Roberto Martínez Garcilazo
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Llegar a la poesía de Luis Roberto Vera es un momento crucial para el lector ilustrado y sensible, es una de las experiencias intelectuales más trascendentes en la vida de cualquier hombre cultivado. Sus libros son conjuntos de páginas deslumbrantes. Su obra poética es una esfera constituida por distintas capas de significación, tal como lo es la Tierra con sus propias capas tectónicas.
Ésta es una analogía feliz porque la poesía de Vera (la poesía de verdad), al igual que nuestro esferoide habitáculo, es un astro que gira alrededor de un sol y forma parte de un sistema astral que su vez está integrado a otro de mayor dimensión: la tradición clásica grecorromana. De manera que, al leer a Vera, estamos frente al espectáculo —la contemplación— de una espiral que asciende o desciende —según sea nuestro punto de vista— y que nace y tiende hacia el vacío.
El vacío y la espiral es el nombre del bello volumen que reúne la obra poética, del periodo que va del 1968 al 2004, de Luis Roberto Vera. Es una coedición de Verdehalago y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla publicada en el año 2005. Este volumen de 512 páginas está constituido por los siguientes poemarios: La sombra en la ola (1968-1969), Sinopia (1979-1982), Maculatura (1984-1987), Humo espejeante (1989) y Frente al silencio (1993-2003). Además, contiene dos ilustraciones: en la portada la reproducción de una muestra de la caligrafía del profesor Chu Yung-shou, tinta china sobre papel, 1975; y en la portadilla la fotografía de un dibujo de Vicente Rojo, Falsa espiral para Luis Roberto Vera, 2002.
La primera solapa del libro El vacío y la espiral contiene el siguiente texto: “Luis Roberto Vera es poeta, traductor e historiador del arte. Nació en Chile pero reside en México desde 1972. Es profesor e investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha publicado poesía y ensayos sobre arte en El zaguán, Sábado (suplemento cultural del periódico Unomásuno), Vuelta, y la ‘revista de la Universidad de México’. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.”
A lo anterior debemos agregar que en el año 2005 y en el 2016 se publicaron sendas antologías en alemán y español donde se ubica a Luis Roberto Vera junto a otros treinta poetas que el antologador Mario Markus, un científico del Max Planck Institute de Alemania, recopiló para ofrecer su selección de los poetas más relevantes en Chile durante el siglo XX. En estas antologías, Vera aparece junto a Huidobro, Mistral, Neruda, Rojas, Parra, Lihn y Zurita, entre otros.
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En la Ilíada, en la rapsodia 8 nombrada “Odiseo agasajado por los feacios”, podemos leer el siguiente pasaje:
Así habló y los condujo y ellos les siguieron.
El heraldo colgó del clavo la sonora cítara y
tomó de la mano a Demódoco; lo sacó del
mégaron y lo conducía por el mismo camino
que llevaban los mejores de los feacios para
admirar los juegos. Se pusieron en camino
para ir al ágora y los seguía una gran
multitud, miles. Y se pusieron en pie muchos
y vigorosos jóvenes, se levantó Acroneo, y
Ocíalo, y Elatreo, y Nauteo, y Primneo, y
Anquíalo, y Eretmeo, y Ponteo, y Poreo, y
Toón, y Anabesineo, y Anfíalo, éste último
hijo de Polineo Tectónida.
De los jóvenes atletas que menciona el poeta Homero, rescatemos a Anfíalo, “por ser el que más sobresalía en cuerpo y hermosura de todos los feacios y, en la prueba del salto, el mejor”.
Tengamos en mente esta descripción y vayamos a la cuarta de forros de “El vacío y la espiral”. Hallaremos este poema:
Anfíalo bajo la lluvia
Platinado de agua
el cuerpo suave del adolescente
en la lluvia
su mano tensa
el caduceo trenzado
de gruesas serpientes azuladas
su izquierda rígida
palpa las líneas del muslo
en la ciega búsqueda
de sí mismo.
En las fábulas mitológicas el caduceo es portado algunas veces por Apolo y otras por Hermes. Luego entonces, en el poema de Luis Roberto Vera, Anfíalo es una advocación de aquellos dioses. Cierto, es una representación de la belleza de la juventud, pero también de la poesía y del conocimiento. Como Hermes, Anfíalo es un mensajero de la divinidad, es el ángel terrible de la fugacidad de la belleza.
De acuerdo a lo escrito por José de Urcullu, en su Catecismo de Mitología (1825), los atributos del portador del caduceo son la belleza, la gracia, la poesía, la música y la elocuencia. El que lo empuña es el dios del día.
Cuando Luis Roberto Vera elige a Anfíalo como estandarte de su obra poética realiza una elección estética que deviene hedonística: el poeta es Odiseo recibiendo el homenaje de los feacios.
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Foto: Miguel Ángel Martínez Barradas.









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