libro 1912+1. Tusquets México, 2001. Traducción de José Ramón Monreal.
* Se denominaba así a toda tendencia que quisiese reinstaurar el pasado. Fue una palabra acuñada por los futuristas para indicar las antiguallas, todo lo viejo de que se quería liberar al arte. (N. del T.)









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